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Solo el sábado hubo 62 asesinatos, la cifra más alta desde 2002. La última alza abrupta (57 homicidios en un día, según datos oficiales) ocurrió el 15 de agosto de 2015, durante la administración del FMLN. El mismo sábado, el presidente Nayib Bukele ordenó a la Asamblea declarar Régimen de Excepción. La Asamblea convocó a las 11 de la noche, inició la plenaria después de la 1 de la mañana y aprobó de forma exprés la suspensión de cuatro garantías constitucionales: el derecho a la libertad de reunión y asociación; el derecho a la defensa; el derecho a la inviolabilidad de la correspondencia e intervención de las comunicaciones sin que sea necesaria una orden judicial y el plazo de detención administrativa solo por 72 horas.
Nelson Rauda entrevista al director técnico de la selección salvadoreña de fútbol, Hugo Pérez. El exseleccionado del equipo estadounidense habla sobre las oportunidades ese país le otorgó, después de haber sido rechazado por su propia nación como jugador. Tambien hablan sobre la actual convocatoria de jugadores que conforman la selección nacional salvadoreña. Un tercio de sus jugadores no nacieron en suelo salvadoreño. Son hijos de nuestros migrantes y sus historias personales son las de las heridas y promesas de este país. Su reencuentro con El Salvador es un nuevo capítulo y un desafío a quienes creen, en Estados Unidos y acá, que la pertenencia la determina el lugar de nacimiento.
La administración de Nayib Bukele pasó de instalar una mesa de diálogo con transportistas a sacar del juego a Catalino Miranda, uno de los principales empresarios del rubro. Miranda estuvo el viernes 11 de marzo en Capres y 24 horas después fue detenido, sin claridad de qué delitos se le acusa, sus concesiones de permisos suspendidas y sus microbuses decomisados de forma exprés por un gobierno que ya ha puesto soldados a manejarlos. El gremio de transportistas no se ha pronunciado.
En El Salvador, la guerra se imaginó y se practicó en las escuelas. Los gobiernos del siglo XIX crearon una cultura política cimentada en el autoritarismo, la “revolución” de los caudillos, los golpes de Estado y las guerras. Si bien la currícula educativa se modificó con el paso de los años, la pedagogía de las armas fue semilla para pasar al terror a punta de fusiles, a los estados de sitio y la suspensión de las garantías constitucionales, a la persecución política, a la captura, tortura y desaparición de personas. Un gobierno autoritario siempre se sentirá más atraído por las armas que por la educación.
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