Audio Devocional "Crezcamos de Fe en Fe" - Ministerios Kenneth Copeland

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Audio Devocional "Crezcamos de Fe en Fe" - Ministerios Kenneth Copeland episodes

  • Pon la Palabra en práctica
    «A cualquiera que me oye estas palabras, y las pone en práctica, lo compararé a un hombre prudente, que edificó su casa sobre la roca» (Mateo 7:24)

    Si quieres que tus obras sean bendecidas, si deseas ver resultados sobrenaturales en tu vida, deberás hacer algo más que simplemente leer la Palabra de Dios. Tendrás que ponerla en práctica.

    Eso fue lo que yo hice. Años atrás, cuando descubrí que Dios era quien tenía la respuesta a todos mis problemas, quién podía suplir todas mis necesidades, me comprometí a obedecer todo lo que se encuentra en Su Palabra. Tomé la firme determinación de actuar con fe en respuesta a todo mandamiento que encontrara en ella.

    Por ejemplo, cuando entendí que la Palabra de Dios me instruye a diezmar, Gloria y yo ya estábamos tratando de que el poco dinero que teníamos rindiera al máximo. ¡Estábamos endeudados hasta la coronilla! Era difícil darnos el lujo de dar el diez por ciento de nuestros ingresos. Pero, de todas maneras, lo hicimos. Decidimos caminar por fe y nos mantuvimos firmes en la decisión de cumplir cada mandato que veíamos en la Palabra. En poco tiempo comenzamos a observar un incremento financiero. Y desde ese entonces nuestras finanzas se han estado incrementando.

    Continúa leyendo y estudiando la Biblia. Escucha audios de enseñanzas, asiste a la iglesia y escucha la predicación de la Palabra. Pero no te detengas ahí; da un paso muy importante: ¡pon en práctica la Palabra que has escuchado y aprendido!

    Lectura bíblica: Mateo 7:17-27

    © 1997 – 2019 Eagle Mountain International Church Inc., también conocida como Ministerios Kenneth Copeland / Kenneth Copeland Ministries. Todos los derechos reservados.

    6 min
  • Tómate el tiempo para escuchar
    «Si alguno de ustedes requiere de sabiduría, pídasela a Dios, y él se la dará, pues Dios se la da a todos en abundancia y sin hacer ningún reproche» (Santiago 1:5)

    Cuando enfrentes un problema, la primera cosa que debes pedirle a Dios, es sabiduría. No le pidas dinero. Ni poder. Ni siquiera sanidad. Solo pídele sabiduría.

    La sabiduría de Dios es la llave que abrirá toda puerta de tu vida y convertirá todo fracaso en éxito. Por lo tanto, deja de desperdiciar el poder de la oración pidiendo las cosas que crees que necesitas y mejor invierte más tiempo escuchando lo que Dios tiene que decirte con respecto a la situación que estás atravesando.

    Si nunca has puesto eso en práctica, necesitas hacer lo siguiente:

    En primer lugar, preséntale todo el problema al Señor; no porque Él no sepa lo que está sucediendo, sino porque hacerlo te ayudará a ver las cosas desde un punto de vista más objetivo.

    Recuerdo cuando acostumbraba contarle mis problemas a mi padre, A. W. Copeland. Por alguna razón inexplicable, mientras se los contaba, yo empezaba a verlos desde otra perspectiva. Mi perspectiva hacia ellos cambiaba, y mi padre me hacía ver cosas que yo no había tomado en cuenta. Lo mismo te sucederá si le cuentas a Dios tus problemas punto por punto.

    En segundo lugar, presta atención al consejo del Espíritu de Dios. Presta atención a lo que Él tenga que decirte por medio de la Palabra. Es muy posible que tu preocupación haya ahogado la Palabra de Dios en tu corazón (Marcos 4:18-19). Si es así, necesitas tomar la Biblia y volver a llenarte de la Palabra, con el fin de que el Espíritu Santo pueda hablarte por medio de ella.

    Cuando estés escuchando al Espíritu de Dios, disponte a aprender y a aceptar la disciplina de su parte si es que la necesitas. Se muy sincero con Dios. Si te has equivocado, reconócelo, y confiesa tus faltas ante Dios. Esos pecados no serán una sorpresa para Él. Dios ya los conoce. La confesión simplemente te da la oportunidad de deshacerte de ellos.

