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Or


6 Octubre
San Bruno
Gálatas 1, 13-24: “Quiso revelarme a su Hijo para que yo lo anunciara entre los
paganos”
Salmo 138: “Condúceme, Señor, por tu camino”
San Lucas 10, 38-42: “Marta lo recibió en su casa – María escogió la mejor parte”
¿Sentarse a los pies del Señor y descuidar los trabajos que tenemos que hacer? De
ninguna manera esta narración pretende enseñarnos esto. Nos ayuda a descubrir la
importancia de escuchar al Señor, y escucharlo atentamente, pero para después vivir la
Palabra. Ciertamente Marta se afana en muchas tareas y por andar en tantas cosas no
tiene tiempo para “escuchar” al Señor. Me parece oír la queja repetida de muchos
adolescentes respecto a sus papás que los admiran porque trabajan mucho, los quieren
porque se desgastan y sudan para que nada les haga falta, pero su queja es que ya no les
queda tiempo para platicar con ellos, no tienen espacios para compartir la vida, no
parecen escuchar y disfrutar de su presencia. Quien es verdadero discípulo de Jesús no
puede “afanarse en muchas cosas”, sino a cada cosa darle su importancia y su momento.
Es más importante estar con Jesús que trabajar para Jesús, es más necesario actuar con
Él, que actuar para Él. Y lo mismo podríamos decir de la familia, de los hijos, de los
amigos. Y esto no quiere decir que se quede el amigo o el padre de familia
contemplando todo el día al amigo o al hijo respectivamente; es situar en su justa
dimensión todas las cosas en vista de lo que consideramos más importante. La escucha
de la Palabra del Maestro, el acogerla con toda atención, no significa una contemplación
que nos aleje de los compromisos que tenemos en nuestra comunidad y en nuestra
familia. No se trata pues de hacer muchas cosas para alguien, sino estar con él en todos
los momentos. Indudablemente que hay situaciones en la vida que lo primero será la
ayuda material y física, pero es más importante nuestra atención y cariño a una persona.
Sobre todo, en este tiempo debemos descubrir que es más importante amar a una
persona que darle muchas cosas, amar a Jesús que hacer muchas actividades dizque por
Él. Claro que su amor nos lanza a actuar a favor de los hermanos y a no quedarnos
cruzados de manos.
5 Octubre
Santa Faustina Kowalska
Gálatas 1, 6-12: “No he recibido ni aprendido de hombre alguno el Evangelio, sino por
revelación de Jesucristo”
Salmo 110: “Alabemos al Señor de todo corazón”
San Lucas 10, 25-37: “¿Quién es mi prójimo?”
“¿Quién es mi prójimo?”, resuena la pregunta hoy día, queriendo escabullirnos de las
graves obligaciones que tenemos frente a los hermanos. Seguramente los ladrones que
apalearon y robaron a aquel caminante, no pensaron nunca que fuera su prójimo, sino
solamente miraron sus ganancias y descargaron el odio que albergaban en su corazón.
No pensaron que era su prójimo. Y resuena con cercanía la respuesta cortante de Caín
cuando Dios le preguntaba dónde estaba su hermano: “¿Acaso soy yo el guardián de mi
hermano?”. Negar al hermano, negar al prójimo, no querer reconocer al otro, es la
primera de las justificaciones que tenemos para dejarlo tirado en el camino, buscando
nuestras ambiciones. “¿Quién es mi prójimo?”, seguramente eso mismo diría el levita
que conocía al dedillo todos los escondrijos del derecho, pero no era capaz de mirar el
dolor y las heridas del hermano. Hoy también nos escondemos en argumentos y leyes
para no atender al hermano. “¿Quién es mi prójimo?”, se quedaría pensando el
sacerdote mientras se preparaba a ofrecer los sacrificios en el templo, olvidando a los
profetas que dicen claramente: el sacrificio que yo quiero es que mires a tu hermano en
necesidad, que no cometas injusticia, que tengas un corazón atento a su dolor. “¿Quién
es mi prójimo?”, sólo el samaritano se atreve a responder esta pregunta en su corazón.
Él sabe mucho del dolor del desprecio porque lo han condenado y dejado fuera de la
salvación, él ha sido acusado de impuro y gentil, él ha sufrido la discriminación por eso
puede entender que aquel herido y robado es su hermano. Por eso lo sana, lo carga y lo
lleva a un lugar seguro, porque lo ha percibido como su hermano. “¿Quién es mi
prójimo?”, no sé si el posadero se hiciera esta pregunta, o si solamente se haría la
pregunta de cuánto ganaría con este nuevo huésped que puede permanecer algunos días.
