EL PODCAST DE #DEDOSENDOS

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EL PODCAST DE #DEDOSENDOS episodes

  • Evangelio Diario 6 de octubre Mons Enrique Diaz Diaz

    6 Octubre

    San Bruno

    Gálatas 1, 13-24: “Quiso revelarme a su Hijo para que yo lo anunciara entre los

    paganos”

    Salmo 138: “Condúceme, Señor, por tu camino”

    San Lucas 10, 38-42: “Marta lo recibió en su casa – María escogió la mejor parte”

    ¿Sentarse a los pies del Señor y descuidar los trabajos que tenemos que hacer? De

    ninguna manera esta narración pretende enseñarnos esto. Nos ayuda a descubrir la

    importancia de escuchar al Señor, y escucharlo atentamente, pero para después vivir la

    Palabra. Ciertamente Marta se afana en muchas tareas y por andar en tantas cosas no

    tiene tiempo para “escuchar” al Señor. Me parece oír la queja repetida de muchos

    adolescentes respecto a sus papás que los admiran porque trabajan mucho, los quieren

    porque se desgastan y sudan para que nada les haga falta, pero su queja es que ya no les

    queda tiempo para platicar con ellos, no tienen espacios para compartir la vida, no

    parecen escuchar y disfrutar de su presencia. Quien es verdadero discípulo de Jesús no

    puede “afanarse en muchas cosas”, sino a cada cosa darle su importancia y su momento.

    Es más importante estar con Jesús que trabajar para Jesús, es más necesario actuar con

    Él, que actuar para Él. Y lo mismo podríamos decir de la familia, de los hijos, de los

    amigos. Y esto no quiere decir que se quede el amigo o el padre de familia

    contemplando todo el día al amigo o al hijo respectivamente; es situar en su justa

    dimensión todas las cosas en vista de lo que consideramos más importante. La escucha

    de la Palabra del Maestro, el acogerla con toda atención, no significa una contemplación

    que nos aleje de los compromisos que tenemos en nuestra comunidad y en nuestra

    familia. No se trata pues de hacer muchas cosas para alguien, sino estar con él en todos

    los momentos. Indudablemente que hay situaciones en la vida que lo primero será la

    ayuda material y física, pero es más importante nuestra atención y cariño a una persona.

    Sobre todo, en este tiempo debemos descubrir que es más importante amar a una

    persona que darle muchas cosas, amar a Jesús que hacer muchas actividades dizque por

    Él. Claro que su amor nos lanza a actuar a favor de los hermanos y a no quedarnos

    cruzados de manos.

    5 min
  • Evangélio Diario 5 de octubre Mons Enrique Diaz Diaz

    5 Octubre

    Santa Faustina Kowalska

    Gálatas 1, 6-12: “No he recibido ni aprendido de hombre alguno el Evangelio, sino por

    revelación de Jesucristo”

    Salmo 110: “Alabemos al Señor de todo corazón”

    San Lucas 10, 25-37: “¿Quién es mi prójimo?”

    “¿Quién es mi prójimo?”, resuena la pregunta hoy día, queriendo escabullirnos de las

    graves obligaciones que tenemos frente a los hermanos. Seguramente los ladrones que

    apalearon y robaron a aquel caminante, no pensaron nunca que fuera su prójimo, sino

    solamente miraron sus ganancias y descargaron el odio que albergaban en su corazón.

    No pensaron que era su prójimo. Y resuena con cercanía la respuesta cortante de Caín

    cuando Dios le preguntaba dónde estaba su hermano: “¿Acaso soy yo el guardián de mi

    hermano?”. Negar al hermano, negar al prójimo, no querer reconocer al otro, es la

    primera de las justificaciones que tenemos para dejarlo tirado en el camino, buscando

    nuestras ambiciones. “¿Quién es mi prójimo?”, seguramente eso mismo diría el levita

    que conocía al dedillo todos los escondrijos del derecho, pero no era capaz de mirar el

    dolor y las heridas del hermano. Hoy también nos escondemos en argumentos y leyes

    para no atender al hermano. “¿Quién es mi prójimo?”, se quedaría pensando el

    sacerdote mientras se preparaba a ofrecer los sacrificios en el templo, olvidando a los

    profetas que dicen claramente: el sacrificio que yo quiero es que mires a tu hermano en

    necesidad, que no cometas injusticia, que tengas un corazón atento a su dolor. “¿Quién

    es mi prójimo?”, sólo el samaritano se atreve a responder esta pregunta en su corazón.

