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La muerte no es un tema popular, ni siquiera entre los creyentes. De hecho, muchos se sienten atemorizados por ella. ¡Ah sí, ellos hablan de tener vida eterna! Sin embargo, cuando el diablo trata de amenazar su subsistencia terrenal con enfermedad o calamidad, se aterran.
¿Por qué? Porque no han aprendido a mirar la muerte desde la perspectiva de Dios. Aunque su espíritu se haya hecho inmortal, no han renovado su mente para aceptar esa verdad. Si lo hubieran hecho, cuando el diablo tratara de oprimir su botón de pánico, ellos simplemente se reirían y dirían: "No me puedes atemorizar, diablo. ¡Ya morí todo lo que tenía que haber muerto!".
Sabes, eso es muy cierto. La Palabra de Dios dice que como creyente nacido de nuevo nunca verás la muerte (Juan 8:51). Jesús fue tu substituto. Él sufrió la muerte para que tú no tuvieras que hacerlo. En Hebreos 2:14-15 leemos que: «…solo mediante la muerte (Jesús) podía quebrantar el poder del diablo, quien tenía el poder sobre la muerte. Únicamente de esa manera el Hijo podía libertar a todos los que vivían esclavizados por temor a la muerte».
Si has hecho a Jesús el Señor de tu vida, la única muerte que tenías que experimentar quedó en el pasado; ocurrió en el instante en que recibiste a Cristo. En ese momento, tu vieja naturaleza, aquella cuyo deseo era el de pecar y rebelarse contra Dios, murió. Tu cuerpo no falleció, pero tu hombre espiritual, tu verdadero yo, murió a Satanás y a todas sus obras. Tu fuiste hecho "una nueva criatura" inmortal que jamás morirá (2 Corintios 5:17).
Cuando termines con tu labor en la Tierra, no morirás. Simplemente te despojarás de tu caparazón terrenal y te reubicarás en un lugar mucho más glorioso.
Ve a la Palabra y descubre la perspectiva de Dios acerca de la muerte. Haz un estudio al respecto. Una vez que empieces a comprender la realidad de tu inmortalidad, el diablo jamás podrá volver a amenazarte con ella.
Lectura bíblica: Hebreos 2:9-15
© 1997 – 2019 Eagle Mountain International Church Inc., también conocida como Ministerios Kenneth Copeland / Kenneth Copeland Ministries. Todos los derechos reservados.
Un cuerpo sano. Suficiente dinero para pagar las deudas y dinero extra para invertir en la obra del evangelio. Un matrimonio feliz y piadoso, con niños sanos. Paz mental. Dios ha preparado un banquete lleno de bendiciones como éstas para ti.
Pero esas bendiciones no caerán en tu regazo automáticamente. Debes estar dispuesto —y ser obediente— si quieres comer los manjares de la mesa de Dios.
Así que ¡ponte dispuesto!
No estés dispuesto a que Satanás ponga enfermedad en tu cuerpo. Disponte, en cambio, a estar bien. En honor al sacrificio de Jesús en el Calvario, no aceptes nada inferior a la salud divina.
No estés dispuesto a vivir en escasez, sino en prosperidad y abundancia divinas. Rehúsate a que Satanás detenga el caudal de las bendiciones económicas de Dios para tu vida.
Disponte a recibir el mejor plan de Dios para tu matrimonio y tus hijos. No aceptes las "normas" del mundo. Vive por encima de ellas en un hogar lleno de amor y armonía, un hogar como Dios quiso que fuera.
No le permitas a Satanás reemplazar con preocupación y úlceras la paz y la tranquilidad que Jesús ya compró para ti. Proponte echar todas tus ansiedades sobre Dios, porque Él tiene cuidado de ti.
No dejes que te roben el banquete de bendiciones que te pertenecen desde que te hiciste creyente. ¡Disponte a comer lo mejor de la tierra!
Lectura bíblica: Deuteronomio 8:5-20
© 1997 – 2019 Eagle Mountain International Church Inc., también conocida como Ministerios Kenneth Copeland / Kenneth Copeland Ministries. Todos los derechos reservados.
Hay poder en la unidad. El diablo lo sabe. Por eso, continuamente está luchando contra esa unidad. Él toma las diferencias que hay en nosotros, diferencias que Dios puso para hacernos más fuertes, y trata de usarlas para romper el vínculo que nos une.
