
Sign up to save your podcasts
Or


¿Sabías que vivir en amor es bueno para la salud?
¡Es cierto! La ciencia médica lo ha comprobado. Los investigadores han descubierto que la hostilidad produce tensión que causa úlceras, dolores de cabeza, y un sin fin de otros males.
Ahora bien, cuando analizas el término hostilidad, crees que es el tipo de enojo que sientes cuando sucede algo serio. Pero según los expertos, eso no es lo que ocasiona los peores problemas. Por el contrario, son las cosas pequeñas. Por ejemplo, cuando la lavandería arruina tu traje favorito. O cuando la señora de la cafetería pone salsa en tu puré de papas después de que le dijiste claramente que no lo hiciera. ¿Te suena familiar?
Sólo piensa en cuánta tensión podrías evitar si eres pronto para perdonar y vives según 1 Corintios 13, sin tomar en cuenta las cosas que te hayan hecho. Imagínate los beneficios físicos y mentales de vivir así.
Pero si has dejado que la hostilidad te mantenga atado, eso te parecerá un sueño imposible de cumplir. Pero no es así. Como creyente nacido de nuevo, tienes el amor de Dios en tu interior.
Si te sometes a ese amor, serás libre. ¿Recuerdas cuando Jesús llamó a Lázaro de la tumba? Lázaro estaba vivo, pero todavía seguía amarrado por la mortaja. Jesús mandó que le quitaran las ataduras, a fin de que Lázaro pudiera ser libre para caminar.
Jesús quiere esa misma libertad para ti. Por lo tanto, ponte de acuerdo con Él. Dile a esos hábitos mortales que te tienen atado: "¡En el nombre de Jesús, suéltenme y déjenme ir! Dejo atrás la hostilidad, el rencor y el egoísmo. Persevero en Dios. ¡Viviré una vida de amor!".
Recuerda: no se requiere un milagro médico para transformar tu vida. Lo único que se necesita es una decisión de rendirte a la fuerza del amor. ¡Hazlo hoy!
Lectura bíblica: Proverbios 4:10-27Recuerdo la primera vez que fui a una campaña de sanidad con el equipo de la cruzada de Oral Roberts. Yo era estudiante y miembro de la tripulación de vuelos. Tenía unos cuatro años de ser creyente, y sabía muy poco de las cosas de Dios, especialmente de esas campañas. Sin embargo, formaba parte del equipo y estaba deseoso de aprender.
Seguí al equipo dentro del enorme auditorio. Estaba lleno de gente enferma. El lugar olía muy mal, lleno de enfermedad. El sólo caminar por allí me produjo escalofríos de temor.
Di la vuelta y me dirigí a la puerta lateral tan rápido como pude. Susurrando, le dije al Señor: «Óyeme, yo no pertenezco aquí. Voy a tomar el autobús y me iré a casa ahora mismo. Ellos pueden llevar ese avión de regreso sin mí».
Una vez afuera, empecé a hablar en voz alta. Entonces, de repente, me quedé rígido. No podía mover mis pies. Supe que era Dios el que me había detenido porque, en mi interior, yo iba camino a la estación del autobús, pero en el exterior, estaba parado en la acera.
Miré hacia arriba y grité: "¡Déjame ir!". Pero no podía moverme.
Estaba desesperado, y exclamé: "¡Por favor, déjame ir! Yo no tengo nada para esa gente".
En ese momento, Dios me habló. Cada célula de mi ser oyó Su voz. Él dijo: "Sé que tú no tienes nada para darles. Pero yo sí, y por eso te bauticé con Mi Espíritu".
De repente, mis pies quedaron sueltos y supe que tenía dos alternativas: una era la vida y la otra era la muerte. Di la vuelta y regresé.
Yo estaba listo para salir corriendo. Pero Dios me detuvo. El Señor sabía que Él estaba en mí, y si tan sólo me quedaba y avivaba lo que estaba en mi interior, los milagros sucederían—y así fue.
Tú tienes en tu interior ese mismo Dios que obra milagros. Hay personas a tu alrededor que lo necesitan. Por lo tanto, deja de esperar hasta que sientas que posees el poder para hacerlo, y sal de una vez. Cuando lo hagas, descubrirás que el poder que has estado esperando ha estado allí, en tu interior, todo el tiempo, esperando por ti.
Lectura bíblica: Éxodo 3:1-14La mayoría no tenemos idea de qué es realmente la gracia. Conocemos algunos fundamentos básicos acerca de ella. Sabemos que somos salvos por gracia (Efesios 2:8). Pero ni siquiera hemos comenzado a entender el poder verdadero que puede liberar en nuestra vida hoy.
