Un mundo cambiante requiere organizaciones cambiantes
En la antigüedad, las civilizaciones concebían el tiempo como un fenómeno cíclico, en el que el pasado y el futuro eran en esencia lo mismo.
Aparentemente todo permanecía estático, las estaciones se sucedían monótonamente al igual que los periodos de siembra y cosecha de los cultivos, y los modelos sociales y económicos eran perpetuados de generación a generación, de padres a hijos al igual que sus profesiones.
El futuro durante muchas generaciones fue previsible, tan solo una proyección del pasado.
Sin embargo, hoy vivimos en un mundo en el cual lo único constante es el cambio y este cambio se hace cada día más evidente gracias a las profundas transformaciones tecnológicas, económicas y sociales de nuestra época.
Estas transformaciones impactan continuamente nuestra realidad personal, económica y social, propagándose por redes de comunicación globales, cambiado en tiempo real decisiones personales y colectivas, económicas y políticas.
Ya saben, el leve aleteo de una mariposa en Shangai puede provocar una tempestad en Wall Street.
En este mundo cambiante de constantes oleadas de innovaciones disruptivas que transforman el mercado, las organizaciones clásicas, terminan siendo presas de su propio éxito, se vuelven muy inflexibles al cambio.
Tal como lo dijo Jack Welch, exCEO de General Electric “Si el ritmo de cambio de una empresa es inferior al de su entorno, el final de la empresa está a la vista… solo cabe saber cuándo será su final”.
Si consideramos la innovación como la coevolución con el entorno, entonces tenemos que considerar que las empresas del siglo XXI se tienen que reinventar constantemente para no quedar atrás en un mercado cambiante.
Análogo a las dinámicas de los ecosistemas, en donde múltiples organismos compiten por subsistir y adaptarse a diferentes nichos, las organizaciones tienen que competir ferozmente por unos recursos limitados. Tal como ocurre en el medio natural, algunos organismos mueren mientras otros triunfan.
Más que el nicho que se ocupa, lo que realmente resulta decisivo, es la estrategia que se usa.
De esto, en ultimas depende el éxito o fracaso de una organización, claro está que también resulta relevante la calidad del entorno donde se compite, facilidades en la obtención de recursos humanos cualificados, provisión de información, fiscalidad, legislación, seguridad jurídica, infraestructuras, entre otros, factores que también juegan un papel muy importante.
En este escenario resulta especialmente importante que las organizaciones realicen diagnósticos de la necesidad de implementar innovación. Estas innovaciones pueden ser al interior de la organización, con la finalidad de mejorar o hacer más eficientes los procesos, o puede hacerse un análisis externo, con miras a identificar macrotendencias en el mercado que le permitan anticiparse al mismo y estar un paso por delante, abriendo oportunidades para apuestas originales que permitan a la organización desmarcarse del resto.