Por ejemplo, los hombres y las mujeres. El diablo nos ha engañado al hacernos creer que uno es superior al otro. Pero puedo resolver ese argumento ahora mismo. Las mujeres son superiores a los hombres. Si no lo crees, como hombre trata de dar a luz un bebé. Pero también, los hombres son superiores a las mujeres. Si no lo crees, como mujer trata de concebir uno sin nosotros.
¡Es la combinación de las diferencias la que nos hace fuertes!
Incluso se ha llegado a discutir si Dios es hombre o mujer. Pero la Biblia nos lo aclara. ¡Él es ambos! Eso es correcto. En el idioma hebreo, todas las palabras tienen género, son masculinas o femeninas. Pero la palabra hebrea Jehová es masculina y femenina a la vez. Dios es tan femenino como masculino y tan masculino como femenino.
Originalmente, la raza humana era así también. Cuando Dios hizo primero al hombre, era tan femenino como masculino. Luego, Dios separó la parte femenina e hizo a la varona o "varón con vientre". Después, ambos tuvieron que juntarse para ser perfectamente completos.
Todavía eso es cierto. Por ejemplo, cuando Dios une al esposo y a la esposa, con frecuencia, junta personas que poseen mayores diferencias de personalidad. Donde uno es débil, el otro es fuerte, y viceversa. Por eso, cuando llegan a ser uno, son más poderosos de lo que eran estando separados.
Hubo un tiempo en que no lo comprendía. Me molestaba con Dios por haberme enviado una esposa que no se preocupaba por algunas de las cosas que me gustaban. Pero, finalmente, me di cuenta que Dios sabía lo que estaba haciendo. Si Él me hubiera dado una esposa que fuera tan aficionada a la aviación como yo, hubiéramos pasado el resto de nuestra vida en las nubes. No estaríamos predicando la Palabra. Estaríamos en alguna exhibición aérea volando cabeza abajo. Nos llamaríamos el equipo Copeland, o algo parecido.
¿Existen en tu vida personas que son irritantemente diferentes a ti? No dejes que el diablo use esas diferencias para separarte de ellas. Por el contrario, ¡agradécele a Dios por esas personas! Deja que Él te enseñe cómo apreciarlas y ¡lo poderoso que pueden ser… juntos!
Lectura bíblica: Eclesiastés 4:9-12
© 1997 – 2019 Eagle Mountain International Church Inc., también conocida como Ministerios Kenneth Copeland / Kenneth Copeland Ministries. Todos los derechos reservados.
Hemos visto algunos adelantos médicos sorprendentes en nuestra generación, como "drogas milagrosas" que pueden vencer muchos tipos de enfermedades y dolencias.
Pero, sabes, en los más de 40 años que he sido creyente, he descubierto una clase de medicina mucho más eficaz: la Palabra de Dios. Nunca ha existido una droga tan milagrosa que la pueda igualar. La medicina de Dios es la respuesta a toda necesidad. Es vida. Es salud. Es el poder de Dios. Y si la pones en tu corazón y la pones en práctica, sencillamente sanarás.
A veces la gente pregunta: "Si la medicina de Dios siempre funciona, ¿por qué hay tantos creyentes que están todavía enfermos?". Hay dos razones. Primero, porque no toman el tiempo para sembrar la Palabra profundamente en su corazón en lo que respecta a la sanidad. Segundo, porque no obedecen lo que la Palabra les dice.
Míralo desde esta perspectiva: si un médico te receta una medicina por vía oral para ingerirla diariamente y tú decides en cambio frotártela en el pecho, esa medicina no te servirá de nada. Debes seguir las instrucciones y tomarla según las indicaciones si quieres mejorarte, ¿no es cierto? Del mismo modo, si lees la receta de Dios para la salud y no la pones en práctica, no cosecharás ninguno de sus beneficios.
En Proverbios 4:22 leemos que las Palabras de Dios son vida y salud para ti. Por lo tanto, no esperes hasta que te enfermes para comenzar a usarlas. Empieza hoy mismo a depositar la Palabra de Dios en tu corazón en abundancia y será difícil que te enfermes. Esa Palabra mantendrá activo el poder sanador de Dios en tu interior en forma constante.
Y no te preocupes. No hay una dosis límite para la medicina de Dios. No existe riesgo de sobredosis. Cuanto más la tomes, más fuerte serás.
Empieza a fortalecerte hoy.
Lectura bíblica: Proverbios 4:20-27
© 1997 – 2019 Eagle Mountain International Church Inc., también conocida como Ministerios Kenneth Copeland / Kenneth Copeland Ministries. Todos los derechos reservados.
