Acabamos de vivir la Navidad, un tiempo de gracia en el que el amor de Dios se ha manifestado de una manera singular en nuestras vidas y hemos sentido la necesidad de fraternidad. El Señor se acercó a nosotros para regalarnos su luz, pero somos conscientes de que hay muchos que no lo conocen aún y escuchamos que Él nos sigue diciendo: «¡Despertad!». ¿No os dais cuenta de que a vuestro lado hay gente alejada de Dios, que vive sin el amor y la luz de Jesucristo? ¿Estáis dispuestos a hacer posible que se escuche de forma directa, coherente, sin tapujos, sin miedos, que hay un Dios que ama a los hombres, que los salva, que vive en medio de ellos? Nunca nos quedemos encerrados, hay que salir a todos los caminos y anunciar con fuerza que ¡Dios vive!.