Si quieres tener una idea de lo que la gracia realmente puede hacer, observa lo que sucedió con los primeros cristianos en Hechos 4. Habían sido amenazados por los líderes religiosos de Jerusalén y se les había ordenado no hablar ni enseñar más en el Nombre de Jesús. Entonces, habían comenzado a orar al respecto.
En síntesis, esto fue lo que oraron: "Mira Señor, hemos sido amenazados, pero no dejaremos de predicar ni nos esconderemos debajo de alguna alfombra religiosa. Simplemente aumenta Tu poder en nosotros, danos valentía y seguiremos adelante".
¿Sabes cuál fue el resultado de esa oración? En el versículo 33, leemos que "la gracia de Dios sobreabundaba en todos ellos". Gracia abundante. Una gracia tan poderosa que cuando aquellos creyentes la recibieron, todo el lugar tembló. Una gracia tan abundante que capacitó a los apóstoles para hacer: «muchas señales y prodigios entre el pueblo» (Hechos 5:12).
Ese ejemplo debería ser suficiente para convencerte de que la gracia no es algo abstracto del mundo espiritual. La gracia es verdadera, es poderosa, otorga el poder sobrenatural para hacer que las cosas sucedan.
Ahora bien, ¿quieres saber algo realmente emocionante? La Biblia dice que esa misma gracia también está disponible para cualquier persona que haya pecado y haya sido destituida de la gloria de Dios.
¡Gracias a Dios, eso significa que tú y yo calificamos!
Si el diablo ha estado amenazándote, sigue el ejemplo de esos primeros cristianos. Ponte a orar y declara: "Señor, no importa lo que el diablo y sus huestes digan; no renunciaré. Seguiré hablando y viviendo por fe, y lo haré confiadamente. Por lo tanto, aumenta Tu poder en mí".
Te garantizo que si haces esta oración con sinceridad, Dios lo hará y entonces comenzarás a descubrir en realidad qué es la gracia.
Lectura bíblica: Hechos 4:8-33Como Dios no salva a ninguna persona contra Su voluntad, ¿vale la pena orar por quienes conscientemente se rehúsan recibir a Jesús como su Señor?
Sí. ¡Sí! ¡Sí, vale la pena!
Mira, a pesar del hecho de que la mayoría de los incrédulos que no han querido recibir a Jesús como su Señor piensan que lo han hecho por su libre albedrío, la verdad es que no es así. La Palabra de Dios dice que han sido cegados por Satanás, quien les está bloqueando la percepción de la verdad. Por lo tanto, ellos en realidad no han tomado esa decisión por voluntad propia.
Una vez comprendido esto, mediante la oración intercesora puedes interferir las fuerzas satánicas, y ayudarles a quitarse esas vendas. Con la oración puedes también cambiar las circunstancias y ayudar a crear situaciones que atraerán a esas personas a conocer al Señor. Y cuando lo hagas, estarás ejerciendo tus derechos espirituales.
Una vez oré con un amigo que había estado orando por años por su hermano inconverso. Jesús dice en Mateo 12:29 que primero atáramos al hombre fuerte y luego entráramos a su casa y saqueáramos sus bienes. Así que declaramos: "Tú, espíritu que ciegas los ojos de _______, deja de hacer lo que estás haciendo para mantenerlo fuera del reino de Dios. ¡En el Nombre de Jesús, detente en este momento!"
Jesús también dijo en Mateo 9:38: «Por lo tanto, pidan al Señor de la mies que envíe segadores a cosechar la mies». Entonces, oramos así: «Señor, envía alguien a la vida de ______________ con la Palabra de Dios. Tú sabes a quien sí escuchará. Reclamamos a ______________ para el reino de Dios. Confiamos en que lo veremos salvo y libre. En fe te alabamos".
Al poco tiempo, su hermano lo llamó y le preguntó: "¿Qué has estado haciendo? Todas las personas con que me que encuentro me han estado predicando".
Nuestras oraciones habían interferido las fuerzas que Satanás había estado usando para cegar a este hombre para que no conociera a Jesús, y habían creado una circunstancia para traerlo al reino. Efectivamente, unos días después, él había nacido de nuevo.
