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Mamá no admitió razones. Yoy, conteniendo el deseo de reír, miraba al señorito por el rabillo del ojo, y él la miraba a su vez un poco perplejo. ¿Nueva? Sí, nueva sin duda. La otra doncella de, su madre, Rafael recordaba que se había casado a finales de invierno. Bonita doncella. ¡Hum! Tenía cara de guasa. Mejor. ¡Y qué joven…! Mejor también Estaba harto de ver en Villamor rostros rugosos y cabellos blancos. Aquella joven de pelo negro y ojos azules era un recreo para la vista. ¡Vaya si lo era!
—Lo siento mucho, Marie. No me mires así. Yo no tengo la culpa de lo que dispúso tu difunta abuela antes de morir. Entiéndeme bien —se revolvió como inquieto en el ancho butacón que presidía el enorme despacho—, yo no sabía nada. Por algo convocó a mis dos socios y redactó su testamento durante mi estancia en Escocia. A mi regreso a Detroit me encontré con el cadáver de tu abuela, y esta carpeta azul donde se hallaba su testamento. ¿Lo entiendes?
Marie no entendía nada.
Todos estaban locos.
Todos, empezando por ella seguramente.
—Al diablo —rezongó Law con más rabia que dolor, pues no creía tan grave a su amigo.
—Eres un gran hombre, Law —dijo Donald suave mente— y un gran amigo. Ya no te casarás. Lo sé. Cuando Lori decida casarse porque es de las jóvenes que no se quedan solteras, me harás el favor de elegirle un marido a su medida. Ten cuidado, Lori es una rica heredéra. Los hombres no todos son como tú y como yo. Van a la caza del dinero.
—¿Te quieres callar?
—Sí, ya me callo. Ahora puedes marchar. No digas nada a Lori.
—Claro que no. No creo nada de cuanto has dicho. Eres un hombre fuerte y tienes mucha salud.
—Ojalá fuera así.
Rock estaba casi pegado a ella.
La miraba cegador.
—Yo te respetaré siempre, Susan —decía a media voz, sofocado, agitado—. Siempre. Prueba a salir conmigo alguna vez. Si un día, después de un cierto tiempo, piensas que no puedes amarme, me lo dices.
—Y te dañaré más.
—Más me dañas así, despidiéndome de tu lado sin probar.
—Rock, por Dios...
Max y Marcela llevan cortejando cinco años. Él viaja mucho por trabajo y, aunque no están casados, cuando Max no está en la ciudad, Marcela no sale de casa, actuando como si fuera su esposa. A pesar de su carácter y sus incesantes intentos por aliviar su fogosidad masculina, cosa que Marcela no aguanta, ella está enamoradísima de él. Sus faltas, los rumores y los celos de una muchacha enamorada, no sin razón, complicarán el camino a un matrimonio lleno de amor y pasión. Esta vez no era un rumor, esta vez lo había visto con sus propios ojos...
No os penséis que esto es una obra literaria, ni tengo pretensión alguna de ser un intelectual, ni un erudito y mucho menos un escritor en ciernes. Pero hay cosas que se deben decir y yo estoy en este momento crítico de mi vida en que para saber cómo soy, lo que pienso y siento, escribo para luego volverme a leer y analizar así si estoy cometiendo errores, y si de verdad quiero a Lía y si tiene ella razón en manto dice.
Mauren vivía sola. Tenía un hijo que vivía con los padres de ésta. ¿Madre soltera? Sí, desde hace cuatro años, exactamente la edad de Mike y exactamente el tiempo que hacía que no veía a Dustin. Ahora vivía para trabajar. Trabajo donde está Brian, con quien tontea de vez en cuando aun sabiendo que todavía tiene a Dustin de la cabeza. De repente, un día, Dustin aparece en los almacenes donde trabaja. ¿Pura coincidencia? Ella reza por que así sea... aunque le desee tanto como le odia.
Desde Candás, una villa costera de Asturias, llega a Madrid Elías, un joven estudiante, brillante y trabajador que prepara oposiciones a notarías. Se instala en casa de Bernardo y Lucía. Él, un antiguo amigo de su padre. En la casa también vive Carol, la hija de Bernardo y Lucía, una muchacha preciosa pero frívola y alocada que se propone conquistar al paleto como ella llama a Elías. Cuando Elías, tímido y apocado, se encuentra de cara con Carol y se entera de la burla a la que le ha sometido, se va enloquecido de casa de los amigos de su padre. Herido y humillado se instala en un apartamento. Carol, que no logra dejar de pensar en él, consigue su dirección y va a verlo. Pero Elías ya no es el tímido paleto del que ella se burló...
Yootha ya lo sabía.
Pero tenía miedo.
Ya no se trataba de su tirria a los médicos.
Sino el miedo que le daba tener algo malo. Sabía de sobra que no era normal su adelgazamiento ni su cansancio.
Pero prefería dejar las cosas así. Si tenía algo malo, que caminara solo y estallara por donde le diera la gana. Prefería no saber nada de su estado de salud y vivir relativamente tranquila, lo cual ya sabía que no era tan fácil.
—A mi regreso —prometió para quitarle del medio— me someteré a ese reconocimiento.
—Que será dentro de un mes o más ya que vas a París y de paso a dos países más.
La enfermedad de Gustavo hace que Miguel regrese a casa después de quince años, durante los cuales ha hecho fortuna en Brasil. Todos esperan la llegada de Miguel. Gustavo se está muriendo y se van a quedar sin hombre que dirija la finca. Por ahora, Marta, la mujer de Gustavo, es quien gestiona las viñas durante la ausencia de Gustavo. Sin embargo, es joven y bella, necesitará de un hombre cuando Gustavo fallezca.
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