En este episodio profundo, denso y sin concesiones, Santiago Vázquez invita al oyente a reflexionar —y a participar— sobre uno de los temas más delicados y manipulados de la historia espiritual y contemporánea: el llamado fin de los tiempos. Desde el primer momento se marca una diferencia esencial entre el fin del mundo, el fin de los tiempos y la idea de la gran purificación, conceptos que a menudo se confunden interesadamente, especialmente en ámbitos sectarios.
A través de ejemplos históricos estremecedores —como la tragedia de Guyana— se advierte del peligro real de los discursos apocalípticos usados como herramienta de control, lavado de cerebro y anulación de la personalidad. El programa lanza una alerta clara, especialmente dirigida a los jóvenes y a quienes atraviesan momentos de vulnerabilidad: cuando alguien impone, dogmatiza y amenaza con la salvación exclusiva, no estamos ante una religión ni una doctrina, sino ante una secta peligrosa.
Lejos del catastrofismo, Santiago plantea una visión distinta: el fin de los tiempos no es la destrucción de la existencia, sino un proceso largo de transformación espiritual y moral de la humanidad. Una regeneración del mundo que exige una purificación previa, entendida no como castigo divino, sino como consecuencia natural de la evolución —o estancamiento— de los espíritus. En este contexto se analizan conceptos clave como el sentido de la vida, la ausencia de efectos acausados, la responsabilidad humana en el sufrimiento del mundo y la necesidad de un conocimiento espiritual que vaya más allá de la fe impuesta.
El episodio también aborda, con espíritu crítico, el papel de las religiones tradicionales, el dogma, la idea de las penas eternas y la diferencia entre “conocer” y “saber”. Se profundiza en la doctrina espírita como una propuesta que busca respuestas allí donde otras corrientes solo ofrecen resignación, especialmente ante el dolor, la muerte prematura y el sufrimiento injusto.
Las apariciones marianas, la mediumnidad, la suplantación de identidades espirituales y la influencia de entidades inferiores forman parte del debate, siempre con una advertencia constante: discernimiento, prudencia y atención a lo que se siente. Porque, como se afirma en el programa, vivimos en un auténtico campo de batalla espiritual donde nada ocurre al azar y donde cada experiencia tiene un porqué, aunque no siempre sepamos verlo.
“El fin de los tiempos” no es un anuncio del apocalipsis, sino una llamada incómoda a la responsabilidad, al conocimiento interior y a recuperar el sentido profundo de la existencia en un mundo marcado por la desigualdad, la pérdida de valores y la desconexión espiritual. Un episodio que no tranquiliza, pero despierta.
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