Conferencias Magistrales Fundación Rafael del Pino

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  • Las esencias del comportamiento económico en el largo plazo. John Wallis, español
    El 16 de mayo de 2017 tuvo lugar en la Fundación Rafael del Pino la conferencia de John Wallis sobre “Las esencias del comportamiento económico en el largo plazo”.
    Wallis, catedrático de Economía de la Universidad de Maryland, explicó que lo que produce el crecimiento económico a largo plazo es, sobre todo, la reducción de la frecuencia y la intensidad de las recesiones. Esto se debe a los cambios institucionales que tienen lugar a lo largo del tiempo.
    Según los análisis históricos llevados a cabo al respecto, las tasas de crecimiento a corto plazo y la frecuencia y la intensidad de las recesiones han sido elevadas durante la mayor parte de la historia. En los países en desarrollo siguen siendo altas y muy variables. Entonces, ¿por qué se producen las mejoras en el crecimiento a largo plazo? Pues porque la frecuencia y la intensidad de las recesiones han disminuido. De hecho, la tasa de crecimiento a corto plazo ha tendido a reducirse a lo largo del tiempo, más que a aumentar, cuando ha mejorado el crecimiento a largo plazo.
    En consecuencia, la forma en la que los países se enriquecen es con crecimientos bajos pero sostenidos. Esto explica porque los países ricos son cada vez más ricos, ya que en los países pobres las crisis se producen con mayor frecuencia y son más intensas.
    Adam Smith nos enseñó que el crecimiento económico a largo plazo depende de la amplitud de los mercados, de la especialización productiva y de la división del trabajo, como explicó con su conocido ejemplo de la fábrica de alfileres. En este mundo, también pueden contribuir al crecimiento económico el desarrollo tecnológico, la transición demográfica, los cambios estructurales en las economías y las guerras. Aun así, ello no basta por sí mismo para superar la trampa maltusiana sin que se produzca una intervención que lo haga posible.
    Esto se debe a que la sociedad smithsoniana es una sociedad que se basa en las relaciones interpersonales, en el conocimiento del otro y, por tanto, en la confianza. En esta sociedad, las élites disfrutan de privilegios y detentan un poder que usan, por lo general, para defender dichos privilegios. En este sentido, las élites se encuentran menos dispuestas a respetar los contratos porque solo pueden obligarlas a hacerlo efectivamente capas superiores a ellas en la sociedad. Son relaciones de arriba hacia abajo en las que cuanto más alto se encuentra uno, más difícil es que tenga a alguien por encima que le obligue a satisfacer la palabra dada.
    Este tipo de sociedades son más propensas a que se produzcan crisis más amplias y más frecuentes, ya que el incumplimiento de los contratos puede desencadenar situaciones de ruptura dentro de las élites mismas que impidan las relaciones comerciales entre los miembros de la élite. Con los estratos inferiores de la sociedad esas relaciones no existirán puesto que carecen de capacidad de imponer la satisfacción de los contratos y, por tanto, se abstendrán de relacionarse económicamente con niveles sociales más elevados a los suyos.
    Las sociedades modernas, en cambio, se adaptan mejor a las situaciones de crisis porque las relaciones son impersonales y, por ello, tienen lugar entre todos los niveles de la sociedad, Con ello, se elimina la posibilidad de una ruptura de las élites que lleve a una crisis a todos como consecuencia de los cambios y las incertidumbres que afectan a esas élites. Aquí las élites ya no pueden usar las leyes en su favor, con lo que se ven obligadas a satisfacer los contratos suscritos. Las rupturas no se producen y, de esta forma, disminuyen la cuantía y la intensidad de las crisis.
    52 min
  • Las esencias del comportamiento económico en el largo plazo. John Wallis, english
    El 16 de mayo de 2017 tuvo lugar en la Fundación Rafael del Pino la conferencia de John Wallis sobre “Las esencias del comportamiento económico en el largo plazo”.
    Wallis, catedrático de Economía de la Universidad de Maryland, explicó que lo que produce el crecimiento económico a largo plazo es, sobre todo, la reducción de la frecuencia y la intensidad de las recesiones. Esto se debe a los cambios institucionales que tienen lugar a lo largo del tiempo.