    Él sabe mucho del dolor del desprecio porque lo han condenado y dejado fuera de la

    salvación, él ha sido acusado de impuro y gentil, él ha sufrido la discriminación por eso

    puede entender que aquel herido y robado es su hermano. Por eso lo sana, lo carga y lo

    lleva a un lugar seguro, porque lo ha percibido como su hermano. “¿Quién es mi

    prójimo?”, no sé si el posadero se hiciera esta pregunta, o si solamente se haría la

    pregunta de cuánto ganaría con este nuevo huésped que puede permanecer algunos días.

    ¿Qué captaría el doctor de la ley al escuchar esta narración? Creo que Jesús hoy nos

    dice a nosotros también: “Anda y haz lo mismo que el samaritano”. Es decir descubre

    en los demás quién es tu prójimo, quién es tu hermano.

    5 min
  • Evangélio Diario 4de octubre Mons Enrique Diaz

    Domingo Ordinario

    Isaías 5, 1-7: “La viña del Señor es la casa de Israel”

    Salmo 79: “La viña del Señor es la casa de Israel”

    Filipenses 4, 6-9: “Obren bien y el Dios de la paz estará con ustedes”

    Mateo 21, 33-43: “Arrendará el viñedo a otros viñadores”

    Isaías y San Mateo ponen ante nuestros ojos una de las más bellas imágenes de la

    Biblia: la vid, que representa el amor de Dios que se encarna en todas las realidades de

    la existencia humana y permea todas sus acciones. Es cierto que el canto de la viña es

    un canto del trabajo, tan común en las culturas campesinas, donde se canta al laborar o

    al final de la jornada se entonan sentidas coplas entremezclando las tristezas y alegrías

    que produce el trabajo, y que es difícil distinguir cuando dejan de hablar de la milpa y

    de la viña para ponerse a hablar de la mujer amada. Detrás del canto campesino no es

    difícil descubrir la revelación de un amante que canta y cuenta su fracaso amoroso

    entremezclando las íntimas demostraciones hasta confundir el lenguaje campirano con

    el usado en las relaciones amorosas, y aun sexuales, entre esposo y esposa. ¿En qué

    momento se convierte esta imagen en la historia del amor de Dios por Israel, el pueblo

    que Él eligió? El mismo canto se plantea el fracaso del Señor con su pueblo, pero se

    descubre sólo al final siendo realmente la intención del canto.

    Más grave se nos propone la parábola de los viñadores homicidas. A la propuesta de un

    amor que supera las infidelidades y obstinado se ofrece una y otra vez buscando renovar

    los perdidos delirios del amor inicial, responde una dura realidad de rechazo, de

    creciente violencia hasta terminar en la barbarie del asesinato del hijo y heredero único.

    ¿No es una exageración la narración tan violenta donde por una viña se golpea, se

    apedrea y se termina por asesinar al heredero? Suena triste, pero nuestra realidad va

    mucho más allá: se asesina por unos cuantos pesos, se mata por ambición de poder y se

    secuestra y se mutila simplemente porque se le antoja al malhechor o porque se ha

    sentido ofendido por una mirada. Se ha perdido toda la dimensión de una viña, de una

    vida, que nos ofrece Dios por amor y para el amor, y se ahogan todos los esfuerzos. Se

    hace realidad el reclamo de amor del amante: “Esperaba de ellos justicia, y hay

    iniquidad; honradez, y hay alaridos”. Nuestra patria se llena de luto y llanto por tantas

    injusticias de criminales y autoridades coludidas en una guerra sin sentido y sin fin, en

    un afán de manifestación de poderes y de venganzas, y las pobres víctimas, silenciosas e

    impotentes, permanecen en el anonimato y en el olvido. ¡Cómo se hace realidad esta

    parábola tan trágica que nos narra el mismo Jesús!