En las Escrituras Dios nos advierte contra el peligro de la contienda. No obstante, es uno de los problemas más comunes entre los creyentes. Permitimos que se introduzca en nuestro hogar, en nuestro trabajo, en la iglesia… ¡y en todas partes!
Por supuesto, no la dejamos entrar intencionalmente. No nos despertamos por la mañana y decimos: "Hoy tengo ganas de empezar una gran contienda". Al contrario, dejamos que se introduzca de forma sutil entre nosotros, como una pequeña irritación.
Por eso, te urjo hoy a levantarte decididamente contra esas pequeñas oportunidades de iniciar una contienda. Si tiendes a permitir que las cosas te irriten, decide vencer esa tendencia. Lucha en contra de ella con el conocimiento de que este mundo no es perfecto, pues habrá personas que no se comportarán de manera amable contigo. Habrá personas que te fastidiarán y molestarán, a propósito o inconscientemente.
Decide que, por el poder de Dios, no permitirás que te roben tu paz. Esa paz es muy importante para tu bienestar. Ella mantendrá tu cuerpo sano y guardará tus relaciones saludables. Te pondrá en un lugar donde Dios pueda orientar tus pasos y librarte de algunos errores garrafales. Si te has pasado la vida con los nervios alterados por cosas sin importancia, puede tomarte tiempo deshacerte de ese hábito. Quizás debas trabajar en ese problema a cada instante. Pero al final, lo lograrás.
Lo sé por experiencia propia. Tuve que vencer la preocupación de la misma manera. Me había afanado por tantos años y provenía de una familia que se preocupaba con facilidad—tanto que lo hacía casi sin pensar. Cuando aprendí que preocuparse era contrario a la Palabra de Dios, tuve que dejar ese hábito de lado minuto a minuto. Con la ayuda del Espíritu Santo, cada vez que un pensamiento de preocupación venía a mi mente, yo lo vencía con la Palabra de Dios; y lo hice hasta que erradiqué ese hábito de la preocupación para siempre.
Tú puedes hacer lo mismo con la discordia. Pídele al Espíritu Santo que te ayude a empezar a reconocerla y a superarla en cada momento. Entonces, cada vez que comiences a enojarte por algo, repréndela en el Nombre de Jesús y resístela. Di en voz alta: Hoy vivo en la paz de Dios.
Te sorprenderás al ver cuán maravillosa puede ser la vida.
Lectura bíblica: Mateo 5:21-26, 43-48
© 1997 – 2019 Eagle Mountain International Church Inc., también conocida como Ministerios Kenneth Copeland / Kenneth Copeland Ministries. Todos los derechos reservados.
Una de las razones por la que Gloria y yo hemos visto los resultados que tenemos en nuestra vida y en nuestro ministerio, se debe a que cuando descubrimos lo que la Palabra de Dios haría en nuestras vidas, literalmente nos sumergimos en ella. Apagamos la radio y el televisor, dejamos a un lado el periódico, e invertimos cada momento de nuestro tiempo disponible leyendo la Palabra, escuchando enseñanzas acerca de la Palabra o meditando en ella.
Al final, todo ese tiempo en la Palabra obró un poderoso efecto en nosotros. Empezó a revolucionar por completo nuestra vida, y a convertir el fracaso en éxito.
Sin embargo, eso no sucedió de la noche a la mañana. Llevó tiempo. Muchos creyentes no comprenden ese proceso. Empiezan muy devotos en la Palabra, pero cometen el error de esperar resultados milagrosos instantáneos y cuando no se materializan, se desilusionan y se apartan.
No hagas eso. Se paciente. Dale tiempo a la Palabra para que haga Su obra.
Jesús dijo una vez: «No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios» (Mateo 4:4). La Palabra de Dios alimenta el espíritu así como el pan alimenta al cuerpo. El alimento tiene que ser absorbido por el cuerpo. Las vitaminas y los minerales que hay en los alimentos ejercen un efecto acumulativo en el cuerpo, ¿no es cierto? Además, casi todo lo que afecta a tu cuerpo en forma instantánea se considera como peligroso.
Gran parte de ese proceso natural es similar con la Palabra de Dios. Ella posee un efecto acumulativo. Sí, a veces Dios actuará instantáneamente y hará un milagro, pero sólo para enderezar las cosas. Su propósito realmente es que te alimentes de Su Palabra para que crezcas en fortaleza y fe, y produzcas fruto a su debido tiempo.
