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Devenir episodes

  • Rosa Luxemburgo
    Nadie escoge el lugar de nacimiento, pero de una manera u otra, más o menos profundamente, marca nuestra vida.
    En el caso de Rosa Luxemburgo, la mujer a quien el líder soviético Vladimir Lenin llamaría el "Águila de la Revolución", ese accidente de nacimiento fue crucial para ayudar a formar la pensadora y revolucionaria en la que se convertiría.
    Rosa nació en un pequeño pueblo llamado Zamo??, cerca de Lublin, en 1871, cuando Polonia era parte del Imperio Ruso.
    "No era nacionalista, ni creía en la autodeterminación de los polacos, pues quería que los trabajadores del mundo se unieran obviando las fronteras", le dijo a la BBC Jacqueline Rose, codirectora del Instituto Birkbeck para las Humanidades de la Universidad de Londres.
    La esposa de Lenin y otras 3 mujeres importantes de la Revolución Rusa
    "Sin embargo, el hecho de que nació en un país que estaba bajo el dominio de otro le hizo entender la necesidad y el potencial de la revolución y la resistencia a injusticias históricas".
    Era menuda y no muy alta, pero no se achicaba ante nadie.
    La familia de Rosa era judía, liberal, educada, y su padre había estudiado en Alemania.
    "Cuando regresó a Polonia trajo consigo ideas contemporáneas, el interés en asuntos internacionales y el gusto por la literatura occidental", cuenta Lea Haro, editora de la traducción de todas las obras de Rosa Luxemburgo al inglés.
    "Su madre también era una ávida lectora de libros en alemán y polaco, y le gustaba particularmente Friedrich Schiller. Era una familia muy cosmopolita".
    Vena revolucionaria
    Debido a sus experiencias, Rosa se politizó desde sus primeros años.
    No había podido ir al mejor colegio, pues estaba reservado para los rusos y ella era polaca.
    El antisemitismo era endémico en la vida cotidiana, y lo sintió a diario como niña de colegio en la actitud de sus compañeros de clase.
    Y en 1881 ese sentimiento antijudío desencadenó una ola de pogromos terroríficos.
    Para cuando la familia se mudó a Varsovia, Rosa tenía 15 años y ya estaba involucrada en actividades clandestinas.
    "En el espíritu de Rosa Luxemburgo el ideal socialista era una pasión avasalladora que todo lo arrollaba; una pasión, a la par, del cerebro y del corazón, que la devoraba y la acuciaba a crear", escribió su gran amiga Clara Zetkin, después de su muerte.
    Su vena revolucionaria la llevó a unirse al Partido del Proletariado, el primer partido socialista polaco.
    Cuando los activistas intentaron organizar una huelga general, algunos de los líderes fueron capturados y ejecutados.
    Con solo 18 años, Rosa tuvo que huir a Suiza, donde conoció a su compañero revolucionario socialista, Leo Jogiches.
    Más que camarada
    Jogiches, también conocido por su nombre de guerra Tyscha o Tyscho, se convirtió en uno de los grandes amores e influencias de su vida.
    En esta carta, ella está esperando a que se encuentre con ella, a orillas del lago Ginebra:
    "Dyodyo, mi dorado, acabo de recibir tu carta y la tarjeta. ¡Dos días más de espera!
    "Hoy ha estado gris desde por la mañana, por primera vez, pero ni una gota de lluvia. El lago brilla con una superficie lisa del color del acero. Me gusta tanto el clima tranquilo y melancólico como éste; lo único malo es que me invita a soñar, no a trabajar.
    "¡Oh, Dyodyo, apúrate!".
    Ella misma se sorprendió de cuán buena oradora era.
    Rosa Luxemburgo le escribió casi un millar de cartas a Leo Jogiches entre 1893 y 1914.
    En ellas, "a menudo él es descrito como una figura que le ayudó a formar su ideología política e intelectual", señala Jacqueline Rose, quien escribió sobre Rosa Luxemburgo en su libro "Women in Dark Times".
    "Eventualmente ella lo superó y se convirtió en una oradora y pensadora por derecho propio".
    A medida que la fama de Luxemburgo como teórica marxista crecía, Jogiches se iba amargando cada vez más. En 1907 se separaron.
    Cita con la revolución, en el lugar equivocado
    En 1898, Rosa Luxemburg se mudó a Berlín, que sería su hogar por el resto de su vida. Se casó con el hijo de una amiga con el que nunca vivió para obtener la ciudadanía pues, como muchos de sus contemporáneos, estaba convencida de que en Alemania comenzaría la revolución.
    "La voz, el lenguaje... todo brota con precisión".
    Ese primer año le escribió a Jogiches, quien todavía está en Suiza:
    "No tienes idea del efecto que han tenido mis intentos de hablar en reuniones públicas. ¡Yo no creía que podía hacerlo! Pero aproveché una oportunidad y ahora estoy segura que en cuestión de 6 meses seré una de las mejores oradoras del partido.
    "La voz, el lenguaje... todo brota con precisión. Y más importante, me paré en la tribuna con tanta calma que parecía que lo hubiera estado haciendo durante 20 años".
    Tenía razón. Era "brillante hablando en público. Además, como escritora, era emotiva, aguda, a menudo sarcástica -'monstruosamente falta de tacto', fue como la describió un biógrafo-. Realmente irresistible... muy poderosa", resalta Rose.
    Rosa se abrió camino rápidamente en las filas del Partido Socialdemócrata alemán.
    Participantes a la conferencia del Partido Socialdemocrático Alemán en 1913: la tercera de la izquierda es Rosa Luxemburgo, y al frente en el centro, su amiga Clara Zetkin. Meses después se sentirían traicionadas por el partido.
    Y en 1905, la revolución se extendió, pero no en Alemania, sino en el Imperio ruso.
    Con sus propios ojos
    "Su respeto por lo que estaba pasando en Rusia y su crítica a lo que ocurría con la socialdemocracia alemana, el partido la empezó a detestar.
    ¿Qué fue la Revolución Rusa de 1917 y por qué fue tan importante?
    "Entre más la odiaban sus copartidarios, más popular se volvía en las calles, más famosa, más bienvenida era en mítines del proletariado. Ella representaba la capacidad del espíritu revolucionario de exceder los sistemas organizacionales fijos que querían mantenerlo en un solo lugar".
    En 1905 viajó a Varsovia y vio las teorías revolucionarias puestas en práctica.
    En 1906, le escribió entusiasmada desde Varsovia al gran teórico marxista Karl Kautsky y su esposa Lulu sobre el efecto que habían tenido los levantamientos rusos.
    "El sentimiento de solidaridad, hasta hermandad, de los trabajadores rusos está tan desarrollado que uno se queda asombrado.
