Curso de introducción a la Fenomenología del Espíritu impartido por Carlos Pérez Soto en la Facultad de Derecho de la Universidad de Chile el segundo semestre del 2016.
En la Fenomenología se relata el aparecer del Espíritu ante sí mismo hasta culminar en la posibilidad del Saber Absoluto, es decir, la posibilidad teórica e histórica de una cabal experiencia de su Autoconciencia, de la libertad que lo constituye.
Sin embargo, en un aparente círculo que es característico del sistema hegeliano, ese relato, como conjunto, sólo puede ser verosímil para los ciudadanos concretos si han consumado en ellos la experiencia efectiva de la que el texto, en el plano de la mera teoría, dice surgir. Y esa experiencia efectiva, podemos imaginar, pasaría al menos por una monarquía constitucional, por la autonomía efectiva de la sociedad civil congregada en el marco de un Estado de Derecho humanizado por el cristianismo, humanizado y secularizado a su vez por su interpretación luterana.
No es difícil notar, por lo tanto, que quizás haya una cierta distancia entre lo que este búho de Minerva sostiene, en el crepúsculo del amanecer, y lo que los ciudadanos de su tiempo, y aún de los nuestros, podrían considerar como “verosímil”.
El aparecer del Espíritu “para nosotros” no es, ciertamente, el mismo que el aparecer “para la consciencia natural”, al menos en su estado presente. La “verosimilitud” marca esta diferencia. Marca el contraste entre el aparecer de la experiencia de la consciencia natural para ella misma, respecto del aparecer del Espíritu para la consciencia filosófica que considera, filosóficamente, la experiencia de esa consciencia natural.
Pero la “verosimilitud” es una experiencia históricamente arraigada. Es el aparecer de la operación del pensar ante el pensar efectivo. Lo que el pensamiento no ve, ni puede ver, de sí mismo, su operar, aparece en sus productos como el eco que es el sentimiento de lo verosímil. Lo obvio, lo que todo el mundo dice, esas cosas que hemos aprendido sin que nadie nos las enseñe explícitamente, aquello sobre lo cual no es necesario dar explicaciones, tiene su raíz en la operación del pensar.
Quizás fue Kant el primero que concibió la operación del pensar como algo más que comparación y cálculo. Las funciones que constituyen a la facultad de conocer, como actividades de la razón, ponen en el saber el orden, la forma, que hace posible aprehender los objetos como tales. En Hegel estas operaciones son algo más que funciones formales, epistemológicas. Son operaciones de la razón sustantiva misma, describen el hacerse Ser del objeto.
Sostengo que, consideradas de manera epistemológica, esta interpretación sustantiva de las funciones de la razón, permite describir la operación del pensar que, de manera cambiante, históricamente, establece los límites de lo pensable y lo no pensable. Establece el horizonte de verosimilitud bajo el cual podemos pensar, o declarar impensables, ideas o proposiciones determinadas.
Bajo esta premisa, entonces, lo que propongo es que la filosofía de la naturaleza hegeliana y, con ella, el fondo sustantivo de los planteamientos de Hegel, podría ser inverosímil para la operación del pensar moderno. Y que esa inverosimilitud podría conducir o a su rechazo radical, en los términos en que lo hace, por ejemplo, Popper o Russell, o a su traducción a algún modelo de verosimilitud que, por la vía de declarar metafóricos algunos de sus pronunciamientos directos, procure hacerlo “entendibles al lector actual”. Es el caso de Walter Kaufmann, John N. Findlay y, frecuentemente, Stephen Houlgate. (6)
Para vislumbrar la dificultad pensemos, por ejemplo, en los siguientes pronunciamientos directos de Hegel. “El Ser, lo inmediato, indeterminado, es en realidad la Nada, ni más ni menos que la Nada”. “La Nada es... en general la misma cosa que es el puro Ser”. Ambos en la Ciencia de la Lógica. O, también, “La fuerza como tal o como fuerza repelida hacia sí es, según esto, para sí como un uno excluyente para el que el despliegue de las materias es otra esencia subsistente, con lo que se establecen dos lados independientes. Pero la fuerza es también el todo, o sigue siendo lo que es con arreglo a su concepto; lo que vale decir que estas diferencias siguen siendo puras formas, momentos superficiales que van desapareciendo”. (7)