    En tercer lugar, actúa en la sabiduría que Dios te da. Deshazte de tus propios métodos y pon los de Dios en acción. Se obediente. Si no lo haces, esa maravillosa sabiduría no te beneficiará de manera alguna.

    Al orar hoy, descarta tus propias ideas y comienza a buscar la sabiduría de Dios. Es la única cosa que puede resolver permanentemente los problemas que enfrentas. La verdad, es el regalo más precioso que Dios nos puede dar.

    ¡Busca la sabiduría!

    Lectura bíblica: Proverbios 8:10-36

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    6 min
  • Sin sorpresas
    «Pero Dios nos las reveló a nosotros por medio del Espíritu, porque el Espíritu lo examina todo, aun las profundidades de Dios» (1 Corintios 2:10)

    Dios no está lleno de sorpresas. Él no es un ser impredecible a quien le gusta que estemos adivinando qué se propone hacer. Sin embargo, muchos creyentes tienen la idea de que Él es así.

    Dicen: "Nunca se sabe lo que Dios hará". Y para decir eso, se basan en 1 Corintios 2:9, donde dice: «Las cosas que ningún ojo vio, ni ningún oído escuchó, ni han penetrado en el corazón del hombre, son las que Dios ha preparado para los que lo aman». La interpretación que muchos dan a ese pasaje es que Dios guarda secretos que no quiere dar a conocer a Su pueblo.

    Pero ¡alabado sea Dios!, así no es como Él actúa.

    De hecho, en el versículo 10 de ese mismo pasaje leemos que Él nos ha dado Su Espíritu para revelarnos esos secretos. Él quiere que sepamos todo lo que está en Su corazón. Si andas a oscuras en cuanto a la voluntad de Dios para tu vida, no debes permanecer en esa condición. Él desea que conozcas Sus planes y las cosas que ha preparado, y te los mostrará si se lo permites.

    Así que deja de tratar de adivinar. Decide hoy que comenzarás a recibir esa revelación del Espíritu Santo. Cuando leas la Palabra, ora en el Espíritu y pídele que dé a conocer la verdad de las Escrituras. Pídele que derrame Su luz sobre ellas y que te muestre exactamente cómo aplicarlas a tu vida.

    Recuerda que Dios no tiene la costumbre de guardar secretos, sino revelarlos para que los conozcamos. Tómate el tiempo para escucharlo y nunca tendrás que conformarte con una vida de incertidumbre.

    Lectura bíblica: 1 Corintios 2:1-16

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    6 min
  • ¿Puede Dios contar contigo?
    «El Señor le respondió: «¿Quién es el mayordomo fiel y prudente, al cual su señor deja a cargo de los de su casa para que los alimente a su debido tiempo?» (Lucas 12:42)

    Con frecuencia alabamos a Dios por Su fidelidad. Estamos agradecidos de que siempre podemos contar con que Él esté a nuestro favor. Pero rara vez consideramos el hecho de que Él necesita también que seamos fieles.

    Es cierto. Dios necesita gente con la que pueda contar. Él necesita administradores fieles y sabios a quienes pueda confiar Su casa. En esta hora final, Dios necesita administradores fieles para poder revelarse de forma más amplia a toda la Tierra.

    Quizás digas: "¡Oh, hermana Gloria, Dios no necesita de mí!"

    Sí, Él te necesita. Desde la época de la Creación, cuando le dio al hombre dominio sobre la Tierra, Él ha necesitado gente que trabaje con Él para que Su voluntad se cumpla aquí en la Tierra. Y en la Biblia podemos encontrar un ejemplo de esto. Cuando los hijos de Israel estaban en cautiverio en Egipto y Él quería sacarlos, buscó a un hombre, Moisés, para que hiciera el trabajo. La responsabilidad de Moisés fue extender la mano y exigir que la voluntad de Dios se hiciera en la Tierra.