    "En todas las fábricas, por su iniciativa, los trabajadores han establecido comités que toman todas las decisiones sobre las condiciones de trabajo, sobre a quién contratar y a quién despedir, de manera que el empleador literalmente ha dejado de ser el dueño de su propia casa".
    Dudas y dolor
    En su obra "La huelga de masas, el partido político y los sindicatos" -que terminó después de regresar de Varsovia- Rosa Luxemburgo argumentó que una huelga general podría usarse para provocar una revolución social.
    Monumento a Rosa Luxemburgo en el lugar en el que fue arrojada al agua, malherida pero quizás aún viva.
    Pero estaba empezando a dudar de que los socialdemócratas alemanes estarían a la cabeza de tal revolución.
    "Le tomó mucho tiempo reconocer las verdaderas aspiraciones del partido en el que militaba. Celebró que en agosto de 1914 los socialdemócratas alemanes ganaran más escaños en el Parlamento que nunca, a pesar de que siempre le inquietó ese deseo que tenían de ser parte del sistema político", señala la experta Rose.
    "Pero cuando el partido votó a favor del presupuesto para municiones de guerra ese mismo mes, quedó absolutamente devastada.
    "Su amiga cercana, la política comunista Clara Zedkin, dice en una de sus cartas que ambas contemplaron la posibilidad de suicidarse".
    Grandiosidad y tragedia
    En vez de quitarse la vida, las dos amigas se dedicaron a hacer campaña contra lo que denunciaron como una guerra imperialista.
    Las grandes amigas Rosa Luxemburgo y Clara Zedkin tuvieron que decidir entre continuar luchando por la revolución o la muerte.
    En 1916, ellas, junto con el marxista y antimilitarista Karl Liebknech fundaron el movimiento Liga de los Espartaquistas (1918), que más tarde se transformó en el Partido Comunista Alemán (KPD).
    Y durante esos años Rosa Luxemburgo, ya conocida como "Rosa Roja", fue encarcelada una y otra vez por encabezar protestas contra la Primera Guerra Mundial.
    Fue en la cárcel donde escuchó noticias de las revoluciones rusas de 1917 y le escribió a su amiga Clara.
    "Estoy convencida de que en los próximos años será inevitable un gran conmoción en toda Europa, especialmente si la guerra dura mucho más.
    "Los eventos en Rusia son de una grandiosidad y tragedia asombrosa. Lenin y su gente por supuesto no podrán controlar el caos, pero su intento por sí solo es un hecho de importancia histórica global y un hito genuino".
    A Lenin le indignaron las opiniones de Rosa, pero tras su asesinato dijo que "a pesar de sus errores, ella fue (y lo seguirá siendo para nosotros) un águila".
    Poco después tendría con ese mismo Lenin una de sus más notables disputas.
    La verdadera libertad
    Después de la Revolución Rusa de octubre de 1917, Luxemburgo reprendió a los bolcheviques por su disolución de la Asamblea Constituyente electa y su supresión de los partidos rivales.
    "La libertad sólo para los partidarios del gobierno, sólo para los miembros de un partido, por muy numerosos que sean, no es libertad en absoluto.
    "La libertad es siempre y exclusivamente libertad para aquel que piensa de manera diferente".
    El líder de Rusia Soviética y luego de la Unión Soviética no fue el único al que le dejó saber cuánto había defraudado a quienes compartieron ideales.
    Por ello, hasta el final de su vida, Rosa Luxemburgo fue amada y odiada, en igual medida.
    Ese final
    Del 5 al 12 de enero de 1919, Berlín fue el escenario de una huelga general, con la que los manifestantes soñaban repetir la experiencia rusa tomando el gobierno de las manos de los pocos para dársela a los muchos.
    Karl Liebknecht, marxista y antimilitarista, arrestado y asesinado al mismo tiempo que Rosa Luxemburgo.
    Se le conoce como el Levantamiento Espartaquista, aunque en realidad la Liga Espartaquista no la convocó ni la dirigió, aunque sí que cooperó.
    De hecho, Rosa Luxemburgo señaló que la situación alemana de 1919 no era igual a la de Rusia en 1917, y que no contaban con lo necesario para derrocar al gobierno.
    Sin embargo, aunque anticipó que se venía una catástrofe, se sintió obligada a participar.
    El presidente socialdemócrata Friedrich Ebert respondió ordenándole a los freikorps -para entonces una banda de protonazis- que aplastaran la rebelión.
    Y así lo hicieron.
    "¡Yo fui, yo soy y yo seré!"
    Una vez cumplida esa misión, el 15 de enero de 1919, detuvieron a Rosa Luxemburgo y a Karl Liebknecht.
    Los golpearon, torturaron y humillaron.
    La división implicada en el asesinato de Rosa Luxemburgo y Karl Liebknecht en el Hotel Edén ese día.
    A ella, uno de los paramilitares le rompió el cráneo con la culata de su rifle.
    Con la sangre brotando de su herida, la metieron a un auto, donde fue abatida a tiros y arrojada al canal Landwehr de Berlín.
    Semanas más tarde, mientras investigaba la muerte de Rosa Luxemburgo, la mujer a la que había amado, Leo Jogiches fue asesinado en Berlín.
    Cuatro meses y medio después, su cuerpo fue encontrado y reconocido gracias a sus guantes y lo que quedaba de su vestido, aunque desde entonces y todavía no es seguro que fueran sus restos.
    Las últimas palabras que escribió conocidas fueron:
    "Mañana la revolución se levantará vibrante y anunciará con su fanfarria, para terror de ustedes: ¡Yo fui, yo soy y yo seré!".
    "Con su asesinato -observó Isaac Deutscher, biógrafo de Trotsky- "la Alemania de (la casa dinástica de los) Hohenzollern celebró su último triunfo y la Alemania nazi, el primero".
    Por Dalia Ventura.
    1 hr 53 min
  • Los Goliardos: pobres, cultos y libertinos
    Herejes, borrachos, sabios con los manuscirtos a cuestas, monjes licenciosos a la deriva, estudiantes de mala vida y peor fortuna, taberneros e inquisidores, humanistas y vitalistas, los hijos de Goliat, los endemoniados, los Goliardos. Esta semana nos vamos directos al siglo XII para hacer un viaje por las puertas de los conventos, las universidades, las tabernas y los prados primaverales de la mano de los Goliardos: los monjes prófugos que durante la Edad Media vivieron en los márgenes del sistema, huidos de sus conventos, errantes de ciudad en ciudad huyendo siempre del trabajo establecido mientras sembraban las semillas de la crítica a un sistema autoritario y pietista. Esta semana arremángate la sotana que nos vamos a hacer el pagano sobre la mesa de la taberna...
