Dentro de nuestras familias todos tenemos un rol. Ya sea asumido o asignado por los demás, desde la infancia fuimos catalogados como “la bonita”, “la inteligente”, “el fuerte” o “el chillón”. A veces es el orden de nacimiento causante de estas etiquetas.
Otras, alguna característica observada o hasta alguna conducta muy definida. La cuestión es que de nosotros se espera que nos ajustemos al mito familiar y asumamos rol, tradiciones y hasta lealtades sin cuestionar.
• ¿Pero qué pasa cuando no te ajustas a las expectativas familiares? De inmediato muchos se inquietan y se apresuran a querer regresarte al corral. Si no lo haces, adquirirás un nuevo rol. El de “la oveja negra”.