Así que no te apresures tanto. Permanece en la Palabra. Se paciente. ¡Los resultados vendrán!
Lectura bíblica: Deuteronomio 7:11-23
© 1997 – 2019 Eagle Mountain International Church Inc., también conocida como Ministerios Kenneth Copeland / Kenneth Copeland Ministries. Todos los derechos reservados.
Las palabras son un asunto serio. Como creyentes, debemos considerar seriamente cómo usarlas. Necesitamos que las palabras empiecen a actuar a nuestro favor, así como Dios lo hace. La Biblia dice que el Señor usa palabras para llamar a las cosas que no son como si fueran (Romanos 4:17).
La mayoría de nosotros no tenemos la menor idea de cómo hacerlo. Hemos pasado nuestra vida describiendo las cosas como las vemos. Constantemente hemos usado nuestra boca para informar acerca del estado lamentable de la situación a nuestro alrededor. Bajo esas circunstancias, el solo pensamiento de llamar las cosas que no son como si fueran parece un poco descabellado.
"¿Estás diciendo que se supone que diga: '¡Estoy sano!', cuándo me siento enfermo… o '¡Soy próspero!' cuando no tengo dinero?. Me parece que estaría mintiendo".
No, no. Hay una gran diferencia entre mentir y hablar por fe. La mentira se dice con la intención de engañar a alguien, de hacerle creer algo que no es cierto. Pero hablar por fe es simplemente decir palabras que están de acuerdo con la Palabra de Dios, no con las circunstancias a tu alrededor. Es hablar con tu espíritu y no con tu mente.
Como el apóstol Pablo dijo en 2 Corintios 4:13: "Tenemos el mismo espíritu de fe, conforme a lo que está escrito: «He creído, por lo tanto he hablado». También hemos creído, por lo tanto hemos hablado" (AMP).
Eso es importante. Lee ese versículo de nuevo: "He creído, por lo tanto he hablado".
Hay personas que hablan las palabras, pero no tienen la fe para respaldarlas, y como resultado fracasan en su vida espiritual. No llamaron las cosas que no son como si fueran, sino que las llamaron de la manera que deseaban que fueran.
Estos son dos aspectos muy diferentes. Las palabras pueden ser las mismas. Pero el sólo desear y esperar no cumplirán la tarea; hay que creer.
Empieza hoy a poner tanto tu boca como tu corazón en armonía con la Palabra. Deja de hablar según lo que ves y comienza a declarar y a creer las promesas de Dios. Haz que el poder de las palabras actúe a tu favor.
Lectura bíblica: Proverbios 15
© 1997 – 2019 Eagle Mountain International Church Inc., también conocida como Ministerios Kenneth Copeland / Kenneth Copeland Ministries. Todos los derechos reservados.
Según el diablo, ¿cómo eres? ¿Creerá que eres un valiente y poderoso guerrero de Dios… o un debilucho a quien pueda darle una paliza cuando se le antoje?
La respuesta a esa pregunta depende de ti. Lo comprendí cuando estaba estudiando acerca del pueblo de Israel, y de cómo fracasaron al no entrar en la Tierra Prometida. La clave de su fracaso se encuentra en las palabras: «Nosotros nos parecía que éramos como langostas; y a ellos también así les parecíamos» (Números 13:33).
La razón por la cual los israelitas estaban tan aterrorizados de pelear contra los gigantes de Canaán no era porque esos gigantes fueran tan grandes, sino porque los israelitas se veían a sí mismos como enanos. La imagen que tenían de sí mismos fue la que los derrotó.
El mismo principio se aplica en tu vida como creyente. La imagen que tengas de ti mismo es la que cuenta. Si a tus ojos eres un cristiano débil y sin poder, el diablo te atropellará tres, cuatro o más veces al día si no está ocupado. Pero cuando empieces a verte como un hijo de Dios, un conquistador del Dios todopoderoso, equipado con el mismo poder de Dios, el diablo querrá esfumarse al instante en el que te vea.
El diablo preferirá hacer cualquier cosa antes que venir contra alguien que es valiente y osado, porque él mismo es un cobarde. A decir verdad, desde que Jesús se levantó de la tumba, el corazón de Satanás se ha turbado al escuchar ese nombre de la boca del que tiene fe en Cristo.
Si no te ves fuerte en el Señor, necesitas cambiar tu opinión de ti mismo. Debes llenarte por completo de la Palabra de Dios y del Espíritu Santo para que vivas como un gigante espiritual. Cámbiale la perspectiva al diablo y deja que él descubra por sí mismo lo que se siente ser una langosta.
