Cuando la Real bajó por primera vez a Segunda División, en la temporada 1934-1935, el trauma fue grande. El Donostia, que así se denominaba el club entonces por los años republicanos que vivía España, afrontaba una enorme crisis económica y una precariedad tremenda que se vio incluso en la confección de la plantilla. Por eso, su aterrizaje en la División de Plata fue de todo menos cómoda y la primera victoria tardó en llegar cinco jornadas. Pero cuando ganó, lo hizo a lo grande. Superó en Atotxa al Barakaldo, uno de los favoritos para pelear por el ascenso, y lo hizo por goleada