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  • Contrahistoria de la filosofía 4
    4. Hedonistas ( Aristipo)
    Michel Onfray lleva ya muchos años entregado al proyecto de hacer pedazos la tradición dominante en filosofía.
    Se apoya en la convicción de que la historia de la filosofía, tal como se enseña en las escuelas y se propaga en los libros, es una historia sesgada, adulterada, repetitiva, llena de inercias y omisiones, que legitima y perpetúa no sólo una forma de concebir la filosofía académica sino también una ideología.
    Cualquiera que haya pisado una aula de filosofía habrá advertido que casi siempre se estudia a los mismos autores, desde las mismas perspectivas y con los mismos textos de referencia, tal como si existiera una versión oficial e institucionalizada. Los anales de la disciplina responden, quién sabe si por decreto, comodidad o pereza, al punto de vista idealista: comenzando por Platón y llegando por lo menos a Hegel, los autores que constituyen la columna vertebral de los planes de estudio se cuentan todos entre las filas del idealismo.
    Como si se hubiera convertido en programa aquella ocurrencia de Whitehead de que la tradición filosófica no es más que una serie de notas a pie de página de Platón, las corrientes alternativas y los autores que no encajan en ese hilo consagrado se dejan al margen, se postergan para un después que simplemente no llega. ¿Por qué esa historia se sigue escribiendo de la misma manera, mecánicamente, y casi sin conciencia crítica? ¿No es una falta imperdonable y en cualquier caso muy sintomática de una disciplina que en principio debería ser la más reflexiva? ¿Por qué a los atomistas, los materialistas, los cínicos, los cirenaicos y otros contemporáneos de Sócrates se les da el trato de simples comparsas? ¿Por qué a Montaigne se le “degrada” como un desordenado literato y nunca se leen a fondo sus Ensayos? ¿Por qué a los pragmatistas y a los utilitaristas –Bentham, Stuart Mill et al.– se les despacha en un reglón cansino y fastidiado? ¿Y los sofistas y los epicúreos acaso nunca existieron? ¿Y los gnósticos y los goliardos y los libertinos barrocos? ¿Quién se ocupa de traer al presente a Lorenzo Valla, Cyrano de Bergerac, Gassendi, Erasmo, La Mettrie; quién pide a sus alumnos que lean a La Boétie, a Emerson o a Thoreau, y ya ni se diga a Lou Salomé? ¿A qué responde tanta marginación y desprecio?
    Está claro que todo canon comporta una criba y por tanto un silenciamiento, pero lo que hace que algo huela muy mal en el reino de la academia es que esa criba está envuelta en miasmas tan añejos que ya ni siquiera se reconocen y menos se someten a examen. La interpretación que da Onfray de este auténtico auto de fe conceptual es que todas esas omisiones responden a un plan de guerra sostenido durante siglos por la Iglesia y el Estado –a través de sus monjes copistas y de sus profesores enclaustrados– para preservar el statu quo, para justificar el mundo tal como es, para apuntalar una civilización judeocristiana que exige alejarse de la vida terrenal y sacrificarlo todo en aras de un cielo, ya sea de salvación o de ideas.
    Defensor de una ética hedonista que privilegia la alegría y reivindica el libertinaje, Onfray se opone a esa historia oficial por frígida, por pacata, por situarse muy lejos del cuerpo y de la vida cotidiana.
    Es tiempo de contar la contrahistoria de la filosofía, la que reivindica el cuerpo frente al alma, el hedonismo contra el ideal ascético, el goce de la vida y no la preparación para la muerte.
    15 min
  • Contrahistoria de la filosofía 3
    3. Cínicos (Diógenes)
    Michel Onfray lleva ya muchos años entregado al proyecto de hacer pedazos la tradición dominante en filosofía.
    Se apoya en la convicción de que la historia de la filosofía, tal como se enseña en las escuelas y se propaga en los libros, es una historia sesgada, adulterada, repetitiva, llena de inercias y omisiones, que legitima y perpetúa no sólo una forma de concebir la filosofía académica sino también una ideología.