    ¿Por qué escogió a Moisés? Porque necesitaba a alguien que fuera fiel y se atreviera a actuar conforme a Su Palabra. Necesitaba a alguien con quien pudiera contar, y Él sabía que Moisés era esa clase de hombre. En el Salmo 103:7 leemos: «Dio a conocer sus caminos a Moisés; los hijos de Israel vieron sus obras». Si Moisés no hubiera sido fiel en conocer los caminos de Dios, el pueblo de Israel jamás habría visto las obras de Dios.

    Dios te necesita, así como necesitó de Moisés. Él necesita que seas fiel y estés atento a las cosas espirituales. Él necesita que seas alguien en quien pueda confiar, que conozcas Su Palabra y seas obediente a ella. Dios necesita que seas un administrador que extiende su mano como Moisés lo hizo, para que Él pueda hacer señales y prodigios entre la gente.

    ¿Serás fiel? Es una decisión que sólo tú puedes tomar, nadie más podrá decidir por ti. Ahora mismo, comprométete a ser un siervo fiel y prudente. Di en tu corazón y con tu boca: "¡Dios, puedes contar conmigo!".

    Lectura bíblica: Salmos 105:23-45

    © 1997 – 2019 Eagle Mountain International Church Inc., también conocida como Ministerios Kenneth Copeland / Kenneth Copeland Ministries. Todos los derechos reservados.

    6 min
  • Entrena tu espíritu
    "La gracia nos ha entrenado a rechazar y a renunciar a toda impiedad (inmoralidad) y a todos los deseos (pasiones) mundanos; y también nos ha entrenado a vivir en forma discreta (controlada, moderada), honesta, devota (espiritualmente plenos) en este mundo" (Tito 2:11-12, AMP)

    Cuando un atleta inicia su entrenamiento, practica para mejorar sus habilidades. Repite los mismos movimientos una y otra vez hasta que puede hacerlos con toda naturalidad.

    La mayoría sabemos que esa clase de entrenamiento físico es sumamente importante para poder triunfar en lo que se esté compitiendo. Pero ¿sabías que podemos entrenarnos de esa misma forma en lo que respecta a las cosas espirituales?

    ¡Así es! Leemos en Hebreos 5:14 que podemos entrenar nuestros sentidos físicos con el fin de llegar a discernir entre el bien y el mal. Cuando te entrenas o ensayas para algo, te estás exponiendo diariamente a lo que quieres llegar a ser. Lo ensayas y lo practicas una y otra vez hasta que puedas hacerlo con toda naturalidad. Las personas perezosas se han entrenado para ser perezosas. Sin embargo, las personas disciplinadas se han entrenado para ser disciplinadas.

    Pasar tiempo con Dios es un entrenamiento espiritual. Cuando se hace con diligencia, el espíritu se fortalece y empieza a superar los malos hábitos de la carne.

    Por ejemplo, si te cuesta mucho levantarte por la mañana para pasar tiempo con Dios antes de que empiece el trajín del día, si normalmente te rindes a la carne y te quedas en la cama, entonces es necesario que comiences a practicar el hábito de levantarte temprano. Cuanto más lo practiques, más fácil te será.

    No esperes hacerlo perfectamente al principio. No te desanimes cuando falles. Lo que necesitas es entrenamiento. Levántate y vuelve a practicarlo.

    Sé un atleta espiritual. Sométete al entrenamiento y practica las cosas de Dios. Fortalece tus músculos espirituales en la comunión con Dios. Te sorprenderás al darte cuenta de que puedes llegar a ser un gran vencedor.

    Lectura bíblica: 2 Pedro 1:2-11

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    6 min
  • Atraviesa la pared
    «¡Todo lo puedo en Cristo que me fortalece!» (Filipenses 4:13)

    Estás corriendo la carrera que tienes por delante, moviéndote a toda velocidad con la bendición de Dios. De repente, ¡zas! Te estrellas contra una pared. Puede ser una pared de enfermedad o de dificultad económica, de fracaso espiritual o de problemas familiares. Sin importar que tipo de pared sea, el efecto siempre es el mismo. Te detiene por completo.

    La pregunta después del impacto es: ¿Qué harás? Te sentirás tentado a retroceder y a renunciar pero, ¡no lo hagas! Dios te capacitará para atravesar esa pared y proseguir a la meta.

    No estoy diciendo que es fácil. En realidad, es bastante difícil. Pero deberás perseverar en los tiempos difíciles si quieres progresar en la vida.