    58 min
  • Anselmo Lorenzo
    Pensador anarquista y activista sindical español. Nacido en el seno de una familia humilde perteneciente a la clase trabajadora (sus padres eran unos campesinos que, en busca de mejor fortuna, se establecieron con sus hijos en Madrid cuando el pequeño Anselmo era aún un niño de corta edad), aprendió el oficio de tipógrafo. Integrado en círculos revolucionarios, recibió en la capital española al activista italiano Giuseppe Fanelli, enviado a la Península Ibérica por Mijail Bakunin con el propósito de constituir los primeros núcleos internacionalistas españoles y propagar la doctrina de la I Internacional.
    De la mano del historiador Julián Vadillo, en el programa de hoy nos acercamos a la figura de Anselmo Lorenzo (1841-1914), clave en el desarrollo del movimiento obrero y del anarquismo en la Península Ibérica. A través de su trayectoria vital nos acercamos al republicanismo federal, al primer asociacionismo obrero, al Sexenio Democrático (1868-1874), a la irrupción del anarquismo y de la AIT, a la I República y el levantamiento cantonalista, a los ecos de la Comuna de París, a la disputa Marx-Bakunin y sus consecuencias en la Federación Española, a la represión estatal contra el anarquismo, a la labor de la Escuela Moderna, a la Semana Trágica de 1909, a la fundación de la CNT o al estallido de la Primera Guerra Mundial.
    1 hr 11 min
  • El origen de la materia oscura
    Charla de Guillermo Ballesteros.
    ¿Qué es la materia oscura? La respuesta más breve y sencilla es que no lo sabemos. Sin embargo, sí que sabemos algunas cosas sobre ella; por ejemplo, que es unas seis veces más abundante en el Universo que la materia de la que estamos hechos nosotros. En esta charla hablaremos de cómo podemos desvelar las propiedades de esta materia (que tal vez deberíamos llamar "invisible") y de las ideas básicas existentes para explicar su origen.
    1 hr 4 min
  • Si el dinero pierde su función
    Benway donde nos acerca al libro Crédito a muerte, La descomposición del capitalismo y sus críticos de Ansem Jappe.
    Los medios y las instancias oficiales ya nos están preparando: muy pronto,va a desencadenarse una nueva crisis financiera mundial, y será peor que la de 2008. Se habla abiertamente de «catástrofes » y de « desastres ». Pero, ¿qué pasará después? ¿Cómo viviremos después del derrumbe a amplia escala de los bancos y las finanzas públicas? Argentina ya vivió esto en 2002. Posteriormente, pagando el precio de un empobrecimiento en masa, la economía
    argentina pudo recuperarse un tanto : pero, en este caso, se trataba de un solo país. Actualmente, todas las finanzas europeas y norteamericanas se encuentran a punto de hundirse juntas, sin salvador posible.
    ¿En qué momento el crack de las bolsas dejará de ser una noticia que descubrimos en los medios para volverse perceptible al pasear en la calle? Respuesta : cuando el dinero haya perdido su función habitual. O bien haciéndose raro (deflación), o bien circulando en cantidades enormes pero desvalorizadas (inflación). En ambos casos, la circulación de mercancías y
    servicios se hará más lenta, quizás hasta pararse por completo. Quienes poseen mercancías u ofrecen servicios ya no encontrarán a nadie con capacidad de pagarlos con dinero creíble, lo que les permitiría comprar a su vez otras mercancías o servicios. Por lo tanto, los conservarán para ellos mismos. Veremos tiendas llenas, pero sin clientes, fábricas en perfectas condiciones pero sin nadie para trabajar, y también escuelas donde los profesores dejarán de presentarse, después de llevar meses sin recibir sueldos. Entonces, nos daremos cuenta de una verdad tan evidente que ya no la veíamos : no existe ninguna crisis en la producción misma. La productividad en todos los sectores aumenta continuamente. Las superficies cultivables de la tierra pueden alimentar a toda la población del mundo, mientras los talleres y las fábricas producen incluso mucho más de lo que es necesario, deseable y sustentable. Las miserias del mundo no se deben, como en la Edad Media, a catástrofes naturales, sino más bien a una especie de hechizo que separa a los hombres de sus productos.
    Lo que ya dejó de funcionar, es la “interfaz” que se impuso entre los hombres y lo que producen: el dinero. En la modernidad, el dinero se volvió la “mediación universal” (Marx). La crisis nos confronta con la paradoja fundadora de la sociedad capitalista: en ella, la producción de bienes y servicios no es un fin, sino sólo un medio. El único fin es la multiplicación del dinero, es invertir un euro o un dólar para conseguir dos. Y cuando este mecanismo se descompone, es toda la producción “real” que sufre y hasta puede bloquearse por completo. Así que, como el Tántalo del mito griego, nos encontramos frente a riquezas que, al momento de querer agarrarlas, se alejan: sólo, porque no podemos pagarlas. Esta renuncia forzada siempre ha sido el destino del pobre. Pero ahora, y es algo inédito, nos puede pasar a todos, o casi. La última palabra del mercado es dejarnos morir de hambre en medio de montañas de alimentos que se pudren, sin que nadie pueda tocarlas.
    Sin embargo, los críticos del capitalismo financiero nos aseguran de que las finanzas, el crédito y las bolsas de valores no son más que verrugas sobre un cuerpo económico sano. Una vez que haya estallado la “burbuja”, habrá turbulencias y quiebras, pero al final será una sangría saludable y se podrá volver a iniciar con una economía real más sólida. ¿De veras? Hoy, conseguimos casi todo pagando. Es el caso, más específicamente, pero no exclusivamente, de la mayoría de la población que vive en las ciudades y que no podría ni alimentarse con su propia producción, ni calentarse con sus propios recursos, ni tener luz, ni curarse, ni desplazarse de manera autónoma. Ni siquiera durante tres días. Si el supermercado, la compañía de luz o el hospital dejaran de aceptar une dinero “bueno” (por ejemplo una moneda extranjera fuerte, y no los billetes impresos por el banco nacional, ya completamente desvalorizados), o si ya no hubiera mucho, llegaríamos muy pronto al desamparo más completo. De estar lo suficientemente numerosos y listos para la “insurrección”, todavía podríamos asaltar el supermercado o conectarnos directamente a la red eléctrica. Pero una vez que la tienda deje de ser abastecida y que la central eléctrica se pare por no poder pagar sus trabajadores y proveedores, ¿qué haremos? Podríamos organizar un sistema de trueque, nuevas formas de solidaridad e intercambios directos : hasta sería una magnífica ocasión para renovar el “vínculo social”. Pero, ¿quien puede creer que lo lograremos en poco tiempo y a larga escala, en medio del caos y los pillajes? Regresaremos todos al campo, dicen algunos, para tener acceso directo a las materias primas. Que pena que durante tantos años la Comunidad Europea haya pagado a los campesinos para cortar sus árboles frutales, arrancar sus viñedos y sacrificar a su ganado…
    Después del derrumbe de los países de Europa del Este, millones de personas sobrevivieron gracias a algún pariente que vivía en el campo y tenía una pequeña hortaliza. ¿Quién podría decir lo mismo en Europa occidental o Norteamérica?