    Cualquiera que haya pisado una aula de filosofía habrá advertido que casi siempre se estudia a los mismos autores, desde las mismas perspectivas y con los mismos textos de referencia, tal como si existiera una versión oficial e institucionalizada. Los anales de la disciplina responden, quién sabe si por decreto, comodidad o pereza, al punto de vista idealista: comenzando por Platón y llegando por lo menos a Hegel, los autores que constituyen la columna vertebral de los planes de estudio se cuentan todos entre las filas del idealismo.
    Como si se hubiera convertido en programa aquella ocurrencia de Whitehead de que la tradición filosófica no es más que una serie de notas a pie de página de Platón, las corrientes alternativas y los autores que no encajan en ese hilo consagrado se dejan al margen, se postergan para un después que simplemente no llega. ¿Por qué esa historia se sigue escribiendo de la misma manera, mecánicamente, y casi sin conciencia crítica? ¿No es una falta imperdonable y en cualquier caso muy sintomática de una disciplina que en principio debería ser la más reflexiva? ¿Por qué a los atomistas, los materialistas, los cínicos, los cirenaicos y otros contemporáneos de Sócrates se les da el trato de simples comparsas? ¿Por qué a Montaigne se le “degrada” como un desordenado literato y nunca se leen a fondo sus Ensayos? ¿Por qué a los pragmatistas y a los utilitaristas –Bentham, Stuart Mill et al.– se les despacha en un reglón cansino y fastidiado? ¿Y los sofistas y los epicúreos acaso nunca existieron? ¿Y los gnósticos y los goliardos y los libertinos barrocos? ¿Quién se ocupa de traer al presente a Lorenzo Valla, Cyrano de Bergerac, Gassendi, Erasmo, La Mettrie; quién pide a sus alumnos que lean a La Boétie, a Emerson o a Thoreau, y ya ni se diga a Lou Salomé? ¿A qué responde tanta marginación y desprecio?
    Está claro que todo canon comporta una criba y por tanto un silenciamiento, pero lo que hace que algo huela muy mal en el reino de la academia es que esa criba está envuelta en miasmas tan añejos que ya ni siquiera se reconocen y menos se someten a examen. La interpretación que da Onfray de este auténtico auto de fe conceptual es que todas esas omisiones responden a un plan de guerra sostenido durante siglos por la Iglesia y el Estado –a través de sus monjes copistas y de sus profesores enclaustrados– para preservar el statu quo, para justificar el mundo tal como es, para apuntalar una civilización judeocristiana que exige alejarse de la vida terrenal y sacrificarlo todo en aras de un cielo, ya sea de salvación o de ideas.
    Defensor de una ética hedonista que privilegia la alegría y reivindica el libertinaje, Onfray se opone a esa historia oficial por frígida, por pacata, por situarse muy lejos del cuerpo y de la vida cotidiana.
    Es tiempo de contar la contrahistoria de la filosofía, la que reivindica el cuerpo frente al alma, el hedonismo contra el ideal ascético, el goce de la vida y no la preparación para la muerte.
    18 min
  • Contrahistoria de la filosofía 2
    2. Atomistas (Leucipo, Demócrito)
    Michel Onfray lleva ya muchos años entregado al proyecto de hacer pedazos la tradición dominante en filosofía.
    Se apoya en la convicción de que la historia de la filosofía, tal como se enseña en las escuelas y se propaga en los libros, es una historia sesgada, adulterada, repetitiva, llena de inercias y omisiones, que legitima y perpetúa no sólo una forma de concebir la filosofía académica sino también una ideología.
    Cualquiera que haya pisado una aula de filosofía habrá advertido que casi siempre se estudia a los mismos autores, desde las mismas perspectivas y con los mismos textos de referencia, tal como si existiera una versión oficial e institucionalizada. Los anales de la disciplina responden, quién sabe si por decreto, comodidad o pereza, al punto de vista idealista: comenzando por Platón y llegando por lo menos a Hegel, los autores que constituyen la columna vertebral de los planes de estudio se cuentan todos entre las filas del idealismo.