    Pregúntale a cualquier atleta y te dirá lo mismo. Si el atleta ha triunfado, sabrá de qué se trata. Él ha tenido que entrenarse y prepararse al máximo. Ha sentido que le duele el costado y también los pulmones; ha tenido calambres en las piernas y los muslos. Cuando sintió que ya no podía más, escuchó el grito del entrenador: "¡Vamos! ¡Muévete!".

    Los atletas le llaman a eso "estrellarse contra la pared". Cuando eso sucede, el cuerpo dice: "No más, es todo lo que puedo hacer. No puedo seguir. No puedo ir más rápido, me rindo".

    Pero el atleta experimentado sabe que "la pared" no es el final, sino una señal de que está a punto de alcanzar un nuevo nivel. Si se esfuerza un poco más, volverá a recobrar las energías. De repente, irá más rápido que antes, alcanzará un nivel de excelencia que no hubiera podido alcanzar de ninguna otra manera.

    Cuando te sientas en la peor condición y el fracaso esté golpeando a tu puerta, sumérgete en la Palabra de Dios. Quizás medites en un pasaje en particular por días o semanas, esperando recibir una revelación, al parecer sin éxito. Pero de pronto, como la aurora de la mañana, la luz irá en aumento hasta que el día sea perfecto. Eso quiere decir que la manera de atravesar esa pared de problemas es abriendo un agujerito en ella con tu fe y con la Palabra de Dios.

    Luego continúa perforando ese agujero. ¡No te detengas! ¡Y, muy pronto, las fuerzas de Dios irrumpirán con violencia, demoliendo todo obstáculo a su paso! Una vez que eso suceda, nunca más serás el mismo y quedarás totalmente convencido de que sólo se necesita una irrupción como ésa para convertirte en ese campeón que nunca se rinde y que nunca desfallece.

    Lectura bíblica: 1 Corintios 9:24-27

    © 1997 – 2019 Eagle Mountain International Church Inc., también conocida como Ministerios Kenneth Copeland / Kenneth Copeland Ministries. Todos los derechos reservados.

    6 min
  • Da con alegría
    "Cada uno dé como había pensado y propuesto en su corazón: no con pesar o con tristeza, o por obligación, porque Dios ama (Él se complace en premiar sobre todas las cosas, y no está dispuesto a abandonar o despreciar) al dador alegre (gozoso, 'pronto para actuar')… Y poderoso es Dios para hacer que abunde en ustedes toda gracia (cada favor y bendición terrenal)" (2 Corintios 9:7,8 AMP)

    Algunos te dirán que necesitas "dar hasta que duela". No lo creas. Dios no quiere regalos entregados con sufrimiento. ¡Él quiere regalos ofrecidos con gozo! De hecho, ésas son las únicas dádivas que a Él le agradan.

    Es por eso mismo que Dios añadió Su promesa de abundancia a Su mandato de dar con alegría. Ambos están conectados.

    La llave que abre la tesorería de Dios es una ofrenda gozosa, llena de fe y regocijo. ¿Has visto alguna vez un grupo de personas dando de esa manera? Yo lo he visto. Nunca lo olvidaré. Hace algunos años estaba en una campaña cuando el tiempo de la ofrenda se convirtió en una celebración sobrenatural y espontánea. Kenneth entonaba el canto llamado "Bread upon the water" (Pan sobre el agua), y la gente danzaba por los pasillos mientras se acercaban a ofrendar. El gozo en ese lugar fue maravilloso. Sanidades y milagros grandiosos sucedieron esa noche.

    Pero lo que más me impresionó fue la forma alegre y entusiasta en que la gente trajo sus ofrendas a Dios. La ofrenda no era extraída de ellos como cuando un dentista extrae una muela. La ofrecieron alegremente.

    El concepto de "dar hasta que duela" no proviene de Dios. Él prefiere que le des diez pesos con esa clase de regocijo que veinte con dolor. En 2 Corintios 8:11-12 (NVI), el apóstol Pablo insta a la iglesia de Corinto a dar con buena voluntad. Buena voluntad. ¡Eso es lo que Dios busca!