    Quizás no lleguemos a estos extremos. Pero, incluso un derrumbe parcial del sistema financiero nos confrontaría con las consecuencias de este hecho : nos encontramos atados de pies y manos con el dinero, ya que se le encomendó la tarea exclusiva de asegurar el funcionamiento de la sociedad. Dicen que el dinero existió desde los primeros momentos de la historia. Pero, en las sociedades precapitalistas, tenía un papel meramente marginal. Sólo en las décadas más recientes hemos llegado al punto de que cada manifestación de la vida (o casi) pasa por el dinero. Ahora, este se ha infiltrado en los rincones más profundos de la existencia individual y colectiva. Sin el dinero que hace circular las cosas, somos como un cuerpo privado de sangre. Pero el dinero sólo es “real” cuando es la expresión de un trabajoefectivamente realizado y del valor en el cual se representa este trabajo. Por lo demás, el dinero no es más que una ficción, basada exclusivamente en la confianza mutua de los actores – una confianza que puede llegar a evaporarse, tal como lo estamos viendo actualmente. Asistimos a un fenómeno que la ciencia económica no había previsto: no la crisis de una moneda y de la economía que esta representa, creando así una ventaja para otra moneda más fuerte. El euro, el dólar y el yen están todos en
    crisis, y los pocos países a los cuales las agencias evaluadoras todavía atribuyen un AAA, no tendrán la capacidad suficiente como para salvar a la economía mundial. Ninguna de las recetas económicas propuestas está funcionando. En ninguna parte. El mercado libre no funciona mejor que el Estado, la austeridad no sirve más que la reactivación mediante la demanda, el keynesianismo no más que el monetarismo. El problema se ubica en un nivel más profundo. Asistimos a una desvalorización del dinero en cuanto tal, a la perdida de su papel, a su obsolescencia. No por una decisión consciente por parte de una humanidad por fin cansada de lo que ya Sófocles llamaba “la más funesta de las invenciones humanas”. Sino en un proceso no controlado, caótico y extremadamente peligroso. Es algo como quitarle su silla de ruedas a alguien después de haberlo privado del uso de sus piernas durante mucho tiempo. El dinero es nuestro fetiche: un dios que nosotros mismos hemos creado, del cual creemos que dependemos y al cual estamos dispuestos a sacrificar todo con tal de aplacar su ira.
    ¿Qué hacer? No hacen falta los vendedores de recetas alternativas: economía social y solidaria, sistemas de intercambios locales, monedas alternativas (como monedas fundantes), ayuda mutua ciudadana… En el mejor de los casos, esto sólo podría funcionar en algunos pequeños nichos, mientras alrededor lo demás sigue funcionando. Por lo menos, hay algo seguro: no es suficiente “indignarse” frente a los “excesos” de las finanzas y la “codicia” de los banqueros.
    Aunque ésta existe efectivamente, no es la causa, sino la consecuencia del agotamiento de la dinámica capitalista. La sustitución del trabajo vivo – única fuente de valor que, bajo la formadinero, es la finalidad exclusiva de la producción capitalista – por tecnologías que no crean valor, llegó a secar casi por completo la fuente de la producción de valor. Obligado por la
    presión de la competencia a desarrollar nuevas tecnologías, el capitalismo ha cortado la rama sobre la cual estaba sentado. Este proceso, que desde un principio es parte de su lógica fundamental, ha rebasado en las últimas décadas un umbral crítico. La no rentabilidad del uso del capital no ha podido ser ocultada sino a través de una expansión cada vez más masiva del
    crédito, que es un consumo anticipado de las ganancias esperadas para el futuro. Ahora, hasta esta prolongación artificial de la vida del capital parece haber agotado todas sus posibilidades.
    Por lo tanto, debemos plantearnos la necesidad – pero al mismo tiempo constatar la posibilidad, la oportunidad – de salir de un sistema basado en el valor y el trabajo abstracto, el dinero y la mercancía, el capital y el salario. Este salto hacia lo desconocido puede asustar, incluso a quienes no dejan de denunciar los crímenes de los “capitalistas”. Por el momento, prevalece la cacería de los malos especuladores. Aunque no podamos sino compartir la indignación frente a las ganancias de los bancos, hay que subrayar que dicha actitud se queda muy por debajo de una crítica del capitalismo como sistema. No es de sorprenderse si Obama y Georg Soros dicen
    entender esta indignación. La verdad es mucho más trágica : si los bancos caen y empiezan a darse quiebras en cadena, si dejan de distribuir dinero, estamos en peligro de hundirnos todos con ellos, pues desde hace mucho tiempo se nos ha privado de la posibilidad de vivir de una forma que no sea gastando dinero. Sería bueno volver a aprenderlo. Pero, ¡quien sabe a que “precio” esto ocurrirá!
    Nadie puede decir honestamente que sabe cómo organizar la vida de decenas de millones de personas cuando el dinero habrá perdido su función. Por lo menos sería bueno admitir que ahí está el problema. Quizás, así como se perfila un después del petróleo, es tiempo de prepararnos para lo que vendrá después del dinero.
    23 min
  • Otro fin del mundo es posible
    Si la semana pasada presentábamos el nuevo libro de Naredo "taxonomía del lucro", hoy hacemos lo propio con éste de Jorge Riechmann sobre transiciones ecosociales, colapsos y la imposibilidad de lo necesario...
    Con Virginia Rodríguez, Marta Valero, Santiago Álvarez Cantalapiedra, Irene Gómez-Olano, Saúl Flores Martínez y Jorge Riechmann, autor del libro.
    2 hr 6 min
  • "Tinderización" de las relaciones y consumismo de los cuerpos
    Durante las últimas décadas hemos visto cómo la estrategia neoliberal, que mantiene a flote al capitalismo, ha extendido las lógicas del mercado hacia otros ámbitos de nuestra vida. Desde la sanidad, la educación o las pensiones, hasta la vivienda, los espacios de ocio y los bancos para sentarse en la vía pública.