    Como si se hubiera convertido en programa aquella ocurrencia de Whitehead de que la tradición filosófica no es más que una serie de notas a pie de página de Platón, las corrientes alternativas y los autores que no encajan en ese hilo consagrado se dejan al margen, se postergan para un después que simplemente no llega. ¿Por qué esa historia se sigue escribiendo de la misma manera, mecánicamente, y casi sin conciencia crítica? ¿No es una falta imperdonable y en cualquier caso muy sintomática de una disciplina que en principio debería ser la más reflexiva? ¿Por qué a los atomistas, los materialistas, los cínicos, los cirenaicos y otros contemporáneos de Sócrates se les da el trato de simples comparsas? ¿Por qué a Montaigne se le “degrada” como un desordenado literato y nunca se leen a fondo sus Ensayos? ¿Por qué a los pragmatistas y a los utilitaristas –Bentham, Stuart Mill et al.– se les despacha en un reglón cansino y fastidiado? ¿Y los sofistas y los epicúreos acaso nunca existieron? ¿Y los gnósticos y los goliardos y los libertinos barrocos? ¿Quién se ocupa de traer al presente a Lorenzo Valla, Cyrano de Bergerac, Gassendi, Erasmo, La Mettrie; quién pide a sus alumnos que lean a La Boétie, a Emerson o a Thoreau, y ya ni se diga a Lou Salomé? ¿A qué responde tanta marginación y desprecio?
    Está claro que todo canon comporta una criba y por tanto un silenciamiento, pero lo que hace que algo huela muy mal en el reino de la academia es que esa criba está envuelta en miasmas tan añejos que ya ni siquiera se reconocen y menos se someten a examen. La interpretación que da Onfray de este auténtico auto de fe conceptual es que todas esas omisiones responden a un plan de guerra sostenido durante siglos por la Iglesia y el Estado –a través de sus monjes copistas y de sus profesores enclaustrados– para preservar el statu quo, para justificar el mundo tal como es, para apuntalar una civilización judeocristiana que exige alejarse de la vida terrenal y sacrificarlo todo en aras de un cielo, ya sea de salvación o de ideas.
    Defensor de una ética hedonista que privilegia la alegría y reivindica el libertinaje, Onfray se opone a esa historia oficial por frígida, por pacata, por situarse muy lejos del cuerpo y de la vida cotidiana.
    Es tiempo de contar la contrahistoria de la filosofía, la que reivindica el cuerpo frente al alma, el hedonismo contra el ideal ascético, el goce de la vida y no la preparación para la muerte.
    15 min
  • Contrahistoria de la filosofía 1
    1.Introducción. Materialismo frente a idealismo.
    Michel Onfray lleva ya muchos años entregado al proyecto de hacer pedazos la tradición dominante en filosofía.
    Se apoya en la convicción de que la historia de la filosofía, tal como se enseña en las escuelas y se propaga en los libros, es una historia sesgada, adulterada, repetitiva, llena de inercias y omisiones, que legitima y perpetúa no sólo una forma de concebir la filosofía académica sino también una ideología.
    Cualquiera que haya pisado una aula de filosofía habrá advertido que casi siempre se estudia a los mismos autores, desde las mismas perspectivas y con los mismos textos de referencia, tal como si existiera una versión oficial e institucionalizada. Los anales de la disciplina responden, quién sabe si por decreto, comodidad o pereza, al punto de vista idealista: comenzando por Platón y llegando por lo menos a Hegel, los autores que constituyen la columna vertebral de los planes de estudio se cuentan todos entre las filas del idealismo.
    Como si se hubiera convertido en programa aquella ocurrencia de Whitehead de que la tradición filosófica no es más que una serie de notas a pie de página de Platón, las corrientes alternativas y los autores que no encajan en ese hilo consagrado se dejan al margen, se postergan para un después que simplemente no llega. ¿Por qué esa historia se sigue escribiendo de la misma manera, mecánicamente, y casi sin conciencia crítica? ¿No es una falta imperdonable y en cualquier caso muy sintomática de una disciplina que en principio debería ser la más reflexiva? ¿Por qué a los atomistas, los materialistas, los cínicos, los cirenaicos y otros contemporáneos de Sócrates se les da el trato de simples comparsas? ¿Por qué a Montaigne se le “degrada” como un desordenado literato y nunca se leen a fondo sus Ensayos? ¿Por qué a los pragmatistas y a los utilitaristas –Bentham, Stuart Mill et al.– se les despacha en un reglón cansino y fastidiado? ¿Y los sofistas y los epicúreos acaso nunca existieron? ¿Y los gnósticos y los goliardos y los libertinos barrocos? ¿Quién se ocupa de traer al presente a Lorenzo Valla, Cyrano de Bergerac, Gassendi, Erasmo, La Mettrie; quién pide a sus alumnos que lean a La Boétie, a Emerson o a Thoreau, y ya ni se diga a Lou Salomé? ¿A qué responde tanta marginación y desprecio?
