1-Dar las clases sin hablar. 2-Leer, escribir, reflexionar, conversar. 3-No pensar en los resultados, concentrarse en el proceso. 4-Resignificar la evaluación. 5-Amar a sus estudiantes.
La evaluación siempre es cualitativa. En cambio la calificación siempre es cuantitativa, aunque se haga con letras. Evaluar es valorar. Calificar es excluir. Las rúbricas con escalas no permiten evaluar, son excluyentes.
El maestro debe entusiasmar a sus estudiantes, inspirarlos, estimular su deseo de aprender. Debe potenciar su pensamiento crítico, reflexivo y creativo.
Lo más importante no es la asignatura y el contenido de la misma, sino el estudiante, su personalidad, necesidades e intereses. El maestro debe amar a sus estudiantes, respetarlos y guiarlos en su proceso de aprendizaje.
Lo que observamos no es lo que hay. Vemos mal afuera porque estamos mal adentro. Debes hacer una revolución emocional interna. Nunca olvides lo que estás haciendo. Practica las transiciones vitales para transitar de la turbulencia a la paz constante.
Nuestra mente humana difusa genera pensamientos nocivos que nos causan sufrimiento. Para vivir en paz y tranquilidad debemos disolver la mente y disipar los pensamientos. Ponle atención a tu eco. Si deseas ser feliz, deja de pensar tanto.
Sin afectos no se aprende. Enseñar no es trasmitir conocimientos. Enseñar es dejar aprender. Educar es amar y conversar. El amor educa. Conversar educa.
Se describen cinco estrategias pedagógicas de Jesús: diálogo, drama, comunicación conflictiva, comunicación vivencial y comunicación orientada al ser humano.
La educación del siglo XXI debe ser redentora, reconciliadora y pacificadora. Aquí presento el decálogo de la Pedagogía de Jesús (exigencias didácticas del aprendizaje divino)