    Según los análisis históricos llevados a cabo al respecto, las tasas de crecimiento a corto plazo y la frecuencia y la intensidad de las recesiones han sido elevadas durante la mayor parte de la historia. En los países en desarrollo siguen siendo altas y muy variables. Entonces, ¿por qué se producen las mejoras en el crecimiento a largo plazo? Pues porque la frecuencia y la intensidad de las recesiones han disminuido. De hecho, la tasa de crecimiento a corto plazo ha tendido a reducirse a lo largo del tiempo, más que a aumentar, cuando ha mejorado el crecimiento a largo plazo.
    En consecuencia, la forma en la que los países se enriquecen es con crecimientos bajos pero sostenidos. Esto explica porque los países ricos son cada vez más ricos, ya que en los países pobres las crisis se producen con mayor frecuencia y son más intensas.
    Adam Smith nos enseñó que el crecimiento económico a largo plazo depende de la amplitud de los mercados, de la especialización productiva y de la división del trabajo, como explicó con su conocido ejemplo de la fábrica de alfileres. En este mundo, también pueden contribuir al crecimiento económico el desarrollo tecnológico, la transición demográfica, los cambios estructurales en las economías y las guerras. Aun así, ello no basta por sí mismo para superar la trampa maltusiana sin que se produzca una intervención que lo haga posible.
    Esto se debe a que la sociedad smithsoniana es una sociedad que se basa en las relaciones interpersonales, en el conocimiento del otro y, por tanto, en la confianza. En esta sociedad, las élites disfrutan de privilegios y detentan un poder que usan, por lo general, para defender dichos privilegios. En este sentido, las élites se encuentran menos dispuestas a respetar los contratos porque solo pueden obligarlas a hacerlo efectivamente capas superiores a ellas en la sociedad. Son relaciones de arriba hacia abajo en las que cuanto más alto se encuentra uno, más difícil es que tenga a alguien por encima que le obligue a satisfacer la palabra dada.
    Este tipo de sociedades son más propensas a que se produzcan crisis más amplias y más frecuentes, ya que el incumplimiento de los contratos puede desencadenar situaciones de ruptura dentro de las élites mismas que impidan las relaciones comerciales entre los miembros de la élite. Con los estratos inferiores de la sociedad esas relaciones no existirán puesto que carecen de capacidad de imponer la satisfacción de los contratos y, por tanto, se abstendrán de relacionarse económicamente con niveles sociales más elevados a los suyos.
    Las sociedades modernas, en cambio, se adaptan mejor a las situaciones de crisis porque las relaciones son impersonales y, por ello, tienen lugar entre todos los niveles de la sociedad, Con ello, se elimina la posibilidad de una ruptura de las élites que lleve a una crisis a todos como consecuencia de los cambios y las incertidumbres que afectan a esas élites. Aquí las élites ya no pueden usar las leyes en su favor, con lo que se ven obligadas a satisfacer los contratos suscritos. Las rupturas no se producen y, de esta forma, disminuyen la cuantía y la intensidad de las crisis.
    52 min
  • Gobernanza global y sector privado. Sean Cleary, español
    ¿Dónde están los límites de la acción colectiva en el contexto actual de complejidad? Sean Cleary, director general del Center for Advanced Governance, presidente de Strategic Concept y vicepresidente ejecutivo de la FutureWorld Foundation, trató de responder a esta cuestión en la conferencia que pronunció el 4 de abril en la Fundación Rafael del Pino.
    Para Cleary, la sociedad humana es un sistema complejo, incapaz de someterse a un control directivo, inmerso en la biosfera plantearía y en adaptación constante. Por ello, existe una gran asimetría entre la escala y la profundidad de la economía global, la ausencia de una comunidad global inclusiva y el estado de la política mundial, lo que está provocando problemas como consecuencia de la ruptura del proceso de transición de lo local a lo global.
