Desde afuera, el dueño de una PyME parece tener el control: decide, factura y marca el rumbo.
Pero hay una parte que casi nunca se ve.
Cuando la empresa pierde, el empleado cobra y el dueño pone. Su sueldo es el último que se paga. Muchas veces sostiene su casa y, al mismo tiempo, las de todo su equipo. Se agota, duda, duerme mal y siente miedo de perderlo todo, aunque nadie llegue a enterarse.
Esto no busca enfrentar a empleados y empresarios. La falta de perspectiva existe en ambos lados. Se trata de mirar también a quien lleva la responsabilidad y recordar que la salud, el cansancio y la incertidumbre no distinguen cuentas bancarias.
De eso hablé en mi columna de 617 Multiplataforma.
Los invito a ver el video y a sumar su mirada.
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