Alessandro Pagani*
*Historiador y escritor; maestro en historia contemporánea; diplomado en historia de México por la Universidad Nacional Autónoma de México y en geopolítica y defensa latinoamericana por la Universidad de Buenos Aires
"Las imágenes hollywoodianas de unos cuantos detenidos masacrados de manera irracional en los campos de concentración nazis, deberían ser sustituirlas con aquellas imágenes verdaderas y espantosas de una clasificación y organización científica de la fuerza de trabajo. Los campos de concentración pudieron operar uno de los primeros database informativos de la historia, por lo menos a nivel masivo. La estadunidense IBM firmó un contrato, una alianza económica y estratégica, con los nazis para entregarle a ellos la tecnología necesaria para “archivar” todas las informaciones demográficas necesarias para controlar la población y, luego, para poder seleccionar los detenidos. El así llamado sistema Hollerith se basaba en fichas con foros que permitían poder archivar las capacidades de trabajos de los detenidos. Estos códigos permitían reconocer y clasificar en sus llegadas en un campo de concentración las funciones de los detenidos: carpintero, médico, artesano, metalúrgico, trabajador de la construcción, etcétera.
Todo lo que representaba un costo o era un obstáculo para la producción tenía que ser eliminado: comidas, pausas, descanso. La mano de obra inutilizada o innecesaria, superflua, tenía que ser eliminada y desechada. Y este círculo se cerraba transformando los muertos en materia prima.
Como ya hemos dicho, los hebreos no fueron la mayoría relativa de los detenidos, no fueron los únicos. Ya que el nazismo no ha exterminado sólo a los hebreos, sino también a los latinos, a los homosexuales, a los anarquistas, comunistas y socialistas, etcétera. Y sobre este exterminio ha construido la máquina perfecta de la ganancia capitalista. Sólo si sabemos interpretar los campos de concentración nazis bajo este supuesto, seremos capaces de comprender también la barbarie nazi no como un paréntesis horrendo en el camino “color de rosa” del capitalismo hacia el progreso, sino como uno de los destilados más puros y genuinos de este sistema criminal. Un sistema que en sus manifestaciones más extremas se basa en la esclavitud, y pone nuevamente en auge el hombre de la Edad Media… aunque si le entrega las tecnologías más avanzadas es el de un país de capitalismo avanzado.
No siempre el capitalismo genera el fascismo, pero es dentro del capitalismo que encontramos las bases y las explicaciones de los crímenes fascistas y nazis.
En 1942 el jefe de la oficina económica y administrativa de la Schutzstaffel (conocida simplemente como SS), la policía secreta de Hitler, Pohl, publicaba un decreto en el cual se destacaba el carácter exquisitamente productivo de los campos de concentración. La eliminación de los detenidos tenía que realizarse por “cansancio por trabajar”.
Escribe Pohl a Himmler:
“La guerra ha causado un cambio contundente en la estructura de los campos y ha modificado en manera radical las tareas sobre el empleo de sus internados. El internamiento por razones de seguridad, educación o prevención ya no tiene sentido. Su centro gravitacional se ha posicionado hacia la economía. Lo que ahora es importante es la movilización de todos los internados al trabajo, por razones bélicas, y por lograr la paz. Por medio de esta concesiones resulta también necesario adoptar unos decretos para transformar los campos de concentración en organizaciones más idóneas a las tareas económicas, ya que la forma pasada reflejaban un mero interés político”.
Los “detenidos preventivos” eran nada menos que unas horrendas y macabras listas de colocación para esta fuerza de trabajo. Concentrados en los guetos, los hebreos, los latinos, los disidentes políticos, los eslavos, podían ser trasladados rápidamente a la “producción”. El número de estos internos por razones productivas crecían junto con el esfuerzo bélico: 60 mil en 1941; 115 mil en agosto de 1942; 160 mil en abril de 1943, y 200 mil en agosto de 1944. Nacían oficinas dentro y alrededor de los campos de concentración y también campos de concentración alrededor de las principales empresas. Es demostrada la complicidad de casi toda la burguesía industrial alemana en el proyecto del Tercer Reich. Según fuentes históricas, se aprovecharon de la mano de obra esclavizada empresas como la Volkswagen, los Thyssen y Krupp y la Siemens. Los responsables de los diversos campos tenían hasta la obligación de entregar los niveles de producción alcanzados.
En unas condiciones “normales”, sabemos que el capitalista se “limita” a apoderarse de las horas de trabajo de un obrero a cambio de un salario mínimo que –en teoría– sirve para poder sobrevivir y para que el día sucesivo regrese a su trabajo. En condiciones “normales”, el Estado capitalista se apodera de las ganancias producidas a través la tasación. Pero, por las mismas razones aquí explicadas, este mecanismo tenía que alcanzar su máximo extremo y dimensión nunca logrado. El Estado y el patrón nazis no sólo tenían que disponer de la fuerza de trabajo y de los impuestos del obrero y del artesano hebreo, sino también de sus cuerpos y de todos sus bienes. El campo de concentración era el punto final de este mecanismo capitalista. El campo de concentración era, por ende, la racionalización final y organizada sobre bases industriales capitalistas."