El canibalismo ocupa un lugar singular en la imaginación occidental: es
simultáneamente fascinación y repulsión, objeto de morbo y de estudio antropológico
riguroso. La palabra misma, acuñada por Cristóbal Colón al referirse a los caríbales —
habitantes de las islas Caribe que supuestamente devoraban a sus enemigos—, lleva
impregnada desde su origen la carga ideológica de la colonización europea. Sin
embargo, reducir el fenómeno a mero salvajismo o, en el extremo opuesto, negar
sistemáticamente su existencia histórica, constituye dos errores simétricos que la
investigación contemporánea ha venido corrigiendo con meticulosidad. Este texto
aborda el canibalismo no como una categoría monolítica, sino como un espectro de
prácticas heterogéneas —rituales, funerarias, bélicas, de supervivencia— que solo
adquieren sentido cuando se inscriben en sus contextos culturales específicos. Lejos de
juzgar con criterios morales anacrónicos, buscaremos comprender las lógicas
simbólicas, sociales y materiales que hicieron de la ingestión de carne humana un acto
significativo en determinadas sociedades, al tiempo que examinaremos críticamente las
narrativas coloniales que instrumentalizaron esta práctica como justificación de la
dominación. El recorrido abarcará desde las primeras evidencias arqueológicas en
Atapuerca hasta los casos documentados de supervivencia extrema en los siglos XIX y
XX, pasando por los complejos sistemas rituales de Mesoamérica y Melanesia, siempre
con el rigor que exige la divulgación culta y el respeto que merecen las culturas
analizadas.