Bagdad, ahora castigada y en ruinas, fue la capital de una civilización refinada entre los siglos VIII y XIII. Hace más de 1.000 años, Bagdad era Madinat al-Salam, la ciudad de la paz de los abbasíes, denominados así por el califa Abul-Abas, que había fundado la dinastía. En el año 749, el califato abbasí había extendido su área de influencia, que abarcaba desde España hasta la frontera china. Como protector de la sabiduría clásica, Bagdad tradujo obras de Aristóteles, Platón o Euclides, y el director de su escuela de medicina, el persa de Bukhara Abu Alí al-Husain Ibn-Sina, o Avicena, era además comentador de los escritos de Aristóteles.
La ciudad de Las mil y una noches fue un crisol de culturas donde los artesanos, poetas y mercaderes consiguieron unirse gracias a su lengua común, el árabe.