Cuando H-Shem puso a Adam Harishón y Javá en Gan Eden, H-Shem les dio una sola instrucción: "¿Ven ese árbol? Ese es el etz hadaat ¡No coman de él!"
Para bien o para mal, el ser humano tiende naturalmente a sentir aversión por los límites. De hecho, ni bien se nos dice que no hagamos algo, nos invade la tentación de hacerlo.
Esto no se limita a la humanidad. El pasuk dice "Fijaste un limite que no podrán traspasar, que no pueden regresar a cubrir la tierra." (Tehilim 104:9). H-Shem debió crear una frontera de arena para contener las aguas, pues de lo contrario habrían arrasado con el planeta.
Los límites son necesarios para la supervivencia de nuestro mundo.
H-Shem podría haber creado límites similares para los seres humanos también, podría haber rodeado el etz hadaat con una cerca electrificada, de modo que si Adam y Javá se hubieran aproximado se habrían electrocutado. Pero no lo hizo porque la misión de Adam en la vida consiste en tomar sus propias decisiones, ejerciendo el libre albedrío. H-Shem nos dice lo que es correcto e incorrecto, pero la elección de vivir bien o mal depende totalmente de nosotros.
Elegir conocer o no conocer la verdadera identidad judia de Yeshua HaMashiaj y sus enseñanzas totalmente toráticas también es parte de ese libre albedrío. Hoy podemos decidir ignorarlo, difamarlo o no reconocerlo bajo el argumento de "libre albedrío" pero eso no nos exhimirá de consecuencias futuras.