    En la parábola hay dos aspectos que no podemos dejar de lado: el primero, tiene una

    muy clara dedicatoria: “Jesús dijo a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo”,

    dirigida a los jefes y representantes del pueblo tanto de aquel tiempo como de éste. Nos

    ofrece una clara acusación contra los responsables de no entregar frutos de justicia y

    rectitud. Toda persona que ostente algún grado de autoridad también tendrá algún grado

    de responsabilidad en esta situación tan deplorable. Mientras más autoridad, más grave

    la responsabilidad. No podremos actuar con indiferencia, pasividad o temor pues está de

    por medio la justicia y la vida de los desprotegidos. Basta ya de echar culpas a los otros, cada uno asuma con dignidad y valentía su papel, pues está de por medio no sólo la

    seguridad personal, sino el riesgo de perder la viña amada del Señor, por la que ha

    suspirado, por la que ha dado la vida. Quien asesina a una persona, está asesinando a un

    Cristo vivo, pero también, quien debiendo proteger al indefenso no lo hace, se convierte

    en cómplice de asesinato. Todos tenemos responsabilidad y todos tenemos que aportar

    nuevas luces que nos lleven a salir de estas oscuridades.

    10 min
  • Evangelio Diario 3 de octubre Mons Enrique Diaz Diaz

    3 Octubre

    Job 42, 1-3. 5-6. 12-16: “Ahora te han visto ya mis ojos, por eso me retracto”

    Salmo 118: “Enséñame, Señor, tus mandamientos”

    San Lucas 10, 17-24: “Alégrense de que sus nombres estés escritos en el cielo”

    ¡Qué alegría expresan los discípulos al retorno de su misión! Atrás han quedado los

    momentos de inseguridad y hasta de coraje porque no los aceptaban. Sorprende su

    admiración porque “hasta los demonios se nos someten en tu nombre”. Y las mismas

    palabras de Jesús hacen un recuento de los prodigios realizados. ¿Tendrán validez estas

    palabras para nuestros días? No esperemos andar haciendo exorcismos o expulsar

    demonios de gente poseída. La misión del discípulo esta muy clara: crear una vida

    verdaderamente humana para todos los hombres, construir un mundo nuevo. Claro que

    para esto se requiere quitar toda esclavitud a que se someta a la humanidad. Los

    demonios del poder y de la ambición siguen sometiendo a los más pequeños y débiles y

    es necesario denunciar con fuerza y sin temores todas estas esclavitudes. Pero no basta

    la denuncia, hay que expulsar de nuestras estructuras todas estas esclavitudes malignas

    que a diario nos aprisionan. Hay que hacer caer a Satanás bajo cualquier forma que se

    nos presente por más atractiva y prometedora que pueda ser. Debemos luchar contra los

    demonios de la discriminación, de la violencia y de la injusticia. Y el único camino es el

    que nos presenta Jesús reconociendo que se puede construir sólo asumiendo la sabiduría

    de los pequeños, la grandeza de los sencillos y el poder de los humildes. Claro que es

    trastocar todas las estructuras injustas que someten a nuestros pueblos y naciones, pero

    mientras sigan rigiendo las leyes del dinero y del poder, seguiremos sometidos al poder

    del maligno. Gracias, Padre, porque en este mundo de injusticias, sigues suscitando

    hombres y mujeres de corazón grande, capaces de dar sin esperar recompensa. Gracias,

    Padre, porque hay muchas personas generosas que abren sus manos para levantar al

    necesitado. Gracias, Padre, porque hay discípulos de Jesús que entienden que se puede

    construir un mundo nuevo donde reine el amor, el servicio y la paz.

    5 min
  • Evangélio Diario 2 de octubre Mons Enrique Diaz Diaz

    2 Octubre

    Santos Ángeles Custodios

    Job 38, 1. 12-21, 40,3-5: “¿Alguna vez en tu vida le has dado órdenes a la mañana o

    has llegado hasta donde nace el mar?”