Haz esta misma oración por tus seres queridos, y cuando ores, cree que así será. Tú podrás ver los mismos resultados. No te cruces de brazos, ni dejes que el diablo se lleve a tus amigos y familiares sin resistirlo. ¡Ora! ¡Ora! ¡Ora! Arremete contra el "dios de este mundo". Quítale la venda de los ojos a tus seres queridos y ábreles los ojos al glorioso evangelio de Dios.
Lectura bíblica: 2 Corintios 4:1-7¿Sabías que el campo de batalla del problema que enfrentas ahora se encuentra en tu mente y en tu boca? Si reprendes al diablo con la Palabra y descargas la ansiedad de la situación sobre Dios, ganarás.
Sin embargo, déjame advertirte que esperar en la Palabra no siempre es lo más fácil. El diablo sabe que si él no te la roba, la usarás para derrotarlo.
Por eso, no te sorprendas si él envía un espíritu maligno para levantarse contra la Palabra de Dios. Si estás enfermo, quizás comience a decirte: "Tú no estás sano. Tú sabes que la sanidad no se manifiesta en estos días; y si se manifestara, a ti no te funcionará. Podría funcionarle a otro, pero a ti no".
Si el enemigo comienza a decirte esa clase de mentiras, no las aceptes. No empieces a preocuparte y a pensar: "¡Ay!, Me parece que no recibiré la sanidad. No me siento sano. Es posible que empeore cada vez más…".
Recuerda esto: la Palabra es la que hace la obra, no la persona que espera en ella. La Palabra hará su obra para cualquiera que la active. Hará la obra para ti, así como la hizo para Jesús cuando Él anduvo en este mundo.
Jesús le dijo a Satanás: «Escrito está…». No importa lo que el diablo intente decirte; no sueltes la Palabra por ningún motivo. Dile lo que está escrito en lo que concierne a tu situación. Deja que la Palabra pelee su propia batalla… y reprenderá siempre al diablo.
Lectura bíblica: Salmos 19:7-14Cuando aprendí por primera vez a descargar mis preocupaciones sobre el Señor, estaba en el sur de Texas predicando en una campaña a la que nadie iba. No te estoy mintiendo; la gente evitaba el lugar… miles de personas lo hacían. Después de uno o dos servicios en el que estaban el pastor, unas dos o tres personas más y yo, empecé a ponerme ansioso. Pero el Señor me dijo: Descarga esa preocupación sobre mí, y así lo hice.
Empecé a caminar sonriendo y silbando. Le dije al diablo: «No pondré mala cara ni me preocuparé. Vine aquí a predicar y eso es lo que voy a hacer, y es asunto de Dios si alguien aparece o no. ¡No me preocuparé por nada!»
Estaba tan feliz que parecía un tonto. El diablo me dijo: "¿Qué pasa contigo? ¿No eres lo suficientemente inteligente como para preocuparte por esta situación?". Supongo que la gente murmuraba: "Me parece que es demasiado ingenuo como para no preocuparse. Creo que es porque nunca fue al seminario; no puede ver la diferencia entre una gran victoria y una aplastante derrota".
Pero le dije al Señor: "He descargado mi preocupación y ansiedad sobre ti, y si nadie viene excepto esa querida anciana, ella será la persona a la que más se le haya predicado en el estado de Texas, ya que predicaré como si hubiera una muchedumbre".
En ese entonces no me daba cuenta de lo que estaba sucediendo. Mi despreocupación me colocó en una posición en la que el diablo no podía hacer nada. Ya no podía inmiscuirse en mi vida. No podía sembrar más temor ni incredulidad. No podía presionarme para que hiciera concesiones porque ya no me importaba lo que pasara. Yo había echado toda mi ansiedad sobre el Señor.
¿Estás preparado para librarte de la ansiedad? Si lo estás, sólo haz esta confesión de fe:
"Soy creyente; no soy incrédulo. La Palabra obra en mí; y en este momento me humillo bajo la poderosa mano de Dios. Descargo toda mi preocupación y ansiedad sobre Él. Desde este momento en adelante, me niego a preocuparme. En su lugar, oraré, activaré mi fe y creeré. Dios me exaltará sobre el problema y sobre el diablo. Pues yo pertenezco a Cristo y ¡Él cuida de mí!"
Lectura bíblica: Salmos 55:16-22Vivimos en un tiempo de decisiones y cambios enormes. Si hubiera algún día establecido en el que tú y yo debiéramos conocer la voluntad y el propósito de Dios para nuestras vidas, ese día es ahora.
