Hace tiempo, por allá en los años 30, frente al Monumento Escultórico Batalla de La Victoria en el Estado Aragua, se escuchaba una voz que decía: «¡De Guarenas, son de Guarenas!».
Era un frutero ambulante, quien en la Plaza de la Victoria, parecía traer consigo un secreto irresistible. Los transeúntes, intrigados, se acercaban para develar en la cesta del vendedor aquel misterio que los convocaba.
Por Leonardo Muro García.
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