    Está claro que todo canon comporta una criba y por tanto un silenciamiento, pero lo que hace que algo huela muy mal en el reino de la academia es que esa criba está envuelta en miasmas tan añejos que ya ni siquiera se reconocen y menos se someten a examen. La interpretación que da Onfray de este auténtico auto de fe conceptual es que todas esas omisiones responden a un plan de guerra sostenido durante siglos por la Iglesia y el Estado –a través de sus monjes copistas y de sus profesores enclaustrados– para preservar el statu quo, para justificar el mundo tal como es, para apuntalar una civilización judeocristiana que exige alejarse de la vida terrenal y sacrificarlo todo en aras de un cielo, ya sea de salvación o de ideas.
    Defensor de una ética hedonista que privilegia la alegría y reivindica el libertinaje, Onfray se opone a esa historia oficial por frígida, por pacata, por situarse muy lejos del cuerpo y de la vida cotidiana.
    Es tiempo de contar la contrahistoria de la filosofía, la que reivindica el cuerpo frente al alma, el hedonismo contra el ideal ascético, el goce de la vida y no la preparación para la muerte.
    14 min
  • La Globalización: problemas y oportunidades
    Alejandro Molins de la Fuente.
    Globalización: realidad, certidumbres y dudas
    Escuchamos y leemos a diario datos e informes que nos hablan del papel que juega la globalización en nuestras vidas.
    Esta globalización afecta tanto a los aspectos económicos, como a los culturales, políticos…
    Vamos en esta charla a comentar algunos de los datos y opiniones sobre estas materias para tratar de situar el contexto y el papel que juega en nuestras vidas, en lo personal y en lo global y con una especial referencia a lo digital
    1 hr 37 min
  • Sangre, tierra, lengua, religión. El Nacionalismo...
    Manuel Reyes Mate: La capacidad destructora de la lógica nacionalista.
    Toda filosofia nos muestra como seres necesitados de asideros ante el gran misterio de lo desconocido, que eso es la vida, para salvaguardarnos de sus amenazantes peligros: Dios, Estado, Ciencia, Patria, Nación, Lenguaje...asideros, asideros, asideros. Sin ver que nuestros asideros también encierran amenazas reales.
    Necesitamos identidades, necesitamos territorios seguros...
    El nacionalismo viene de lejos aunque hoy ha cobrado una virulencia especial en España y en otros países europeos. El Ponente se propone situar el nacionalismo catalán o español en el contexto de nuestra historia para hacer ver cómo se reproduce el modelo español de definir la identidad comunitaria excluyendo, con lo que los catalanes de hoy serían los legítimos herederos de los Reyes Católicos. También tendrá en cuenta la novedad de los nacionalismos modernos, nacidos en el siglo XIX al amparo del Estado-nación. Y, si hay tiempo, hará ver cómo nosotros hoy no podemos hablar de nacionalismo sin tener en cuenta las experiencias traumáticas del siglo XX en Europa.
    1 hr 35 min
  • Canciones revolucionarias anarquistas conmemorativas del Primero de Mayo.
    Recuperamos el programa de La Bañera de Ulises del 2006 en homenaje a los Mártires de Chicago, sindicalistas anarquistas que fueron ejecutados en la silla eléctrica por participar en la lucha por la jornada laboral de 8 horas...
    Años más tarde de la ejecución, el presidente Franklin Delano Roosvelt los declaró inocentes.
    Anteriormente a esas reivindicaciones del Primero de mayo se hacían jornadas de trabajo de hasta 14 horas diarias, incluidos los niños.
    Luego se consiguieron las 40 horas semanales...
    En 1889 hubo un concurso de canciones y poesías revolucionarias en España.
