El trabajo puede ocupar gran parte de nuestro día, pero el problema aparece cuando el estrés de la jornada termina entrando por la puerta de casa. Cansancio, irritabilidad, falta de paciencia, preocupación constante o dificultad para desconectarse pueden afectar la comunicación y la intimidad de la pareja. ¿Cuántas veces llegamos a casa físicamente presentes, pero mentalmente seguimos en el trabajo? ¿Estamos descargando sobre nuestra pareja emociones que realmente nacieron en otro lugar?