    Salmo 138: “Condúcenos, Señor, por tus caminos”

    San Mateo 18, 1-5.10: “Sus ángeles en el cielo ven continuamente el rostro de mi

    Padre, que está en el cielo”

    Hoy celebramos una fiesta que nos ayuda a recordar el cuidado bondadoso que Dios

    tiene de todos los hombres: es la fiesta de los santos Ángeles Custodios. Todos

    recordamos las oraciones que hacíamos de niños a nuestro ángel de la guarda. Los

    evangelios hablan frecuentemente de los ángeles. En particular acabamos de escuchar

    esta afirmación de Jesús en defensa de los niños porque sus “ángeles ven continuamente

    el rostro de mi Padre”. En los ángeles encontramos personificada la providencia

    amorosa que Dios tiene de cada uno de nosotros. En los últimos tiempos se ha puesto de

    moda una devoción extraña a los ángeles. Se les mira y se les trata no como seres que

    dependen de Dios, sino como verdaderos talismanes, o seres que actúan independientes

    de Dios. Se les compra con oraciones y ritos extraños. Se tiene un ángel para cada

    necesidad. Así lo que era una devoción que nos acercaba al verdadero Dios y nos

    recordaba sus virtudes, hoy se ha tornado en un alejamiento de Dios y en un culto que

    no lleva al amor y al entendimiento de los hermanos, sino a una especie de idolatría.

    Hoy debemos retornar a la verdadera devoción que nos lleva a sentir y a vivir el

    verdadero cuidado que Dios tiene de nosotros. No podemos tener fe en unos seres como

    si fueran amuletos para evitar los males y las enfermedades, para cambiar a nuestro

    arbitrio la libertad y el destino de los hombres. La devoción a los Santos Ángeles de la

    Guarda nos llevará a una verdadera confianza en el Dios que nos acompaña diariamente

    en nuestro caminar, que guía nuestros pasos y que nos pide que asumamos con

    responsabilidad el cuidado de nuestro mundo. En particular el texto de hoy nos insiste

    en esa dignidad y aprecio que debemos tener por el cuidado de los niños que en nuestro

    mundo se ven tan amenazados en todos los sentidos. Desde la pornografía y la trata de

    niños y niñas, hasta su educación, diaria responsabilidad que los padres han dejado en

    manos ajenas. Que nuestra oración nos lleve a un verdadero compromiso y cuidado de

    los pequeños. Nuestra oración al Ángel de la guarda despierte en nosotros el

    reconocimiento al Dios que nos ama y no cuida.

    5 min
  • Evangélio Diario 1 de octubre Mons Enrique Diaz Diaz

    1 Octubre

    Santa Teresa del Niño Jesús

    Job: “Yo sé que mi Redentor vive”

    Salmo 26: “No me abandones, Dios mío”

    San Lucas 10,1-12: “Su deseo de paz, se cumplirá”

    Escuchar la Palabra de Dios y meditarla en el corazón es la fuente viva para cada uno de

    los discípulos de Jesús. No podemos vivir sin la Palabra. Tanto la lectura del libro de

    Job como el envío que leemos en el pasaje de San Lucas dan gran importancia al

    mensaje del Señor y a la necesidad de vivir confiados en su Palabra. Job, a pesar de

    todas sus dificultades y problemas, a pesar de los ataques de sus más cercanos, confía

    más en la Palabra del Señor y exclama fuertemente: “Yo sé bien que mi defensor vive y

    que al final se levantará a favor del humillado”. Es la seguridad en la palabra del Señor. Mientras que en el evangelio los discípulos son enviados a preparar el camino al Señor, a anunciar la cercanía del Reino. Con todas las condiciones que les impone Jesús para

    hacer creíble su testimonio: ir de dos en dos (es decir en comunidad), con la confianza

    en la Palabra del Señor (no llevar nada de ataduras), ofreciendo a todas las gentes el don