    Se escucha la canción del alicantino Ramón Carratalá titulada "Hijos del Pueblo".
    En 1891 se escuchó también en las huelgas de Barcelona.
    En 1892 en Jerez.
    Grabación histórica tomada en las calles republicanas, en 1937, en plena efervescencia popular anarquista contra el levantamiento fascista de Franco y sus criminales generales.
    - El tema "A las barricadas" se basa en un tema soviético titulado La Varsoviana, inspirado a su vez en otro polaco.
    - Suena interpretado por el cantautor Uzte Rouyo.
    - En los años 1990 lo interpretan los italianos Les Anarchistes.
    - Tema del cantautor francés Leo Ferré, con motivo del levantamiento de los jóvenes contra el Gral. De Gaullue.
    - El movimiento anarquista se remonta a las luchas de Garibaldi en Italia, contra el poder real.
    Hubo un fraile, el Santo Caserio, monje revolucionario que acabó guillotinado.
    - Daniel Esepe, saxofonista italiano, homenajea a Santo Caserio.
    - Caso de los anarquistas Nicolás Saco y Bartolomeu Vanzetti, ejecutados del 12 al 13/8/1927 mediante electrocución en la penitenciaría de Charleston, Massachussets, EE.UU. mediante falsa acuación del asesinato de policías siete años antes.
    Lectura de la carta de Saco a su hijo. "Matarán nuestros cuerpos, pero nunca nuestras ideas".
    - El grupo Les Anarchistes cantan en inglés a Saco y Vanzetti.
    - Recuerdo el Chile de Víctor Jara, que fue ametrallado en el Estadio Nacional (ahora estadio Víctor Jara) de Santiago de Chile por los militares golpistas del asesino Augusto Pinochet.
    Tema "Manuel..." interpretado por Violeta Parra.
    - El napolitano Daniel Esepe, con un reagge reivindicativo, "Hasta siempre", cierra el programa.
    52 min
  • Redes, subjetividad, control
    Conferencia de Christian Ferrer.
    Publicitada en su momento como 'zona liberada', la red informática mundial se parece tanto a un gran cerebro interconectado como a un inmenso campo de entrenamiento para la subjetividad. Mecanismo instantáneo de 'barrer' el continuo brotar del 'inconsciente' de una época, establece conductos de fuga que reconducen al sistema, como si fuera un adentro sin afuera...
    33 min
  • La Historia del Derecho
    Por María José Gandasegui.
    La presencia del derecho como una realidad intangible que corre paralela a la vida de las personas a lo largo de la historia...
    El origen de las normas sociales y su transformación a lo largo de milenios hasta alcanzar a la compleja realidad que ha llegado a ser la vertiente jurídica de la civilización actual.
    El largo recorrido del derecho parte de las primeras ciudades mesopotámicas, la perfección del mundo griego y la creación del un cuerpo jurídico estructurado y coherente en la República y en el Imperio Romano. Desde ahí se adentra en los años oscuros del postclasicismo, atravesando un largo periodo hasta que el mundo occidental empieza a renacer, apareciendo nuevas líneas de desarrollo social, político, cultural y económico.
    Después de conocer cómo el nacimiento de los nuevos Estados y la recepción del Derecho Común afectó a las formas de creación del derecho en toda la Edad Moderna, se llega a la transformación del pensamiento que supuso el racionalismo ilustrado y sus consecuencias revolucionarias a todos los niveles, que transformaron el mundo occidental. El corolario de los movimientos revolucionarios supone una ruptura con el mundo anterior y la creación de nuevas estructuras sociopolíticas.
    El mundo nacido de las revoluciones liberales del siglo XIX es la base de las actuales democracias, después de superar los profundos abismos de los regímenes totalitarios del siglo XX.
    Para estudiar la evolución del derecho, con avances y retrocesos, se han tenido en cuenta los factores sociales, económicos, políticos, culturales y religiosos que determina en cada momento la creación, desarrollo y aplicación del derecho. No se trata pues de una historia del derecho con carácter general, sino de una historia de la civilización occidental en la que el derecho fluye, crece, se desborda y a todas las personas les alcanza.
    1 hr 44 min

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