El Papa ha pedido que en todas las misas se hable de José, que le dio el apellido y por tanto la dimensión institucional y política a Jesús en la familia de Nazaret.
Europa ya es un continente viejo; está inmersa en un invierno demográfico sin precedentes. Cada vez nacen menos niños; el índice de fecundidad es de 1,3 (lejos del 2,1), El aborto es la principal causa de mortalidad; más de 8.000 abortos diarios en nuestro continente. Desplome de la nupcialidad. Aumento de las rupturas familiares. Aumento de la natalidad extramatrimonial.
Mala conciliación de vida laboral y vida familiar; Paro, precariedad crecientes. Hogares cada vez más vacíos. Una media de 2,4 miembros por hogar en Europa; en algunos países como Italia, Dinamarca, Finlandia o Suecia 2 miembros por hogar. El 25% son ya hogares unipersonales (más de 55 millones los europeos que viven solos. 2 de cada 3 hogares en Europa no tiene ningún hijo y tan solo el 17% de los hogares tienen 2 ó más hijos.
A pesar de ello la familia sigue siendo la institución más valorada, por encima del trabajo, el dinero y los amigos. Sigue siendo un colchón de amortiguamiento ante las crisis o adversidades. La familia es la raíz, la conexión política con el pasado y el futuro.
La familia es un bien singular para la sociedad por su misma existencia y por el desarrollo de los bienes que la conforman en su interior. En ella se gestan el primer respeto a la dignidad de la persona y sus derechos empezando por el derecho a nacer y terminando en la dignificación del momento de la muerte. No es un mero producto cultural que el Estado puede conformar a su voluntad, sino una institución natural anterior a cualquier otra comunidad, incluida la del Estado.
El matrimonio y la familia son un bien social de primer orden. De hecho, el bien de la sociedad está profundamente vinculado al bien de la familia. Es por ello que la familia es un bien social para proteger la justicia.
La familia es, en definitiva, mucho más que una unidad jurídica, social y económica. Es, ante todo, una comunidad de amor y de solidaridad, insustituible para la enseñanza y transmisión de los valores (culturales, éticos, sociales, espirituales) esenciales para el desarrollo y bienestar de sus propios miembros y de la sociedad.
Tenemos que convertir a la familia en una prioridad política, en un motor, en un agente político, en una escuela de formación política. Porque decir que ‘la familia es una célula de la sociedad’ puede significar dos cosas que es una mera muestra de la sociedad que tenemos o que es un germen de la sociedad que queremos. En nuestras manos que sea una cosa o la otra.