Beirut, 1985. Los Estados Unidos son el objetivo de brutales ataques terroristas y secuestros por parte de las milicias islámicas que operan en la ciudad.
Decidido a devolver el golpe, el entonces director de la CIA, Bill Casey, ordena el asesinato de uno de los líderes musulmanes chiíes, considerado por la CIA y el Mossad israelí el responsable de los ataques terroristas contra Norteamérica.
La operación, que no está aprobada por el congreso y que causará cientos de victímas inocentes, se convertirá en uno de los mayores desastres de la CIA.