    Esta situación conlleva importantes desafíos que es necesario acometer a escala global, por ejemplo en todo lo relacionado con el medio ambiente y el crecimiento económico sostenible. En este sentido, el primer desafío para la gobernanza global es que casi todos los actores ven de forma diferente los costes y beneficios de sus acciones, excepto en los momentos de crisis. Por ello existe la necesidad de gestionar los desajustes globales.
    Además, el orden global se estructura sobre valores occidentales que no son, necesariamente, universales. En relación con ello, hay que empezar a admitir que vivimos en un mundo global y heterogéneo, en el que la globalización al estilo anglosajón supone un desafío para otros valores sociales y culturales que provoca reacciones de naturaleza etnocentrista. Para adaptarse a ese contexto, las sociedades tratan de modificar la estructura de sus instituciones, pero con ello se pierde el sentido de comunidad.
    El G-7, por su parte, carece de la capacidad necesaria para conformar la política mundial. Los poderes políticos han tratado de crear instituciones globales, y han fracasado y volverán a fracasar en el empeño. Además, los cambios que están teniendo lugar en el poder económico tienen consecuencias políticas.
    Lo más importante, sin embargo, es que en el núcleo del problema de la gobernanza global reside el hecho de que los políticos son responsables ante sus electores locales, mientras que la mayor parte de las amenazas no entienden de fronteras e, incluso, son globales, con lo que no siempre los líderes políticos toman las decisiones más adecuadas a largo plazo.
    Para afrontar esos desafíos, se necesita un sistema de gobernanza global basado en cinco pilares: la promoción de un sistema de crecimiento económico y desarrollo social sostenible, la reducción efectiva de la pobreza y la mejora de la igualdad, actuar sobre los orígenes de las vulnerabilidades humanas, nacionales y globales y promover la seguridad, compartir las normas y valores que faciliten la convivencia global mientras se mantiene la diversidad cultural y mejorar la calidad de la gobernanza global y de las instituciones internacionales.
    35 min
  • Gobernanza global y sector privado. Sean Cleary, english
    La Fundación Rafael del Pino organizó, 4 de abril de 2016 a las 19 horas, la Conferencia Magistral “Gobernanza global y sector privado” que impartió Sean Cleary.
    ¿Dónde están los límites de la acción colectiva en el contexto actual de complejidad? Sean Cleary, director general del Center for Advanced Governance, presidente de Strategic Concept y vicepresidente ejecutivo de la FutureWorld Foundation, trató de responder a esta cuestión en la conferencia que pronunció el 4 de abril en la Fundación Rafael del Pino.
    Para Cleary, la sociedad humana es un sistema complejo, incapaz de someterse a un control directivo, inmerso en la biosfera plantearía y en adaptación constante. Por ello, existe una gran asimetría entre la escala y la profundidad de la economía global, la ausencia de una comunidad global inclusiva y el estado de la política mundial, lo que está provocando problemas como consecuencia de la ruptura del proceso de transición de lo local a lo global.
    Esta situación conlleva importantes desafíos que es necesario acometer a escala global, por ejemplo en todo lo relacionado con el medio ambiente y el crecimiento económico sostenible. En este sentido, el primer desafío para la gobernanza global es que casi todos los actores ven de forma diferente los costes y beneficios de sus acciones, excepto en los momentos de crisis. Por ello existe la necesidad de gestionar los desajustes globales.
    Además, el orden global se estructura sobre valores occidentales que no son, necesariamente, universales. En relación con ello, hay que empezar a admitir que vivimos en un mundo global y heterogéneo, en el que la globalización al estilo anglosajón supone un desafío para otros valores sociales y culturales que provoca reacciones de naturaleza etnocentrista. Para adaptarse a ese contexto, las sociedades tratan de modificar la estructura de sus instituciones, pero con ello se pierde el sentido de comunidad.
    El G-7, por su parte, carece de la capacidad necesaria para conformar la política mundial. Los poderes políticos han tratado de crear instituciones globales, y han fracasado y volverán a fracasar en el empeño. Además, los cambios que están teniendo lugar en el poder económico tienen consecuencias políticas.