    Ámbitos cada vez más privados, y más privatizados, son objeto de estudio de muchas autoras, lo cual nos brinda herramientas para analizar estos procesos. El amor no se libra, y esta mercantilización influye también sobre la forma en la que nos relacionamos de manera afectiva con lxs demás, familia, amiguxs o parejas. Y como dijo Kate Millet lo personal es político.
    ¿Hemos naturalizado las lógicas individualistas y consumistas, de usar y tirar, también en nuestras relaciones? ¿Qué influencia tienen las app para ligar en nuestra forma de concebir el las relaciones sexo-afectivas? ¿Se han convertido nuestras relaciones y, por tanto, los cuerpos atravesados por las mismas, en objetos de consumo y producto que generan beneficios? ¿Es el poliamor también polifacético, o puede ser un dique de contención en este asunto?
    De todos ello hablaremos en la próxima sesión del curso de economía de la Universidad del Barrio, con la participación de:
    Sandra Cendal, editora de «Continta me tienes» y coordinadora colección «(h)amor»
    Lionel S. Delgado, sociólogo e investigador en temáticas de género
    1 hr 55 min
  • El desorden financiero en la era de la globalización
    Presentación con el autor (junto a Michael Ash) Francisco Louça, Judith Carreras, Lorena Cabrerizo, Cuca Hernández e Isidro López...
    [Reproducimos a continuación el prólogo de Boaventura de Sousa Santos del libro que llega esta semana a las librerías]
    Escrito por dos conocidos economistas, este libro puede y debe ser leído no solo por especialistas sino por todos los ciudadanos y ciudadanas interesadas en conocer los subterráneos de la economía y de la política que rige nuestras vidas hoy en día. No se trata de un interés desinteresado, por placer intelectual. Se trata de aclarar una inquietud difusa que está presente en muchas de nuestras conversaciones, la sensación de que nuestra vida democrática, nuestras divergencias políticas, las decisiones de nuestros parlamentos y de nuestros gobiernos, todo eso no es más que la punta del iceberg. Esa punta es lo que llamamos justamente democracia, pero se asienta en una vasto conjunto de condiciones, poderes colosales, conflictos de vida y muerte que suceden fuera de nuestra vista y de nuestros medios de comunicación y cuyas resoluciones no se producen mediante procesos democráticos.
    Los autores llaman a este vasto conjunto economía en la sombra, finanzas en la sombra. Hoy en día, es ahí donde se decide todo lo que tiene el impacto más decisivo en nuestras vidas. No quiere decir que nuestros conflictos democráticos no sean genuinos. Solo quiere decir que están muy condicionados por intereses y poderes fácticos que escapan al escrutinio democrático. Aclarar, y aclarar de forma brillante, las razones de esta inquietud es el principal mérito de este libro. Pero tiene muchos otros, y destaco solo los principales. En primer lugar, tiene una vocación interdisciplinar que le permite establecer fructíferos diálogos con otras disciplinas. Solo un ejemplo personal. Siendo sociólogo y no economista, vengo dando voz en mis trabajos a la inquietud que he mencionado aunque sin identificar en detalle el conjunto de las circunstancias que la generan (me faltan conocimientos para ello). La forma en la que he identificado la inquietud quizás sea conocida por algunos lectores: vivimos en sociedades políticamente democráticas pero socialmente fascistas. Para mí, el fascismo de nuestro tiempo es por ahora, un fascismo social y no un fascismo político, es decir, es un régimen de relaciones sociales que coloca a las grandes mayorías dependientes de decisiones tomadas por pequeñas pero poderosas minorías con poder fáctico de las que las mayorías no tienen conocimiento o sobre las cuales no tienen ningún control. Distingo cinco formas de fascismo social, una de ellas, el fascismo financiero. Pues bien, este libro demuestra con impresionantes detalles el modus operandi del fascismo financiero, aunque los autores no usen esta denominación lo que no tiene ninguna relevancia.
    En segundo lugar, este libro muestra que todo lo que ocurre en el mundo en la sombra de las finanzas internacionales, ocurre en mundos paralelos: decisiones de unas decenas de actores muy poderosos se presentan de forma creíble como decisiones que son el resultado de infinidad de pequeñas decisiones de pequeños decisores anónimos que, en conjunto, constituyen “los mercados”. Pero estas decisiones que son eminentemente políticas, se presentan como decisiones técnicas. Estas medidas concretas se dan en fechas precisas, con participantes identificados, pero son vistas sin ni siquiera ser consideradas como decisiones, toda vez que, supuestamente, no había lugar para otras opciones diferentes a las que fueron tomadas. En suma, no hubo decisiones, hubo necesidad de que se impusieran inexorablemente.
    ¿Cómo es posible mantener estos dos mundos paralelos separados y a la vez creíbles durante mucho tiempo? Responder a esta pregunta es otro mérito del libro. En una verdadera hazaña por el mundo de la sociología del conocimiento, los autores muestran que la duplicidad está inscrita en el entrenamiento profesional de los académicos y CEOs que actúan en este mundo. Académicos respetados se especializaron en medias verdades e intensos masajes de datos para ocultar sus conflictos de intereses. Van habituándose a ver la universidad como una tienda de campaña comparada con los relucientes palacios del capital financiero donde es más confortable “trabajar”. Se trata de un entrenamiento complejo para hacer pasar percepciones como realidades, números arbitrarios por números rigurosos, contingencias por necesidades perentorias, sef-fulfilling prophecies, por previsiones, en resumen, para hacer pasar la arbitrariedad del rigor por rigor de la arbitrariedad. Esta conciencia dual tiene un objetivo bien definido: salvar el sistema, cueste lo que cueste.
    Esta dimensión de la obra merece ser especialmente destacada. Por un lado, no hay sistema, hay un caos disfrazado de orden. La economía en la sombra no esconde una economía más racional y más real. Se trata de dos mundos paralelos que no existen uno sin el otro y en el que ninguno es más importante o más racional que el otro. Por otro lado, defender a toda costa el “sistema” puede significar destruir vidas humanas, destrozar la economía de países enteros, poner fin a regímenes democráticos, ya de por sí frágiles; en fin, puede conducir el mundo a nuevas crisis globales que en el pasado tanto sufrimiento y destrucción causaron.
    Sin duda, es un libro inquietante, pero es tan lúcida la demostración de la inquietud que nos deja una alivio secreto, a la tenue luz de la capacidad de los seres humanos para superar las condiciones que les impiden humanizarse plenamente. No podría tener razones más fuertes para recomendar encarecidamente la lectura de este libro.
    2 hr 6 min
  • Filósofos españoles: Julián Marías 3
    Con Francisco José Martinez y Antonio Garcia Santesmases
    En Wikipedia:
    Nació en Valladolid el 17 de junio de 1914. En 1919 se trasladó con su familia a Madrid y estudió en el Colegio Hispano. En 1931 obtuvo el título de Bachiller, en Ciencias –con premio extraordinario– y en Letras, en el Instituto Cardenal Cisneros.