De hecho, ninguna otra cosa es más importante. Dios está cambiando y poniendo todo en orden, preparando el escenario para el gran movimiento del Espíritu de los últimos tiempos. Si quieres mantenerte actualizado, deberás conocer el plan perfecto de Dios para tu vida y cómo llevarlo a cabo en el poder de Dios.
¿Cómo puedes hacerlo? Por medio de la oración.
De hecho, Dios nos ha dado una oración en Su Palabra para recibir la sabiduría y el entendimiento que necesitamos para este tiempo crítico. La encontrarás en Colosenses 1:9-11.
"Por eso nosotros, desde el día que lo supimos, no cesamos de orar por ustedes y de pedir que Dios los llene del conocimiento de su voluntad en toda sabiduría e inteligencia espiritual, para que vivan como es digno del Señor, es decir, siempre haciendo todo lo que a él le agrada, produciendo los frutos de toda buena obra, y creciendo en el conocimiento de Dios; todo esto, fortalecidos con todo poder, conforme al dominio de su gloria, para que puedan soportarlo todo con mucha paciencia».
En meses recientes, Dios nos ha instruido, a Gloria y a mí, a que hagamos esa oración por nuestros colaboradores en el ministerio y por nosotros cada día. Es una oración poderosa e inspirada por el Espíritu Santo que no sólo te hará conocer la voluntad de Dios, sino también te dará la sabiduría y el entendimiento para llevarla a cabo.
Allí es donde la mayoría de los esfuerzos cristianos fracasan. Recibimos un destello del entendimiento de la voluntad de Dios para nuestra vida, y terminamos complicando todo por querer hacerlo en la carne. En lugar de permitir que el Señor edifique la casa, lo hacemos nosotros mismos y acabamos por hacerlo todo en vano.
No cometas ese error en los días que se avecinan. Mejor repite esta oración que Dios nos ha dado. Está escrita en el Nuevo Testamento. Coloca tu nombre en ella. Es la clase de oración que Dios se complace en contestar. Ponla en práctica en tu vida todos los días, ¡y Dios te llenará con el conocimiento y el entendimiento de Sí Mismo!
Lectura bíblica: Colosenses 1:9-22¿Cuántas bendiciones recibirás de la Palabra de Dios? Depende de cuántas esperes recibir. Dios no te medirá con la medida que Él tiene, sino de acuerdo con la que tú le proporciones.
Por ejemplo, dos personas pueden oír la Palabra de Dios acerca de la sanidad. Una la medirá con la fe y dirá: "¡Alabado sea Dios, por Su llaga fui sanado! Yo creo eso con todo mi corazón y voy a seguir creyéndolo hasta ser sano". La otra, la medirá con duda y dirá: "No me importa cuántos versículos bíblicos cite. Yo no confío en ese predicador. Voy a darle a todo este asunto de la sanidad una oportunidad, pero dudo mucho que esto sirva de algo".
Ambas personas recibirán exactamente lo que esperan. Dios las medirá conforme a la medida con las que ellas midieron la Palabra: una será sanada, la otra no.
Sin embargo, debo advertirte que a veces medir la Palabra con la fe es difícil. Hace años, cuando Gloria leyó por primera vez el pasaje: «No tengan deudas con nadie» (Romanos 13:8), se sintió muy tentada a medirla como una maldición, no como una bendición. En ese tiempo vivíamos en una casita fea, y ella quería más que nada una casa nueva.
¿Cómo íbamos a comprar una casa decente sin pedir prestado? Parecía algo imposible. Así que, para ella, era como si ese pasaje hubiera dicho: "Gloria, tú no puedes adquirir una casa nueva".
Pero ella rehusó medirlo de esa manera. Tomó al diablo por el cuello y le dijo: «¡Óyeme bien, tú no vas a engañarme para quitarme mi casa!». Y comenzó a creer que Dios, de alguna manera, iba a darle una casa, sin necesidad de incurrir en una deuda. Efectivamente, Dios lo hizo.
Si quieres recibir bendiciones en abundancia, ve a la Palabra de Dios con una canasta grande. Pon una medida grande de fe en la mano de Dios. Él la llenará hasta que sobreabunde, ¡y luego te la devolverá!
Lectura bíblica: Lucas 8:1-18A menudo escucho a la gente decir: "Lo importante no es ganar ni perder; lo importante es jugar bien". ¡Eso no tiene sentido! Si juegas bien, ¡ganarás!
