El domingo pasado proclamábamos el texto de los discípulos de Emaús. En él se nos plantean dos caminos: uno que da pleno sentido a la vida, el de Jerusalén, que nos invita a ir siempre hacia adelante, y otro, el de Emaús, que nos hace caminar hacia atrás, que no da sentido, sino que nos lo hace perder. Viendo lo que había pasado en Jerusalén, los discípulos deciden volver para atrás. Les entra el desánimo y, abandonando la ciudad del sentido, marchan a la aldea sin sentido, a Emaús.