    Entre 1931 a 1936 cursó Filosofía y Letras (especialidad de Filosofía) con premio de licenciatura en 1939, en la Universidad Complutense de Madrid, en la cual fue discípulo de Ortega y Gasset, Xavier Zubiri, José Gaos y Manuel García Morente, entre otros. También empezó la carrera de Química, que abandonó al comprobar que su verdadera vocación era la filosofía.
    A los 26 años, escribió una Historia de la filosofía citando textos originales que consultaba en su biblioteca particular. Aprendió griego por indicación de Xavier Zubiri y, leyendo la primera edición de Sein und Zeit de Heidegger en 1934, perfeccionó el alemán que había aprendido en las clases de bachiller con Manuel Manzanares. Su primera publicación de cierta entidad es su participación en el libro Juventud en el mundo antiguo, editado en 1934 (recogía textos de Marías, Carlos Alonso del Real y Manuel Granell) narrando el crucero universitario que en 1933 realizaron estos estudiantes por el mar Mediterráneo, y en el que también participaron Salvador Espriu, Enrique Lafuente Ferrari, Luis Díez del Corral, Antonio Rodríguez Huéscar, etc. Asimismo, en 1934 publica una traducción de Auguste Comte, por encargo de Ortega.
    Marías obtuvo la licenciatura en junio de 1936. Un mes después estalló la Guerra Civil. Marías fue reclutado en las filas republicanas, pero por su miopía no se le destinó al frente, quedando en el servicio de traducción, dados sus conocimientos de francés, alemán e inglés, entre otras lenguas. Durante la guerra, participó en revistas como Hora de España. Tras la batalla del Ebro y la rápida ocupación de Cataluña, Marías apoyó la constitución del Consejo Nacional de Defensa propugnado por quien fue maestro en su Facultad Julián Besteiro, así como por José Miaja, Cipriano Mera y Segismundo Casado en las páginas del ABC republicano, mediante editoriales que aparecieron sin firma. En sus memorias, Marías reproduce el último de esos artículos, «La grandeza del Consejo Nacional de Defensa», y proporciona un testimonio interesante acerca de los últimos días de guerra en Madrid. Luis Español publicó algunos de los referidos editoriales y tras la muerte de Marías, su discípulo Heliodoro Carpintero los publicó en su totalidad.
    Acabada la guerra fue denunciado, supuestamente por uno de sus mejores amigos, Carlos Alonso del Real. La denuncia fue apoyada por un profesor de arqueología, Julio Martínez Santa-Olalla, y contó con el testimonio del novelista Darío Fernández Flórez. Marías pasó unos meses en la cárcel y pudo haber sido condenado a mayores penas de no ser por la intercesión de Salvador Lissarrague Novoa, Camilo José Cela, Manuel Mindán Manero y la familia de Ortega. Quedó postergado por el régimen de Franco y no pudo obtener el doctorado hasta 1951 (su tesis sobre el padre Gratry, presentada en 1942, había sido suspendida). Como en otros muchos casos se le ofreció integrarse en la universidad, pero rechazó el ofrecimiento por negarse a jurar los Principios Fundamentales del Movimiento. Tampoco pudo publicar en prensa hasta entrados los años cincuenta, y durante mucho tiempo sobrevivió traduciendo libros (Paul Hazard, Leibniz, Séneca, Wilhelm Dilthey, Karl Bühler, etc.), dando clases en una academia (Aula Nueva) creada con un grupo de amigos, y más tarde con conferencias y charlas, dentro y fuera de España.
    En 1941 contrajo matrimonio con Dolores Franco Manera (1912–1977), hermana mayor del director de cine Jesús Franco, compañera de Marías en la Facultad de Filosofía y Letras, profesora y escritora. Con ella tuvo ocho hijos, cinco hijos varones: Julián (1945–1949); Miguel (1947), economista y crítico de cine; Fernando (1949), catedrático de Historia del Arte; Javier (1951), escritor; y Álvaro (1953), músico; y tres hijas: Mary Reyes, Consuelo y Margarita.
    En 1941 publicó su primer libro: Historia de la filosofía (prologado por Zubiri, y en ediciones posteriores con un epílogo póstumo de Ortega), un repaso extenso, ameno y sucinto de la materia desde sus orígenes hasta ese momento que, dada su claridad expositiva, se convertirá en manual de éxito entre estudiantes hispanos y, a raíz de su traducción al inglés, también entre los del ámbito anglosajón. En esta temprana obra ya están presentes algunas de las claves del estilo característico de Marías:[cita requerida] claridad y transparencia en la exposición, rigor en las fuentes, y explicación desde la filosofía de la razón vital, que comparte con su maestro Ortega. A este libro seguirán más de setenta: Marías, que no pudo cumplir su vocación de maestro en España, se volcó en la escritura para suplir esta carencia y evitar, además, caer en lo que sus dos maestros principales, Ortega y Gasset y Unamuno, habían incurrido: dejar proyectos inacabados, libros anunciados, pero no escritos.[cita requerida]
    En 1948, junto con Ortega y Gasset, fundó el Instituto de Humanidades de Madrid, de corta pero fecunda vida. Bastante tiempo después, creó el Seminario de Humanidades, por el que pasaron grandes nombres de la intelectualidad española del último tercio del siglo XX, como Miguel Artola, Carmen Martín Gaite, Heliodoro Carpintero, Gonzalo Anes y otros.
    Católico practicante, Marías participó en las sesiones del Concilio Vaticano II. En 1982 pasó a formar parte del Consejo Internacional Pontificio para la Cultura, creado por Juan Pablo II.
    En 1947 obtuvo el Premio Fastenrath por su obra Miguel de Unamuno. En 1964 obtuvo el Premio Kennedy otorgado por el Instituto de Estudios Norteamericanos de Barcelona. Desde 1964 fue miembro de la Real Academia Española, ocupando el sillón «S». En 1971 obtuvo el Premio Juan Palomo por Antropología metafísica. En 1972 obtuvo el Premio Gulbenkian de Ensayo. En 1973 recibió el Premio de Ensayo de la Académie du Monde Latin. En 1975 obtuvo el Premio Ramón Godó de periodismo. También fue senador por designación real entre 1977 y 1979. Un año más tarde fue pregonero de la Semana Santa de Valladolid.
