Los sicarios, legendarios asesinos, operaron durante el auge de la ocupación romana de Tierra Santa en el siglo I d. C.
Su objetivo declarado era la liberación de Judea y la unificación del país bajo un liderazgo religioso fanático. El arma elegida por los sicarios fue la sica, una daga curva fácil de esconder entre la ropa.
Se mezclaban con la multitud en las calles estrechas de Jerusalén en busca de enemigos, ya fuesen romanos o colaboradores de estos, entonces los apuñalaban y desaparecían de nuevo entre la muchedumbre.