    Si no has dado de esa manera en el pasado, toma la firme decisión de comenzar a hacerlo. Arrepiéntete de las veces en que has dado de mala gana. Luego, pasa un tiempo especial en oración con Dios y Su Palabra, para que la próxima vez que ofrendes, lo hagas con un corazón dispuesto.

    Olvídate del "dolor" de dar. Sé un dador alegre, gozoso y dispuesto. Créeme—¡tus bendiciones abundarán!

    Lectura bíblica: 2 Corintios 9:6-15

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    6 min
  • No dejes que el diablo te engañe Gloria Copeland
    «Cuando [el diablo] habla mentira, habla de lo que le es propio; porque es mentiroso y padre de la mentira» (Juan 8:44)

    Para algunas personas es difícil creer en las promesas de Dios porque han visto muchas cosas en el mundo natural que parecen contradecirlas. Han visto diezmadores fieles irse a la quiebra. Han visto cristianos enfermos que no han recibido sanidad.

    En realidad, sería más exacto decir que piensan que han visto esas cosas. Esto sucede porque, en el mundo, hay un engañador muy activo. Un impostor que con diligencia ha estado haciendo el mismo trabajo desde el huerto de Edén: engañando a la humanidad para que crea que la Palabra de Dios es una mentira.

    Y después de maquinarlo por miles de años, lo ha perfeccionado. La próxima vez que él diablo trate de hacerte ver las cosas como si la Palabra de Dios no fuera a obrar en tu vida, piensa en eso; cuando te haga ver que toda esperanza está perdida, dile: "No me preocupan las apariencias. Yo creo en la Palabra y rechazo toda duda".

    Déjame mostrarte lo que quiero decir. ¿Has visto un espectáculo de magia donde alguien se mete dentro de un cajón y luego lo parten por la mitad con una sierra? Puedes verlo con tus propios ojos. Los pies de la persona salen por un lado del cajón y su cabeza se asoma por el otro, el cajón queda dividido en dos. Entonces, el mago une las dos mitades, y la persona que estaba en el interior del cajón salta fuera del el.

    Ahora dime, ¿de verdad creíste, aunque sea por un instante, que a esa persona la cortaron por la mitad? ¡Claro que no! Sabías que habías visto un truco, un engaño, algo que parecía de cierta manera cuando, en realidad, era de una forma completamente diferente. Quizás no sepas cómo se hizo. Tal vez no seas capaz de explicarlo. Pero sabes que a una persona no pueden cortarla por la mitad y luego volverla a unir.

    De esa manera debes pensar con respecto a la Palabra de Dios. Necesitas aprender a confiar y a depender de ella, a tal punto que cuando Satanás te muestre algo en el mundo natural que parezca contradecirla, puedas decir: "Bueno, yo vi eso, pero no voy a ser tan insensato para creerlo. Yo sólo creo la Palabra de Dios".

    Si haces eso, el padre de mentira nunca podrá engañarte.

    Lectura bíblica: Salmos 119:89-104

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    6 min
  • Sigue tu sueño
    «Pero Moisés le respondió a Dios: «¿Y quién soy yo para ir ante el faraón y sacar de Egipto a los hijos de Israel?» Y Dios le respondió: «Ve, pues yo estaré contigo. Y esto te servirá de señal, de que yo te he enviado: Cuando tú hayas sacado de Egipto al pueblo, ustedes servirán a Dios sobre este monte» (Éxodo 3:11-12)

    ¿Alguna vez has tenido un sueño inspirado por el Espíritu Santo, un sueño de hacer algo realmente grande para Jesús? ¿Un sueño de ser tan próspero que puedas financiar un avivamiento en toda la nación? ¿El sueño de llevar miles de personas al Señor?

    Quizás lo hayas tenido alguna vez, pero tal vez no te atreviste a llevarlo a cabo. Posiblemente pensaste: "Yo no puedo hacer eso. Satanás me ha mantenido derrotado por tanto tiempo que tengo una imagen muy pobre de mí mismo".

    Si es así, te tengo buenas noticias. Si confías en Dios, aunque tu autoimagen sea muy pobre, no te apartarás del éxito. Lee el libro de Éxodo y verás el ejemplo de un hombre que lo demostró. Su nombre era Moisés.