    En 1985 recibió el Premio Mariano de Cavia por su artículo «La libertad en regresión». En 1987 recibió el Premio de las Letras de Castilla y León. En 1990 ingresó en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. En 1993 recibió la insignia francesa de la Orden de las Artes y de las Letras. En 1996 recibió el Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades, junto al periodista e historiador italiano Indro Montanelli. En 2001, la medalla de oro al Mérito en el Trabajo. En 2002, el XVI Premio Internacional Menéndez Pelayo, así como el Premio Cristóbal Gabarrón de Pensamiento y Humanidades. En 2003, el Premio e Cultura de la Comunidad de Madrid.
    Falleció en Madrid el 15 de diciembre de 2005, a la edad de 91 años.
    El 5 de abril de 2011 se le concedió la distinción a título póstumo de hijo adoptivo de la ciudad de Soria, ciudad donde transcurrieron sus últimos veranos y que permaneció presente en los recuerdos del filósofo: «En ella se puede asistir a lo que está pasando en España y gran parte del mundo; y se puede prever lo que podría ser el porvenir si no se renuncia a lo que es inexorablemente la vida humana».
    Pensamiento
    Como miembro destacado de la «escuela de Madrid», término que contribuyó a asentar, desarrolló muchos de los temas iniciados o insinuados por Ortega y Gasset en sus escritos o conferencias. En la obra Introducción a la Filosofía (1947) presenta y desarrolla de forma sistemática los temas capitales filosóficos a la luz de la filosofía de la razón vital. Entiende que la «introducción a la Filosofía» tiene como misión «el descubrimiento y la constitución, en nuestra circunstancia concreta, del ámbito de filosofar (concreto también) exigido por esta».
    En su esquema, la filosofía aparece como un hacer humano y un ingrediente de nuestra vida. Filosofía es un saber a qué atenerse respecto a la situación real. Sólo de este modo podrá ser la filosofía un hacer radical: «la filosofía tiene la exigencia de justificarse a sí misma, de no apoyarse en ninguna otra certidumbre, sino, por el contrario dar razón a la realidad misma, por debajo de sus interpretaciones y, por tanto, también de las presuntas certidumbres que encuentro». La filosofía es un saber radical y a la vez sistemático y circunstancial, derivado de la radicalidad, sistematicidad y circunstancialidad de la vida humana.
    Entre las contribuciones filosóficas de Marías destacan:
    La estructura empírica de la vida humana. Entre la teoría analítica de la vida humana y la narración concreta biográfica de ella hay un campo intermedio compuesto por los elementos que no constituyen requisitos a priori de la vida, pero que pertenecen de hecho a las vidas concretas.
    Su idea de la metafísica. Partiendo de ésta como ciencia de la realidad radical, Marías sostiene que el hombre no es la realidad radical, sino «una realidad radicada que descubro en mi vida, como las demás». La realidad radical es más bien la vida, que debe entenderse como un área en la cual se constituyen las realidades como tales. De ahí que su teoría de la vida humana no sea una preparación para la metafísica, sino la metafísica.
    58 min
  • Filósofos españoles: Julián Marías 2
    Julián Marías será visto pronto como el hombre que a cada dos por tres repite: " como decía Ortega..."
    Dice Heleno Saña de él: "pertenecía al bando de los vencidos pero fué todo lo contrario de un perseguido o proscrito...; No se plantea a fondo la problemática del hombre y de la sociedad, de ahí la pobreza de sus reflexiones sobre temas tan cruciales como la injusticia social, las diferencias de clase o las condiciones de vida de los parias de la tierra. Es significativo que al hablar de las formas muy distintas de infidelidad al cristianismo, incluya entre ellas, sin el menor asomo de rubor, la de "la exclusiva atención a los pobres, con descuido o acaso hostilidad respecto a los que no lo son"..., una clara y mezquina alusión a la opción por los pobres de la teología de la liberación. Aquí como en toda su obra escribe para los estratos liberal-conservadores de los que él mismo forma parte..."
    En Wikipedia:
    Nació en Valladolid el 17 de junio de 1914. En 1919 se trasladó con su familia a Madrid y estudió en el Colegio Hispano. En 1931 obtuvo el título de Bachiller, en Ciencias –con premio extraordinario– y en Letras, en el Instituto Cardenal Cisneros.
    Entre 1931 a 1936 cursó Filosofía y Letras (especialidad de Filosofía) con premio de licenciatura en 1939, en la Universidad Complutense de Madrid, en la cual fue discípulo de Ortega y Gasset, Xavier Zubiri, José Gaos y Manuel García Morente, entre otros. También empezó la carrera de Química, que abandonó al comprobar que su verdadera vocación era la filosofía.
    A los 26 años, escribió una Historia de la filosofía citando textos originales que consultaba en su biblioteca particular. Aprendió griego por indicación de Xavier Zubiri y, leyendo la primera edición de Sein und Zeit de Heidegger en 1934, perfeccionó el alemán que había aprendido en las clases de bachiller con Manuel Manzanares. Su primera publicación de cierta entidad es su participación en el libro Juventud en el mundo antiguo, editado en 1934 (recogía textos de Marías, Carlos Alonso del Real y Manuel Granell) narrando el crucero universitario que en 1933 realizaron estos estudiantes por el mar Mediterráneo, y en el que también participaron Salvador Espriu, Enrique Lafuente Ferrari, Luis Díez del Corral, Antonio Rodríguez Huéscar, etc. Asimismo, en 1934 publica una traducción de Auguste Comte, por encargo de Ortega.
    Marías obtuvo la licenciatura en junio de 1936. Un mes después estalló la Guerra Civil. Marías fue reclutado en las filas republicanas, pero por su miopía no se le destinó al frente, quedando en el servicio de traducción, dados sus conocimientos de francés, alemán e inglés, entre otras lenguas. Durante la guerra, participó en revistas como Hora de España. Tras la batalla del Ebro y la rápida ocupación de Cataluña, Marías apoyó la constitución del Consejo Nacional de Defensa propugnado por quien fue maestro en su Facultad Julián Besteiro, así como por José Miaja, Cipriano Mera y Segismundo Casado en las páginas del ABC republicano, mediante editoriales que aparecieron sin firma. En sus memorias, Marías reproduce el último de esos artículos, «La grandeza del Consejo Nacional de Defensa», y proporciona un testimonio interesante acerca de los últimos días de guerra en Madrid. Luis Español publicó algunos de los referidos editoriales y tras la muerte de Marías, su discípulo Heliodoro Carpintero los publicó en su totalidad.