    Lo más importante, sin embargo, es que en el núcleo del problema de la gobernanza global reside el hecho de que los políticos son responsables ante sus electores locales, mientras que la mayor parte de las amenazas no entienden de fronteras e, incluso, son globales, con lo que no siempre los líderes políticos toman las decisiones más adecuadas a largo plazo.
    Para afrontar esos desafíos, se necesita un sistema de gobernanza global basado en cinco pilares: la promoción de un sistema de crecimiento económico y desarrollo social sostenible, la reducción efectiva de la pobreza y la mejora de la igualdad, actuar sobre los orígenes de las vulnerabilidades humanas, nacionales y globales y promover la seguridad, compartir las normas y valores que faciliten la convivencia global mientras se mantiene la diversidad cultural y mejorar la calidad de la gobernanza global y de las instituciones internacionales.
    35 min
  • Tiempo, espacio y el futuro del pasado: los horizontes de la Historia. David Armitage, español
    David Armitage, Lloyd C. Blankfein Professor of History de la Universidad de Harvard.
    En su conferencia, hizo un llamamiento a los historiadores y a todo aquel interesado en el papel de la Historia en la sociedad contemporánea debido a la necesidad de recuperar y revitalizar esta rama del saber como instrumento de conocimiento y herramienta para el mejor desarrollo de la humanidad.
    42 min
  • Por qué fracasan los países. James Robinson, english
    ¿Por qué fracasan los países? James Robinson, catedrático de Economía Política en la Harris School de Política Pública en la Universidad de Chicago ofreció una respuesta a esta pregunta en la conferencia que pronunció el 29 de marzo en la Fundación Rafael del Pino.
    Según Robinson, coautor del libro “Por qué fracasan los países”, las sociedades de éxito son las que generan productividad. La diferencia entre los países ricos y pobres no es, en realidad, de renta per cápita, sino de productividad. Y detrás de ello se encuentra la forma en que las sociedades están organizadas; las normas, los sistemas de incentivos y las oportunidades que se generan en su seno. Todo lo cual depende de las instituciones.
    Bill Gates y Carlos Slim son dos de las personas más ricas del mundo, pero la forma en la que hicieron su fortuna y el impacto de su enriquecimiento en las sociedades estadounidense y mexicana, respectivamente, son muy diferentes como consecuencia, precisamente, de las diferencias institucionales entre ambos países. En Estados Unidos hay instituciones inclusivas que llevan a la gente hacia las actividades innovadoras que generan riqueza para el conjunto de la sociedad. En México, en cambio, las instituciones no aplican las normas y permiten la generación de monopolios, como el de Slim, que enriquecen a unos pocos y empobrecen a la mayoría, incluido al Estado.
    Detrás de las instituciones hay un Estado, un sistema político, que es el que crea dichas instituciones. Si las instituciones que se crean son inclusivas, es decir, que definen y defienden los derechos de propiedad, los países prosperan. Si, por el contrario, son extractivas, o sea, que no definen ni protegen esos derechos, entonces los países fracasan. Las primeras permiten aprovechar el talento latente en las sociedades; las segundas, no. Los países pobres, desde esta óptica, no lo son porque carezcan de gente capaz, sino porque el sistema institucional no permite sacar partido de esas capacidades.
    Las instituciones extractivas, además, concentran el poder político, mientras que las inclusivas lo distribuyen por la sociedad. Así se configuran las instituciones políticas. Y las instituciones políticas extractivas dan lugar a instituciones económicas extractivas, mientras que las inclusivas generan otras económicas también inclusivas. Las primeras crean pobreza; las segundas, crecimiento económico y desarrollo.
    Hay casos, no obstante, como el de China, en el que instituciones políticas extractivas dan lugar a instituciones económicas inclusivas que generan crecimiento económico. Pero esa situación es inestable e insostenible en el tiempo.
    Por lo que se refiere a España, el país es un ejemplo de mucho éxito en términos económicos y políticos porque tiene instituciones inclusivas. Pero también existen algunas extractivas que establecen un nexo entre la política, las empresas de construcción y las entidades financieras que explica la crisis.
    33 min

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