Publicado el 19 ene. 2011
Gustavo Bueno, Iatrogenia: hasta qué punto son culpables los propios psicólogos de los desórdenes psicológicos, conferencia inaugural de las XIII Jornadas de Psicología, organizadas por la asociación de estudiantes de Psicología Huarte de San Juan, celebrada en el Auditorio Principe Felipe, Oviedo, el lunes 11 de diciembre de 2000.
Iatrogenia
Iatrogenia es un daño en la salud, causado o provocado por un acto médico involuntario. Se deriva de la palabra iatrogénesis que tiene por significado literal ‘provocado por el médico o sanador’ (iatros significa ‘médico’ en griego, y génesis: ‘crear’).1? Puede ser producido por una droga, procedimiento médico o quirúrgico, realizado por algún profesional vinculado a las ciencias de la salud, ya sea médico, terapeuta, psicólogo , farmacéutico, enfermera, dentista, etc. También puede ser causado por un médico que practique terapias alternativas. Puede ocurrir debido a un error o elección incorrecta del tratamiento, por negligencia, inexperiencia, imprudencia o abandono del paciente.1? Sin embargo, también puede resultar de procedimientos médicos realizado dentro una indicación correcta, realizados con pericia, prudencia y diligencia.2?
Algunos ejemplos son la flebitis postcatéter, la infección urinaria leve después de mantener por varios días una sonda vesical, la flebitis de las piernas después de la extirpación de un apéndice gangrenado, etc.
Desde un punto de vista sociológico hay tres tipos de iatrogenia: clínica, social y cultural.
Desde los albores de la civilización se han conocido los daños que pueden provocar las acciones de los médicos. Los párrafos 218 a 220 del Código de Hammurabi, grabado hace casi cuatro mil años, manifiestan los conocimientos que la sociedad civil utilizaba en la antigua Mesopotamia para defenderse frente a supuestos errores, temeridades y negligencias de los médicos.
Un milenio y medio más tarde Hipócrates recomendaba en la sección undécima del libro primero de las Epidemias: Ayudar o por lo menos no dañar ("Ofeleein i mi vlaptein", en el original griego). Esta frase inspiró el conocido aforismo latino "Primum non nocere" atribuido a Galeno.[cita requerida]
La norma clásica de “ante todo no hacer daño” (primum non nocere) es una de las bases de la ética médica, y las enfermedades o muertes iatrogénicas provocadas voluntariamente por el médico o por negligencia han sido castigadas por la justicia en muchas culturas.[cita requerida]
La transferencia de bacterias patógenas desde las salas de autopsia de los hospitales a las salas de maternidad llegó a provocar altísima mortalidad por sepsis puerperal (o fiebre puerperal) en las maternidades hospitalarias en los albores del siglo XIX, y fue una de las catástrofes iatrogénicas de la época. La forma de infección fue identificada por Ignacio Felipe Semmelweis que simplemente lavándose las manos con un concentrado desinfectante redujo la mortalidad.[cita requerida]
La iatrogenia todavía tiene una alta incidencia en el siglo XXI aunque se pretendió que con el desarrollo de la medicina científica (también llamada biomedicina), supuestamente se podía esperar que los casos de enfermedades o muertes iatrogénicos se redujeran considerablemente o desaparecieran siendo fácilmente evitables. Se dijo que con el descubrimiento de los antisépticos, anestesia, antibióticos y nuevas técnicas quirúrgicas, la mortalidad iatrogénica disminuiría enormemente. No obstante, a modo de ejemplo, la iatrogenia es la tercer causa de muerte en Estados Unidos según estudios recientes
Trasímaco
Trasímaco (??????????, 459 - 400 a. C.) fue un ciudadano de Calcedonia (Bósforo).
Trasímaco aparece como sofista en un diálogo de la última etapa de Platón donde el pensamiento de éste ya se ha separado del de su maestro, Sócrates. Este diálogo se llama La República y versa sobre cómo debe construirse un estado justo. Trasímaco defiende en él que la justicia era sólo lo que aprovechaba el o al más fuerte y era obedecido. Sócrates muestra que, en ocasiones, la voluntad del más fuerte transformada en derecho acatado por la sociedad termina perjudicando a su autor.
Trasímaco aparece en el Libro I, que se considera anterior a todo el resto de La República, por lo que podría tratarse de un diálogo en el que realmente hubiera estado Sócrates. El juicio de Trasímaco sobre la ley era similar al sostenido por Anacarsis el Escita.
Trasímaco sostiene, entre otras ideas, que lo “justo” (el cumplimiento de las leyes) es en realidad una imposición de los gobernantes en vistas de su propia conveniencia. Negando una concepción trascendente de justicia, considera que ésta es el medio del que se vale el que manda para obtener provecho del que obedece. En la concepción antropológica de Trasímaco, el hombre es interpretado como un ser esencialmente egoísta, poseído por una sed de poder. Admite que hay personas justas que se someten pasivamente a intereses ajenos, pero los considera los eternos perdedores de todas las interacciones humanas.
Según Nicolás Zavadivker, la famosa definición de la justicia dada por Trasímaco (“lo justo no es otra cosa que lo que conviene al más fuerte”) tiene en realidad un carácter metaético. Trasímaco no estaría diciendo que lo que beneficia al más fuerte es justo, sino que lo que suele considerarse “justo” no es otra cosa que lo que la autoridad instituida —es decir, el fuerte— declaró como tal, y en vistas de sus propios intereses. Esto ya no sería una definición de un valor, sino una afirmación fáctica sobre lo que socialmente suele considerarse ‘justo’.
Aristófanes nos proporciona una referencia cronológica más precisa de la vida de Trasímaco en una obra hoy perdida pero del año 427 a. C.1?
Clemente de Alejandría ofrece más referencias al ubicar a Trasímaco como contrario al macedonio Arquelao.