    Moisés no tenía una buena imagen de sí mismo. Había cometido un error gravísimo al inicio de su carrera. Fue un error que lo llevó al desierto, en el que estuvo 40 años pastoreando las ovejas de otra persona.

    Moisés había soñado una vez con ser el libertador del pueblo de Dios, pero ya no. En su opinión, él era un derrotado… un fracasado… ¡un frustrado!

    Pero Dios no pensaba así. De hecho, cuando Dios se apareció a Moisés en el desierto, no le pidió que le mostrara sus méritos. Tampoco le mencionó nada acerca de su turbio pasado. Sólo le dijo que fuera a ver a Faraón y que le dijera que dejara ir al pueblo de Dios.

    Pero Moisés seguía lidiando con la pobre imagen que tenía de sí mismo. "¿Quién soy yo para presentarme delante del Faraón?", balbuceó él. ¿Sabes cómo le respondió Dios? Le dijo: «…Ve, porque yo estaré contigo».

    No importaba quién era Moisés. Lo que importaba era que el Dios viviente estaba con él. Lo mismo es cierto acerca de tu vida hoy. No necesitas poseer una lista de éxitos para responder al llamado de Dios. No necesitas un gran conjunto de méritos espirituales. Todo lo que necesitas es la presencia del Señor.

    Piensa en eso, cuando el diablo te diga que eres un fracasado y que nunca podrás hacer lo que Dios te ha puesto en el corazón, ponlo en su lugar. Dile que no importa quién eres, pues el Dios viviente está de tu lado. ¡Luego, atrévete a seguir tu sueño!

    Lectura bíblica: Éxodo 3:1-14

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    6 min
  • La obediencia no es insignificante
    «Pero el que oye mis palabras y no las pone en práctica, es como quien construye su casa sobre el suelo y no le pone cimientos. Si el río golpea con ímpetu la casa, la derrumba y la deja completamente en ruinas» (Lucas 6:49)

    ¿Has pasado por tiempos en tu vida cuando parece que cada vez que asistes a la iglesia, cada vez que pasas tiempo en oración y cada vez que abres la Biblia, recibes una revelación de Dios? Yo sí. Espiritualmente, todo va muy bien. Me hace sentir más alto que un pino frondoso. Pero, de repente, algo empieza a suceder. Comienzo a secarme en las cosas espirituales.

    En esos tiempos lo mismo da orar o leer la Palabra, ya que en lo espiritual no puedo llegar a ninguna parte. ¡Estoy tan seco que mi espíritu rechina!

    Eso solía desconcertarme. No sabía cuál era la causa. No tenía ningún pecado en mi vida. De eso estaba seguro. Seguía orando, seguía meditando, seguía poniendo en práctica y confesando la Palabra. Pero en lugar de obtener resultados, no lograba llegar a ninguna parte. Me paraba frente al espejo y confesaba fe una y otra vez, y la única cosa que sucedía era que mi voz se agotaba.

    Si eso te ha sucedido, ¿puedo hacerte una sugerencia? Regresa al pasado y piensa en lo último que Dios te pidió que hicieras y no hiciste—¡y hazlo!

    Probablemente no es nada grave. Sólo una cosa que parece insignificante. Pero, créeme, esas pequeñas desobediencias secarán el fluir del Espíritu tanto como las más grandes.

    La mayoría de nosotros no nos damos cuenta de eso. Nos arrodillamos y oramos: "Señor, yo quiero ir a China por ti. Iré a África. Iré a Rusia". Pero cuando Dios dice: Ve a la casa de tu vecino, no le damos importancia.

    "Yo no puedo hacer eso —decimos—. No le caigo bien. Además, quiero ser como el hermano Schambach y montar una gran carpa evangelística".

    Si has actuado de esa manera, arrepiéntete. Luego, vuelve al lugar de donde te desviaste y haz lo que Dios te dijo. Recuerda: de ahora en adelante, por más insignificantes que parezcan ser las instrucciones de Dios, obedecerlas no es algo pequeño. Esos hechos simples de obediencia son los que harán que tu casa espiritual permanezca en pie, o se derrumbe. Todas esas cosas pequeñas combinadas se convierten en el rumbo que toma nuestra vida.

    Lectura bíblica: Lucas 16:1-10

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    6 min

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