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—Tan consentida es y tanto la habéis mimado que a ver quién es el guapo que endereza el árbol torcido. Tití rió oyendo la tímida respuesta de tío Paco. ¡Divino tío Paco!
—Pues es bien esbelta, prima Rogelia.
—¿Quién habla aquí de físico, Paco? Hablo de la moral de la niña. La niña en cuestión decidió alejarse de aquel lugar y darse un paseo en el auto deportivo que tenía aparcado a dos pasos. Porque ella de niña, ¡nada! Tenía veinte años. Llevaba junto a sus tíos justamente quince años. —La moral —aún le oyó tartamudear a tío César—. ¿Qué tienes tú que decir de la moral de la niña, prima Rogelia? Ya no oyó más. Se alejaba a paso largo, subió al deportivo color cereza y se largó tranquilamente.
Cuando Anita Perkins decidió casarse con Douglas Wyman ya sabía a lo que se enfrentaba. Su padre se lo había dejado bien claro: si se obstinaba en celebrar la boda, nunca más sería recibida en la casa familiar y sus hermanos tendrían prohibido visitarla y dirigirle la palabra. Douglas Wyman era un forastero en el pueblo, un hombre sin pasado a quien se le consideraba un don nadie y un cazadotes, pero Anita lo amaba por encima de todo. Nadie en aquel pueblo podía imaginar que el hombre al que despreciaban ocultaba la identidad de una persona muy diferente.
Susan pierde a su madre y es su abuela Lity quien cuida de ella, la educa y le enseña la vida. Se convierten en entrañables amigas y confidentes. A través de unos amigos Susan conoce a Rex, un tunante, un ligón… ella queda enamorada de él. Su amiga Maud intenta disuadirla, no quiere que sufra. Su abuela le guía y le sugiere que no es tan fiero. Ella descubrirá quién es realmente y si quiere entrar en su juego.
¿Un matrimonio de conveniencia?, ¿la unión de grandes fortunas?, ¿algo aprendido desde la infancia? o ¿será amor? Catalina tendrá que descubrirlo por si sola o con ayuda de su primo Japp.
Un negocio carece de sentimientos, tienen que ser objetivo. Cuando una empresa establece que todo el consejo de administración debe quedar en familia, y ya llevan muchas generaciones así, significa que funciona. Doris y Ray saben desde que nacieron que deberían casarse, no tuvieron inconveniente mientras se respetase la libertad de cada uno. Fervientes defensores de su libertad y orgullosos de su vida. El amor no está contemplado, no creen en él, sin embargo llegará… ¿podrá el orgullo hacerle hueco?
No volveré», pensó. «No volveré nunca más». Miró hacia atrás y bruscamente echó a andar calle abajo. Ana María ya sabía lo que le esperaba en casa, pero aun así apresuró el paso. Necesitaba llegar pronto. Llevaba apretado en la mano un panecillo muy chiquitín, seis duros, un caramelo para Paquín y dos pesetas de uvas para Paulita. Fue lo que ganó durante el día, además de la comida. Sintió humedad en las sienes y con ademán automático llevó la mano a ellas. De todos modos la humedad persistía. Sintió frío, se estremeció y arrebujándose en la gabardina, caminó aprisa. Avanzó por los charcos, dobló aquella principesca calle, se perdió en un barrio y fue internándose más y más hacia una calle solitaria, húmeda, bordeada de casitas bajas, muy míseras.
Cristina y Neo Vallés creen estar enamoradas del mismo hombre, lo cual complica su relación como hermanas. ¿Será más fuerte la relación que las une o el amor que sienten hacia el misterioso varón con múltiple personalidad?
Ella formaba parte de esa legión de mujeres resueltas que jamás creyeron que el matrimonio fuese una meta… hasta que el azar —o el capricho— la situó ante una decisiva encrucijada.
Dolly Jefferd abandona la cárcel donde ha estado casi cuatro años de su vida, desde que tenía diecisiete. Ahora se le presenta la oportunidad de empezar una nueva vida. Decide dejar Boston e ir a un nuevo lugar, que por casualidad será Savannah.
Al quedar viudo, Jusepp Lemaire, jardinero del castillo de los Cutlar, decide partir en busca de una fortuna y posición que ofrecer a sus hijos. Perla, la mayor, es altiva pero frágil, Nemie es noble, humilde y fuerte de espíritu, y Leo, el benjamín, es un inocente bebé. Ahora Jusepp exige a lady Cutlar que dé amparo a sus hijos en pago de un viejo favor. En realidad Perla es la sobrina de mi lady nacida en escandalosas circunstancias, y a la que los Lemaire aceptaron como propia, si bien ha sido educada junto al cruél y despótico heredero, Lawrence, que ha jurado desposarla. Los Cutlar se van a vivir a Londres. Pero diez años después regresan y el joven lord queda fascinado con Nemie, convertida en el ideal de mujer. Las convenciones sociales y el orgullo de Perla se interponen pero, por encima de todo, ellos son un hombre y una mujer.
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