    Acabada la guerra fue denunciado, supuestamente por uno de sus mejores amigos, Carlos Alonso del Real. La denuncia fue apoyada por un profesor de arqueología, Julio Martínez Santa-Olalla, y contó con el testimonio del novelista Darío Fernández Flórez. Marías pasó unos meses en la cárcel y pudo haber sido condenado a mayores penas de no ser por la intercesión de Salvador Lissarrague Novoa, Camilo José Cela, Manuel Mindán Manero y la familia de Ortega. Quedó postergado por el régimen de Franco y no pudo obtener el doctorado hasta 1951 (su tesis sobre el padre Gratry, presentada en 1942, había sido suspendida). Como en otros muchos casos se le ofreció integrarse en la universidad, pero rechazó el ofrecimiento por negarse a jurar los Principios Fundamentales del Movimiento. Tampoco pudo publicar en prensa hasta entrados los años cincuenta, y durante mucho tiempo sobrevivió traduciendo libros (Paul Hazard, Leibniz, Séneca, Wilhelm Dilthey, Karl Bühler, etc.), dando clases en una academia (Aula Nueva) creada con un grupo de amigos, y más tarde con conferencias y charlas, dentro y fuera de España.
    En 1941 contrajo matrimonio con Dolores Franco Manera (1912–1977), hermana mayor del director de cine Jesús Franco, compañera de Marías en la Facultad de Filosofía y Letras, profesora y escritora. Con ella tuvo ocho hijos, cinco hijos varones: Julián (1945–1949); Miguel (1947), economista y crítico de cine; Fernando (1949), catedrático de Historia del Arte; Javier (1951), escritor; y Álvaro (1953), músico; y tres hijas: Mary Reyes, Consuelo y Margarita.
    En 1941 publicó su primer libro: Historia de la filosofía (prologado por Zubiri, y en ediciones posteriores con un epílogo póstumo de Ortega), un repaso extenso, ameno y sucinto de la materia desde sus orígenes hasta ese momento que, dada su claridad expositiva, se convertirá en manual de éxito entre estudiantes hispanos y, a raíz de su traducción al inglés, también entre los del ámbito anglosajón. En esta temprana obra ya están presentes algunas de las claves del estilo característico de Marías:[cita requerida] claridad y transparencia en la exposición, rigor en las fuentes, y explicación desde la filosofía de la razón vital, que comparte con su maestro Ortega. A este libro seguirán más de setenta: Marías, que no pudo cumplir su vocación de maestro en España, se volcó en la escritura para suplir esta carencia y evitar, además, caer en lo que sus dos maestros principales, Ortega y Gasset y Unamuno, habían incurrido: dejar proyectos inacabados, libros anunciados, pero no escritos.[cita requerida]
    En 1948, junto con Ortega y Gasset, fundó el Instituto de Humanidades de Madrid, de corta pero fecunda vida. Bastante tiempo después, creó el Seminario de Humanidades, por el que pasaron grandes nombres de la intelectualidad española del último tercio del siglo XX, como Miguel Artola, Carmen Martín Gaite, Heliodoro Carpintero, Gonzalo Anes y otros.
    Católico practicante, Marías participó en las sesiones del Concilio Vaticano II. En 1982 pasó a formar parte del Consejo Internacional Pontificio para la Cultura, creado por Juan Pablo II.
    En 1947 obtuvo el Premio Fastenrath por su obra Miguel de Unamuno. En 1964 obtuvo el Premio Kennedy otorgado por el Instituto de Estudios Norteamericanos de Barcelona. Desde 1964 fue miembro de la Real Academia Española, ocupando el sillón «S». En 1971 obtuvo el Premio Juan Palomo por Antropología metafísica. En 1972 obtuvo el Premio Gulbenkian de Ensayo. En 1973 recibió el Premio de Ensayo de la Académie du Monde Latin. En 1975 obtuvo el Premio Ramón Godó de periodismo. También fue senador por designación real entre 1977 y 1979. Un año más tarde fue pregonero de la Semana Santa de Valladolid.
    En 1985 recibió el Premio Mariano de Cavia por su artículo «La libertad en regresión». En 1987 recibió el Premio de las Letras de Castilla y León. En 1990 ingresó en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. En 1993 recibió la insignia francesa de la Orden de las Artes y de las Letras. En 1996 recibió el Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades, junto al periodista e historiador italiano Indro Montanelli. En 2001, la medalla de oro al Mérito en el Trabajo. En 2002, el XVI Premio Internacional Menéndez Pelayo, así como el Premio Cristóbal Gabarrón de Pensamiento y Humanidades. En 2003, el Premio e Cultura de la Comunidad de Madrid.
    Falleció en Madrid el 15 de diciembre de 2005, a la edad de 91 años.
    El 5 de abril de 2011 se le concedió la distinción a título póstumo de hijo adoptivo de la ciudad de Soria, ciudad donde transcurrieron sus últimos veranos y que permaneció presente en los recuerdos del filósofo: «En ella se puede asistir a lo que está pasando en España y gran parte del mundo; y se puede prever lo que podría ser el porvenir si no se renuncia a lo que es inexorablemente la vida humana».
    Pensamiento
    Como miembro destacado de la «escuela de Madrid», término que contribuyó a asentar, desarrolló muchos de los temas iniciados o insinuados por Ortega y Gasset en sus escritos o conferencias. En la obra Introducción a la Filosofía (1947) presenta y desarrolla de forma sistemática los temas capitales filosóficos a la luz de la filosofía de la razón vital. Entiende que la «introducción a la Filosofía» tiene como misión «el descubrimiento y la constitución, en nuestra circunstancia concreta, del ámbito de filosofar (concreto también) exigido por esta».
    En su esquema, la filosofía aparece como un hacer humano y un ingrediente de nuestra vida. Filosofía es un saber a qué atenerse respecto a la situación real. Sólo de este modo podrá ser la filosofía un hacer radical: «la filosofía tiene la exigencia de justificarse a sí misma, de no apoyarse en ninguna otra certidumbre, sino, por el contrario dar razón a la realidad misma, por debajo de sus interpretaciones y, por tanto, también de las presuntas certidumbres que encuentro». La filosofía es un saber radical y a la vez sistemático y circunstancial, derivado de la radicalidad, sistematicidad y circunstancialidad de la vida humana.
    Entre las contribuciones filosóficas de Marías destacan:
    La estructura empírica de la vida humana. Entre la teoría analítica de la vida humana y la narración concreta biográfica de ella hay un campo intermedio compuesto por los elementos que no constituyen requisitos a priori de la vida, pero que pertenecen de hecho a las vidas concretas.
    Su idea de la metafísica. Partiendo de ésta como ciencia de la realidad radical, Marías sostiene que el hombre no es la realidad radical, sino «una realidad radicada que descubro en mi vida, como las demás». La realidad radical es más bien la vida, que debe entenderse como un área en la cual se constituyen las realidades como tales. De ahí que su teoría de la vida humana no sea una preparación para la metafísica, sino la metafísica.
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