¿Qué captaría el doctor de la ley al escuchar esta narración? Creo que Jesús hoy nos
dice a nosotros también: “Anda y haz lo mismo que el samaritano”. Es decir descubre
en los demás quién es tu prójimo, quién es tu hermano.
Domingo Ordinario
Isaías 5, 1-7: “La viña del Señor es la casa de Israel”
Salmo 79: “La viña del Señor es la casa de Israel”
Filipenses 4, 6-9: “Obren bien y el Dios de la paz estará con ustedes”
Mateo 21, 33-43: “Arrendará el viñedo a otros viñadores”
Isaías y San Mateo ponen ante nuestros ojos una de las más bellas imágenes de la
Biblia: la vid, que representa el amor de Dios que se encarna en todas las realidades de
la existencia humana y permea todas sus acciones. Es cierto que el canto de la viña es
un canto del trabajo, tan común en las culturas campesinas, donde se canta al laborar o
al final de la jornada se entonan sentidas coplas entremezclando las tristezas y alegrías
que produce el trabajo, y que es difícil distinguir cuando dejan de hablar de la milpa y
de la viña para ponerse a hablar de la mujer amada. Detrás del canto campesino no es
difícil descubrir la revelación de un amante que canta y cuenta su fracaso amoroso
entremezclando las íntimas demostraciones hasta confundir el lenguaje campirano con
el usado en las relaciones amorosas, y aun sexuales, entre esposo y esposa. ¿En qué
momento se convierte esta imagen en la historia del amor de Dios por Israel, el pueblo
que Él eligió? El mismo canto se plantea el fracaso del Señor con su pueblo, pero se
descubre sólo al final siendo realmente la intención del canto.
Más grave se nos propone la parábola de los viñadores homicidas. A la propuesta de un
amor que supera las infidelidades y obstinado se ofrece una y otra vez buscando renovar
los perdidos delirios del amor inicial, responde una dura realidad de rechazo, de
creciente violencia hasta terminar en la barbarie del asesinato del hijo y heredero único.
¿No es una exageración la narración tan violenta donde por una viña se golpea, se
apedrea y se termina por asesinar al heredero? Suena triste, pero nuestra realidad va
mucho más allá: se asesina por unos cuantos pesos, se mata por ambición de poder y se
secuestra y se mutila simplemente porque se le antoja al malhechor o porque se ha
sentido ofendido por una mirada. Se ha perdido toda la dimensión de una viña, de una
vida, que nos ofrece Dios por amor y para el amor, y se ahogan todos los esfuerzos. Se
hace realidad el reclamo de amor del amante: “Esperaba de ellos justicia, y hay
iniquidad; honradez, y hay alaridos”. Nuestra patria se llena de luto y llanto por tantas
injusticias de criminales y autoridades coludidas en una guerra sin sentido y sin fin, en
un afán de manifestación de poderes y de venganzas, y las pobres víctimas, silenciosas e
impotentes, permanecen en el anonimato y en el olvido. ¡Cómo se hace realidad esta
parábola tan trágica que nos narra el mismo Jesús!
En la parábola hay dos aspectos que no podemos dejar de lado: el primero, tiene una
muy clara dedicatoria: “Jesús dijo a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo”,
dirigida a los jefes y representantes del pueblo tanto de aquel tiempo como de éste. Nos
ofrece una clara acusación contra los responsables de no entregar frutos de justicia y
rectitud. Toda persona que ostente algún grado de autoridad también tendrá algún grado
de responsabilidad en esta situación tan deplorable. Mientras más autoridad, más grave
la responsabilidad. No podremos actuar con indiferencia, pasividad o temor pues está de
por medio la justicia y la vida de los desprotegidos. Basta ya de echar culpas a los otros, cada uno asuma con dignidad y valentía su papel, pues está de por medio no sólo la
seguridad personal, sino el riesgo de perder la viña amada del Señor, por la que ha
suspirado, por la que ha dado la vida. Quien asesina a una persona, está asesinando a un
Cristo vivo, pero también, quien debiendo proteger al indefenso no lo hace, se convierte
en cómplice de asesinato. Todos tenemos responsabilidad y todos tenemos que aportar
nuevas luces que nos lleven a salir de estas oscuridades.
