La facilidad con que nos dispersamos o nos enfrascamos en nosotros mismos nos vuelven incapaces para la comunidad, para la vida de familia, para ejercer la fraternidad. Los hermanos somos responsables de nuestros hermanos, debemos interesarnos por ellos y estar al pendiente de sus vidas. Cristo nos enseña a corregir al hermano que yerra para regresarlo al redil.