Ahora Job empieza a derretirse en santo pesar; no se rindió cuando sus amigos razonaron con él, pero la voz del Señor es poderosa. Se confiesa ofensor y nada tiene que decir para justificarse. Ahora entiende que ha pecado y, por tanto, se califica de vil. Ahora Job está convencido de su error. Quienes son verdaderamente sensibles a su pecaminosidad y vileza, no se atreven a justificarse ante Dios.