Cualquier entrenador te dirá que jugar bien implica manifestar una actitud ganadora. Dios desea que como creyentes tengamos esa clase de actitud. Dios quiere que desarrollemos tanta fe en Él que podamos tener la expectativa de derribar todo obstáculo que el diablo nos presente. Él quiere que tengamos la expectativa de ganar en el juego de la vida.
Esa actitud no siempre se adquiere con facilidad. Estamos tan acostumbrados a perder que es necesario que cambiemos totalmente nuestra manera de pensar si queremos tener una actitud ganadora. En Efesios, el apóstol Pablo exhorta a los creyentes a renovar su manera de pensar. Al igual que nosotros, esos creyentes necesitaban cambiar su actitud y renovar su entendimiento en cuanto al hecho de que Jesús había vencido al mundo.
Si no lo has hecho, debes hacerlo también. Necesitas tener un sentido de confianza glorioso para que puedas decir: "Oye, diablo, la victoria es mía, y no hay nada que tú puedas hacer para evitarlo".
"Pero, hermano Copeland, no sabe la clase de situaciones por las que estoy atravesando".
Sé que yo no lo sé, pero Jesús sí lo sabe, y te dice que "tengas ánimo", pues Él puede darte paz en medio de la tribulación. El Señor te dice que cobres ánimo cuando Satanás venga en tu contra con todo lo que tiene, porque Él ya ha derrotado al enemigo. Jesús ya lo venció y tú también puedes hacer lo mismo.
Primera de Juan 5:5 lo dice de esta manera: «¿Quién es el que vence al mundo, sino el que cree que Jesús es el Hijo de Dios?».
¿Sabes qué quiere decir ese versículo? Significa que si eres creyente nacido de nuevo, tienes el derecho absoluto de ser un vencedor para superar todo aspecto de este mundo perverso. Piensa y medita al respecto, y ¡comienza hoy mismo a desarrollar una actitud ganadora!
Lectura bíblica: Romanos 8:29-39¡Cosas, cosas, cosas! Un mejor trabajo. Una casa más grande. Ropa para los niños. La cita del almuerzo de mañana. Un mejor televisor. ¿Puedes ver de lo que hablo?
Muchos hemos aprendido a confiar en Dios para que nos prospere, pero pedimos tanto que se nos hace imposible estar al día con todas las cosas. Gastamos tanto tiempo y esfuerzo atendiendo a las "cosas" legítimas de la vida, que sin tener conciencia de ello empezamos a poner nuestro afecto en las cosas del mundo y no en Dios.
Cuando Kenneth y yo oímos por primera vez acerca de cómo vivir por fe, estábamos en una situación muy difícil. Nos encontrábamos enfermos y en la quiebra, y por eso fue fácil dedicarnos a la oración y a la Palabra. A medida que honrábamos la Palabra de Dios, Él nos honraba y nos hacía prosperar. Llegamos al punto en el que dejamos de estar desesperados. Fue entonces cuando vino la verdadera prueba de nuestra fe. ¿Serviríamos a Dios porque le amábamos o porque estábamos en una situación desesperante?
Bueno, alabado sea Dios, lo hicimos por amor. Sin embargo, en el proceso aprendimos algo: ¡se requiere de más dedicación para servir a Dios en la prosperidad que en la desesperación! En la prosperidad existe siempre esa tentación de dedicarse más a las cosas terrenales, dejando las cosas de Dios en segundo plano.
Cuando las bendiciones materiales de Dios empiecen a llegarte, ten presente que Él no te ha entrenado en Su Palabra para que puedas consumirla en tus propios deseos. Él te ha dado a conocer Su Palabra para que vivas en el Espíritu y hagas la obra que te ha llamado a cumplir.
No dejes que las cosas de este mundo te hagan desaprovechar las cosas gloriosas del Espíritu. Pon tus prioridades en orden de acuerdo con la Palabra de Dios. Coloca tu mirada en las cosas de arriba, ¡y descubrirás la realidad de la vida celestial!
Lectura bíblica: Colosenses 3:1-16From the publisher's feed

244 Listeners

847 Listeners

164 Listeners

62 Listeners

14 Listeners

38 Listeners

46 Listeners

19 Listeners

5 Listeners

21 Listeners

21 Listeners

23 Listeners

2 Listeners

3 Listeners

4 Listeners

2 Listeners

0 Listeners