Lectura bíblica: Números 13:17-33
© 1997 – 2019 Eagle Mountain International Church Inc., también conocida como Ministerios Kenneth Copeland / Kenneth Copeland Ministries. Todos los derechos reservados.
Den, y se les dará. Esas palabras salieron directamente de la boca de Jesús. No obstante, hay muchos creyentes que se niegan por completo a creerlas. Tienen la idea equivocada de que es un error esperar recibir cuando se da.
Pero la verdad es que ¡es un error no hacerlo!
¿Qué pensarías de un agricultor que siembra las semillas y luego deja que su cosecha se pudra en el campo? Creerías que es un tonto, ¿no es así? Y si lo hubiera hecho cuando otros sufrían de hambre, pensarías además que ese agricultor ha cometido un crimen.
Bueno, es igual de irresponsable dar semillas (en términos económicos), y no esperar la cosecha que Dios te ha prometido. Especialmente cuando esa cosecha podría fomentar la propagación del evangelio a gente que tiene hambre espiritual. Tan equivocado está el que hace caso omiso al principio de la prosperidad compartido por Jesús, como lo está el que deja que una cosecha de trigo se pudra en el campo.
Dios quiere que cosechemos financieramente de las semillas que sembramos. Él desea que estemos preparados para no tener que pedir por ayuda, sino que además tengamos: "…siempre y en toda circunstancia… todo lo necesario, y abunde en nosotros toda buena obra;" (2 Corintios 9:8). Su deseo es que tengamos en abundancia, no para que lo guardemos con egoísmo, sino para que demos con generosidad.
La próxima vez que des, no tengas miedo de esperar una cosecha. Espera con fe las recompensas económicas que Jesús prometió. Luego, cuando vengan, vuélvelas a sembrar. Mantén en constante circulación el principio de dar y recibir para que el Señor pueda bendecir al mundo a través tuyo.
Lectura bíblica: 2 Corintios 9:6-15
© 1997 – 2019 Eagle Mountain International Church Inc., también conocida como Ministerios Kenneth Copeland / Kenneth Copeland Ministries. Todos los derechos reservados.
Quiero contarte el único secreto verdadero para obtener victoria en esta vida. Es fácil: coloca la Palabra de Dios en primer lugar en Tu vida diaria.
Quizás digas: "Bueno, ya lo he oído antes. No es ningún secreto". Pero cuando comprendas lo que en realidad quiero decir, se convertirá en una revelación para tu vida.
La Biblia no es tan sólo un libro de texto, histórico o de relatos. Es un manual de vida. Es la sabiduría del Dios omnipotente escrita para que puedas aplicarla en las situaciones que enfrentas a diario.
Dios dice que la sabiduría "es lo principal". La palabra principal significa: "lo primero en importancia". Eso quiere decir que la Palabra de Dios debe ocupar el lugar más importante en todas nuestras actividades. Sé por experiencia propia el impacto que eso puede tener en tu vida.
Hace veinte años que decidí leer los Evangelios y el libro de los Hechos de los Apóstoles tres veces en 30 días. En ese tiempo parecía una tarea imposible. Teníamos dos niños pequeños y la casa patas arriba después de una mudanza reciente; no veía cómo podía pasar todo ese tiempo leyendo la Palabra y además, hacer el resto de las tareas en el hogar. Pero me propuse dejar de lado otras cosas, y hacerlo. Me sorprendió sobremanera el final del primer día: había logrado más de lo que hubiera hecho en circunstancias normales.
Sorprendentemente, al final de esos 30 días, no sólo había leído los evangelios y el libro de los Hechos tres veces, sino que había hecho todos los quehaceres domésticos incluyendo mis niños, y además, había aplicado un nuevo acabado a varios muebles. Estaba asombrada.
Tú también te asombrarás de lo que puede suceder en tu vida si colocas la Palabra de Dios en primer lugar. Pero déjame advertirte: no esperes hasta creer que tienes el tiempo para hacerlo, porque Satanás se encargará de que nunca lo tengas.
Haz lo que yo hice: deja las otras cosas a un lado. Invierte tu tiempo primero en la Palabra, y muy pronto podrás ver los resultados de esa inversión en todas las áreas de tu vida.
Lectura bíblica: Proverbios 3:1-9
© 1997 – 2019 Eagle Mountain International Church Inc., también conocida como Ministerios Kenneth Copeland / Kenneth Copeland Ministries. Todos los derechos reservados.
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