    de la paz y la salud. La misión de anunciar el Reino es una tarea de todos y hoy todos

    los cristianos debemos incrementar el acercamiento a la Palabra de Dios para después

    poder anunciarla. Cuando dejamos que la Palabra penetre en nuestros corazones,

    transforma nuestras vidas y nuestras estructuras. La dificultad estriba en que a veces nos

    acercamos a la Escritura no para escucharla sino para utilizarla, no para dejarnos tocar, sino para trastocar su significado. Santa Teresita se entregó enamorada a escuchar y

    vivir esa Palabra. Abramos nuestro corazón a la Palabra de Dios que ella nos

    transformará, iluminará y dará nueva vida. Escuchemos el reclamo que hacía San

    Jerónimo: “Ignorar las Escrituras es ignorar a Jesucristo”

    5 min
  • Evangélio Diario 30 de septiembre Monseñor Enrique Diaz Diaz

    30 Septiembre

    San Jerónimo

    Job 9, 1-12. 14-16: “El hombre no puede hacer triunfar su causa frente a Dios”

    Salmo 87: “Señor, que llegue hasta ti mi súplica”

    San Lucas 9, 57-62: “Te seguiré a dondequiera que vayas”

    ¿Cuántas personas quisieron seguir a Jesús? San Lucas nos muestra un breve repertorio

    de lo que seguramente sucedería en torno a Jesús. Al mirar sus milagros, al escuchar sus

    enseñanzas, al contemplar a este Jesús que se manifiesta misericordioso y compasivo,

    seguramente no faltaría quien se entusiasmara por querer seguirlo. Pero Jesús es muy

    claro y no “endulza” la realidad para quien está dispuesto a seguirlo. Tres condiciones

    aparecen como básicas detrás de estos sencillos relatos. La primera es el

    desprendimiento. Quizás muchos subyugados por lo espectacular de los milagros están

    dispuestos a seguir a un Mesías que les solucionará todos sus problemas económicos y

    materiales, amén de conseguir un poco de fama en esta empresa. Jesús no tiene donde

    reclinar la cabeza y su reino no se basa en las promesas materiales. Desapego del

    corazón y coherencia en el seguimiento exige a quien lo quiera acompañar. En la

    segunda narración podemos percibir el ofrecimiento de Jesús de formar una nueva

    familia. No es que Jesús rechace los lazos familiares, pero estos lazos no deben atar a un

    pensamiento y a un actuar anquilosado en la antigua ley. De ninguna forma está

    exigiendo Jesús un rechazo o abandono de la familia, pero si propone una libertad y una

    nueva relación con su nueva familia nacida de la escucha y cumplimiento de la palabra.

    Finalmente también propone una decisión firme y sin vacilar. No se puede volver la

    mirada hacia atrás. Es muy común entre nosotros encontrar personas entusiasmadas por

    el Evangelio, que abren el corazón y deciden entregarse a vivirlo en plenitud. Pero con

    frecuencia vamos uniendo a esta decisión una mezcla de intereses materiales que van

    oscureciendo nuestra decisión. Al confrontarnos con nuevos criterios tanto en las

    relaciones familiares como en la coherencia entre la vida y la fe, nos vemos tentados a

    abandonar nuestra decisión. No son pocas las veces que se hace una especie de

    acoplamiento y se reduce la radicalidad del Evangelio para acomodarlo a los propios

    intereses y cadenas que nos atan. Seguir a Jesús es exigente en aquellos tiempos y

    también hoy. Comparta un compromiso serio de vivir al estilo de Jesús, dejando los

    valores que propone la sociedad, asumiendo una nueva familia que se abre a todos los

    hombres y sosteniéndose coherentes en la vida con la opción que hemos elegido.

