Beata Josefa Naval Girbés
La vida espiritual es muy importante…
Pero la vivimos en medio de un mundo que va de aquí para allá sin darnos un respiro…
¿Es posible ser espirituales y al mismo tiempo, saber asumir todos los desafíos que el día a día nos trae?
Aprendamos a ser santos en el día a día, consultando en nuestro catálogo divino, nuevas maneras de vivir la santidad
Conozcamos rápidamente los santos que nuestra Iglesia, venera hoy 24 de febrero:
San Modesto, obispo; San Sergio de Capadocia, mártir; San Etelberto, rey; San Evecio, mártir; San Pedro Palatino, mártir; Beato Contancio de Fabriano Servioli, presbítero; Beata Josefa Naval Girbés, virgen; Beato Marcos de Marconi, religioso y Beato Tomás María Fusco, presbítero.
Hoy conoceremos la vida de una beata española que se consagró a la instrucción y educación cristiana de las jóvenes de su pueblo. Ella es Josefa Naval Girbés.
Josefa Naval Girbés, nació en Algemesí, en la Ribera del Júcar, cerca de Valencia, España, el 11 de diciembre de 1820.
Sus padres fueron Francisco Naval y Josefa María Girbés, ellos tuvieron cinco hijos de los que Josefa fue la primera.
Fue bautizada en la parroquia de Santiago Apóstol, el mismo día de su nacimiento, con el nombre de María Josefa, de mayor la llamarán Pepa, o Señora Pepa.
En casa de María Dolores Masiá Morán, vecina de Algemesí, se conserva un cuadro de la Virgen del Carmen bordado en oro y seda por su madre Vicenta Morán, cuando tenía 9 años, bajo la dirección de la señora Pepa.
Lleva esta inscripción: Nuestra Señora del Carmen Vicenta Morán Edad 9 años Año 1893.
Es el año en que murió la Beata, y este bordado artístico dirigido por ella es una de las últimas muestras de su devoción mariana carmelitana.
Comenzó a sentir grandes dolores crónicos en 1891 debido a una afección cardíaca y pasó los últimos dos años de su vida en la cama de su casa en Algemesí; murió rodeada de sus hijas espirituales.
Su último deseo fue concedido: fue enterrada con la túnica marrón y el manto blanco del hábito carmelita
Entregó piadosamente su alma a Dios el 24 de febrero de 1893. Su cuerpo se conserva en la iglesia parroquial de Santiago Apóstol, de su ciudad natal.
Oremos a esta diligente beata para que recibamos la gracia de hacernos un poco más santos cada día, en medio de nuestras responsabilidades y circunstancias:
Oh Dios, que pusiste en el mundo la fuerza del evangelio como fermento de renovación; concede a los fieles dedicados a las cosas seculares para cumplir tu voluntad, que, por la intercesión y con el ejemplo de la beata Josefa Naval, instauren sin descanso tu reino mediante el ejercicio de sus deberes temporales con espíritu cristiano. Amén.
La parroquia puede ser nuestra plataforma a la santidad.
Todos podemos aportar algo para el bien de la Iglesia y que se siga extendiendo su reino.
Es muy importante asumir que en la Iglesia vamos caminando juntos y nuestra participación tanto en la liturgia como en las enseñanzas pastorales que nos proporcionan nuestras diócesis y parroquias, es fundamental para nuestra salud espiritual y para la santidad de la Iglesia.
No importa que solo le ofrezcamos al Señor sólo 5 panes y dos peces. El toma nuestras capacidades y nos ayuda a dar buenos frutos, como le pasó a la beata Josefa.
Acerquémonos a la parroquia, que podemos aportar mucho,
Beata Josefa Naval Girbés,