La disposición emocional es sentirnos con la capacidad y voluntad de convivir, así como generar intimidad con otras personas. Es decir estar disponible para las personas que nos rodean.
La pandemia nos obligó a tomar distancia de la mayoría de las personas con las que solíamos convivir, y ahora, al retomar nuestras relaciones, a veces parece que se nos dificulta más encontrar esa voluntad que nos invitaba a buscar los momentos de encuentro. Por otro lado, también es constante percibirnos menos tolerantes a dinámicas que quizá antes no nos molestaban.