    5 min
  • Evangélio Diario 29 de septiembre Mons Enrique Diaz Diaz

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    29 Septiembre

    Santos Arcángeles Miguel, Gabriel y Rafael

    Apocalipsis 12,7-12: “Miguel y sus ángeles pelearon contra al dragón”

    Salmo 137: “Te cantaremos, Señor, delante de tus ángeles”

    San Juan 1,47-51: “Verán a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre”

    Hoy es la fiesta de los Santos Arcángeles. La protección y el cuidado que Dios tiene de

    los hombres, es manifestado en la Biblia con frecuencia a través de sus “enviados”, que

    es lo que significa la palabra “ángel”. Los tres arcángeles que hoy celebramos y

    recordamos tienen nombres que nos indican una misión pero que al mismo tiempo nos

    manifiestan una característica de Dios. San Miguel aparece varias veces en la Biblia

    como protector del pueblo elegido y en una lucha contra el demonio (Ap 12,7) pero en

    el significado de su nombre viene a dejarnos muy en claro el primer acto que debe todo

    hombre tener en relación con Dios. No puede ni debe usurpar el lugar de Dios ningún

    bien material, ninguna ambición, ningún poder. Por eso San Miguel en su nombre nos

    recuerda: “¿Quién como Dios?”. El arcángel Gabriel aparece varias veces también en la

    Sagrada Escritura como el enviado a anunciar buenas nuevas desde el tiempo del

    profeta Daniel y después presentándose directamente a la Virgen María. La Buena

    Nueva nos recuerda que estamos en las manos de Dios y Gabriel significa “fortaleza de

    Dios”. Rafael aparece en el libro de Tobías como acompañante, consejero y portador de

    salvación. Su nombre significa: “Medicina de Dios”, o bien “Dios ha sanado”. Así los

    Arcángeles, lejos de oscurecer la relación con Dios, nos vienen a manifestar esta

    relación tan estrecha que el hombre debe tener con su creador. Retomemos cada uno de

    sus nombres y de sus actitudes. Luchemos contra todo pecado fiados no en nuestra

    fuerzas, sino en la certeza que “no hay nadie como Dios”. En los ambientes hostiles y

    difíciles, cuando haya caídas y fracasos, levantemos el rostro y recordemos que “Dios es

    nuestra fortaleza”. Y en nuestro camino, en las debilidades y tropiezos, llegue hasta

    nosotros la certeza que es Dios nuestra medicina y remedio, que es quien nos acompaña

    y alienta en el camino. Dios a través de sus Arcángeles, se nos manifiesta cercano a

    cada uno de nosotros.

    5 min
  • Evangélio Diario 28 de septiembre Mons Enrique Diaz Diaz

    28 Septiembre

    San Wenceslao

    Santos Lorenzo Ruiz y compañeros

    Job 1, 6-22: “El Señor me lo dio, el Señor me lo quitó: ¡Bendito sea el nombre del

    Señor!”

    Salmo 16: “Señor, escucha nuestra súplica”

    San Lucas 9, 46-50: “El más pequeño entre todos ustedes, ése es el más grande”

    La Palabra de Dios siempre es actual y viene a responder a nuestras necesidades e

    inquietudes. Nunca como ahora nos hemos cuestionado sobre el mal y la injusticia,

    nunca como ahora nos hemos rebelado y gritado que no es posible tanta maldad. Las

    preguntas se las hacemos al mismo Señor. Y hoy su palabra inicia una reflexión que no

    terminará solamente en este pequeño libro de Job, sino que nos lanza a buscar una

    forma de vivir y afrontar el mal en la misma dinámica que usó Jesús. Es pequeño pero

    muy bello el libro de Job que hoy iniciamos en la primera lectura. Con imágenes

    personificadas de Dios y del demonio, nos centra en el problema de la fidelidad a Dios y

    del mal en medio de los hombres. Tentado por el demonio, la primera respuesta de Job

    ya es digna de nuestra admiración: “El Señor me lo dio, el Señor me lo quitó: ¡Bendito

    sea el nombre del Señor!” Es una verdad que no agradecemos a Dios todo lo que nos ha

    dado y que después reclamamos lo que nos falta porque creemos injusto. La primera

    actitud es sabernos en manos de Dios que nos ama. Los siguientes días iremos

    retomando otra parte de este mismo libro que nos ayudarán a continuar en esta

    reflexión. Pero este mismo día el pasaje del evangelio aborda dos temas que nos

    agobian y nos limitan en muchos sentidos: el pleito por saber quien es mejor y la

