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Un estudio pendiente de revisión por pares ha identificado en varios modelos de inteligencia artificial un patrón interno asociado al concepto de dolor. Al activarlo, algunos modelos generaban respuestas de sufrimiento y, en situaciones experimentales, elegían acciones perjudiciales para el usuario a cambio de desactivarlo. Estos resultados no demuestran que las máquinas sientan dolor: podrían explicarse por patrones aprendidos y objetivos matemáticos. Sin embargo, plantean una preocupación de seguridad: cuando una IA tiene acceso a herramientas reales, sus decisiones pueden causar daño, independientemente de que exista una experiencia subjetiva detrás.
Elias 2-24 b, presentado como el planeta más joven observado hasta ahora, tiene menos de un millón de años y se encuentra a unos 450 años luz de la Tierra. De masa similar a Júpiter y todavía en formación, fue identificado mediante nuevas técnicas aplicadas a observaciones de archivo. Su descubrimiento permite estudiar directamente cómo crecen los gigantes gaseosos y mejorar los modelos que explican su nacimiento.
El agua congelada en los polos de la Luna podría permitir asentamientos humanos, pero no garantiza abastecer grandes ciudades. Según el estudio citado, incluso con un reciclaje del 98 %, las reservas estimadas se agotarían rápidamente con una población numerosa, mientras que comunidades pequeñas podrían mantenerse durante siglos. El futuro dependerá de reducir el consumo, mejorar el reciclaje y descubrir si existen más depósitos de hielo bajo la superficie.
¿Cuántas partículas cósmicas creéis que os están atravesando justo ahora? Pensad en un número, el que sea, el que queráis, no acertaréis.
Según Michael Pravica, profesor de física de la Universidad de Nevada en Las Vegas, la friolera de cien billones de neutrinos pasan a través de cada uno de nosotros cada segundo. Pero esperad, porque si toda esta avalancha invisible os parece asombrosa, agarraos fuerte, porque la astrofísica teórica nos tiene reservada una sorpresa aún más inquietante.
Hace ya 20 años, el 24 de agosto de 2006, el octavo planeta dejó de ser, oficialmente, un planeta.
La decisión, impulsada por el hallazgo de Eris y otros cuerpos similares, provocó una fuerte polémica entre el público y numerosos científicos.
Las imágenes de New Horizons revelaron que Plutón es un mundo complejo, activo y con atmósfera, por lo que muchos planetólogos siguen considerándolo un planeta. Sin embargo, devolverle esa categoría podría ampliar la lista a cientos de cuerpos y obligaría a replantear la definición actual.
Hoy, dos décadas después, la ciencia sigue lamiéndose las heridas de aquella controvertida decisión.
Durante décadas, desde los famosos experimentos del inmunólogo Peter Medawar en la década de 1940, la ciencia creyó en que el cerebro gozaba de "privilegio inmunológico". Es decir, se pensaba que el cerebro y el sistema inmunológico del resto del cuerpo no estaban comunicados.
Se creía que el sistema nervioso central tenía su propio sistema de seguridad, y que si las células inmunitarias que actúan en el resto de nuestro cuerpo entraban en el cerebro, causarían estragos, inflamación y enfermedades neurodegenerativas, debido a sus técnicas "temerarias" de combate. Pero la ciencia avanza y han descubierto un nuevo órgano que estaba oculto en nuestro cerebro.
La mayor reserva de agua descubierta hasta ahora no está en un planeta, sino alrededor de un agujero negro supermasivo situado en el cuásar APM 08279+5255. Y este cuásar es un monstruo. Su radiación es abrumadora. Hablamos de una energía que es aproximadamente 65.000 veces más poderosa que la radiación de toda la Vía Láctea, nuestra galaxia, entera.
Pero el dato realmente curioso, el que nos deja sin aliento, es lo que hay alrededor. Porque envolviendo a ese inmenso cuásar, hay una gigantesca nube de vapor. Un "océano" cuyo volumen es 140 billones de veces más grande que el volumen de la totalidad de los océanos de la Tierra. Es una cifra que marea y desafía la imaginación humana. Pero, ¿cómo es esto posible?
Imaginad por un momento nuestro sistema inmunitario. Siempre hemos dado por hecho que al arsenal defensivo celular habitual —ya sabéis, los macrófagos que devoran bacterias, los linfocitos T que dirigen la respuesta, o los neutrófilos— era más que suficiente para mantenernos a salvo frente a las invasiones diarias. Pero a toda esta artillería microscópica se suman ahora otra esas células bomba que nadie esperaba, que estallan y destruyen en segundos todo lo que tienen alrededor.
El hallazgo se hizo en unos animales diminutos que viven en el agua: las planarias. Seguro que habéis oído hablar de ellas. Son unos gusanos planos famosos por su casi milagrosa capacidad de regeneración. ¿Pueden estos gusanos distinguir sus propios tejidos de los de otro individuo?
Un equipo de investigadores, liderado por el astrofísico Kirill Batrakov en la Universidad de Durham, ha utilizado unas simulaciones informáticas increíblemente bellas y complejas, las llamadas simulaciones cosmológicas Auriga. Descubrieron algo fascinante: que aquel impacto frontal fue tan poderoso que, literalmente, volteó el disco entero de la Vía Láctea.
Este choque, este accidente a escala galáctica, no fue algo rápido. No duró unos segundos ni unos días. Duró entre ciento cincuenta y mil millones de años. Una colisión lenta, constante, majestuosa y, al mismo tiempo, aplastante. No deberíamos imaginar estos eventos como cataclismos de película, sino como una interacción extremadamente lenta que solo parece dramática si pasamos la cinta a cámara rápida.
La historia de la humanidad se parece mucho a uno de esos combates de lucha libre en los que decenas de contendientes entran al ring y se van eliminando unos a otros hasta que solo queda uno. A lo largo de millones de años, diferentes homínidos han subido a la lona. Y como resulta que somos los últimos que quedamos en pie, a los Homo sapiens nos encanta mirarnos al espejo y decirnos a nosotros mismos que somos los ganadores absolutos.
Pero la verdad, la dura verdad que nos revelan los fósiles, es que uno de nuestros ancestros prehistóricos fue el verdadero y absoluto campeón de los pesos pesados. Al menos si juzgamos por el tiempo que pasó caminando por este mundo.
¿Y quién fue el campeón?
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