    división y discriminación entre grupos que se agreden, que se descalifican y se

    desconocen. La respuesta de Jesús está basada en el mensaje que Él vive y que nos

    comunica: ¿Si todos somos hermanos por qué luchar por los primeros lugares? Entre

    hermanos el más pequeño es el más grande. Y en cuanto a las discriminaciones nos

    advierte que lo importante es optar por la construcción del Reino y que no importa de

    quien venga la solución. Todo lo contrario a lo que a veces hacemos nosotros: negamos

    la validez de una propuesta solamente para atacar a quien piensa diferente de nosotros.

    También rechazamos soluciones porque provienen de grupos distintos. No buscamos el

    bien de la comunidad. Estas cuestiones tan importantes en nuestra vida conviene que

    hoy las examinemos a la luz de los criterios de Jesús.

    5 min
  • Evangélio Diario 27 de septiembre Mons Enrique Diaz Diaz

    https://youtube.com/@podcastcatolicosencamino?si=NRFpr5Na35Xku3FS


    XXVI Domingo Ordinario

    Ezequiel 18, 25-28: “Cuando el pecador se convierte, salva su vida”

    Salmo 24: “Descúbrenos, Señor, tus caminos”

    Filipenses 2, 1-11: “Tengan los mismos sentimientos de Cristo Jesús”

    San Mateo 21, 28-32: “El segundo hijo se arrepintió y fue.- Los publicanos y las

    prostitutas se les han adelantado en el Reino de Dios”

    Hoy el Señor no nos pide discursos perfectos. Nos mira a los ojos y nos pregunta con

    sencillez si estamos haciendo las cosas o sólo las decimos. Jesús es muy directo con los

    fariseos de su época, y hoy lo es con nosotros. Sabemos muy bien que del dicho al

    hecho hay mucho trecho. ¿Cuántas veces decimos que amamos a Dios, que somos

    buenos católicos, pero en casa nos tratamos mal, hay pleitos entre hermanos y

    vecinos? ¿Cuántas veces prometemos cambiar en el altar el domingo, pero el lunes se

    nos olvida la honradez en el trabajo, la paciencia con el vecino o nuestra coherencia

    con la justicia?

    Jesús exige una clara y contundente decisión frente al Reino de Dios, una

    determinación que no quede en palabras bonitas pero huecas, sino que se traduzca en

    hechos concretos y tangibles. Es cierto que en un primer momento parece dirigir un

    claro reproche al pueblo de Israel porque aparentemente han dicho a Dios que sí, que

    es su único Dios, que cumplirán todos sus mandamientos, que le serán fieles; pero

    después han tergiversado sus mandamientos, los han acomodado a su propio gusto y

    se muestran tan felices como si de verdad los estuvieran cumpliendo. Pero también se

    dirige a nosotros y nos pone el mismo ejemplo para que caigamos en cuenta que

    primero decimos sí y después actuamos como nos da la gana. ¿No es cierto que nos

    decimos cristianos, pero actuamos conforme a los valores del mundo? ¿No es cierto

    que los juramentos y las profesiones de fe se han convertido en palabras huecas que

    no nos llevan al compromiso?

    La fe en Dios no es un dubitativo “yo creo”, en el sentido mexicano de “no estoy

    seguro”, sino una firme y radical profesión de fe en un Padre que nos ama y que nos

    compromete a vivir como hermanos. Ya San Pablo les reclama a los cristianos de

    Filipos su manera contradictoria de vivir porque dicen profesar una fe y después

    actúan con rivalidades, presunciones y envidias que destruyen la comunidad. El

    modelo más elocuente es el mismo Jesús y les pide que tengan sus mismos

    sentimientos. Él no fue primero sí y después no. Asumió las consecuencias de un amor

    radical que lo lleva a despojarse de su condición divina, tomar la condición de siervo y

    hacerse semejante a nosotros al grado de morir en la cruz. Son consecuencias de una

    10 min

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