3 Octubre
Job 42, 1-3. 5-6. 12-16: “Ahora te han visto ya mis ojos, por eso me retracto”
Salmo 118: “Enséñame, Señor, tus mandamientos”
San Lucas 10, 17-24: “Alégrense de que sus nombres estés escritos en el cielo”
¡Qué alegría expresan los discípulos al retorno de su misión! Atrás han quedado los
momentos de inseguridad y hasta de coraje porque no los aceptaban. Sorprende su
admiración porque “hasta los demonios se nos someten en tu nombre”. Y las mismas
palabras de Jesús hacen un recuento de los prodigios realizados. ¿Tendrán validez estas
palabras para nuestros días? No esperemos andar haciendo exorcismos o expulsar
demonios de gente poseída. La misión del discípulo esta muy clara: crear una vida
verdaderamente humana para todos los hombres, construir un mundo nuevo. Claro que
para esto se requiere quitar toda esclavitud a que se someta a la humanidad. Los
demonios del poder y de la ambición siguen sometiendo a los más pequeños y débiles y
es necesario denunciar con fuerza y sin temores todas estas esclavitudes. Pero no basta
la denuncia, hay que expulsar de nuestras estructuras todas estas esclavitudes malignas
que a diario nos aprisionan. Hay que hacer caer a Satanás bajo cualquier forma que se
nos presente por más atractiva y prometedora que pueda ser. Debemos luchar contra los
demonios de la discriminación, de la violencia y de la injusticia. Y el único camino es el
que nos presenta Jesús reconociendo que se puede construir sólo asumiendo la sabiduría
de los pequeños, la grandeza de los sencillos y el poder de los humildes. Claro que es
trastocar todas las estructuras injustas que someten a nuestros pueblos y naciones, pero
mientras sigan rigiendo las leyes del dinero y del poder, seguiremos sometidos al poder
del maligno. Gracias, Padre, porque en este mundo de injusticias, sigues suscitando
hombres y mujeres de corazón grande, capaces de dar sin esperar recompensa. Gracias,
Padre, porque hay muchas personas generosas que abren sus manos para levantar al
necesitado. Gracias, Padre, porque hay discípulos de Jesús que entienden que se puede
construir un mundo nuevo donde reine el amor, el servicio y la paz.
2 Octubre
Santos Ángeles Custodios
Job 38, 1. 12-21, 40,3-5: “¿Alguna vez en tu vida le has dado órdenes a la mañana o
has llegado hasta donde nace el mar?”
Salmo 138: “Condúcenos, Señor, por tus caminos”
San Mateo 18, 1-5.10: “Sus ángeles en el cielo ven continuamente el rostro de mi
Padre, que está en el cielo”
Hoy celebramos una fiesta que nos ayuda a recordar el cuidado bondadoso que Dios
tiene de todos los hombres: es la fiesta de los santos Ángeles Custodios. Todos
recordamos las oraciones que hacíamos de niños a nuestro ángel de la guarda. Los
evangelios hablan frecuentemente de los ángeles. En particular acabamos de escuchar
esta afirmación de Jesús en defensa de los niños porque sus “ángeles ven continuamente
el rostro de mi Padre”. En los ángeles encontramos personificada la providencia
amorosa que Dios tiene de cada uno de nosotros. En los últimos tiempos se ha puesto de
moda una devoción extraña a los ángeles. Se les mira y se les trata no como seres que
dependen de Dios, sino como verdaderos talismanes, o seres que actúan independientes
de Dios. Se les compra con oraciones y ritos extraños. Se tiene un ángel para cada
necesidad. Así lo que era una devoción que nos acercaba al verdadero Dios y nos
recordaba sus virtudes, hoy se ha tornado en un alejamiento de Dios y en un culto que
no lleva al amor y al entendimiento de los hermanos, sino a una especie de idolatría.
Hoy debemos retornar a la verdadera devoción que nos lleva a sentir y a vivir el
verdadero cuidado que Dios tiene de nosotros. No podemos tener fe en unos seres como
si fueran amuletos para evitar los males y las enfermedades, para cambiar a nuestro
arbitrio la libertad y el destino de los hombres. La devoción a los Santos Ángeles de la
Guarda nos llevará a una verdadera confianza en el Dios que nos acompaña diariamente
en nuestro caminar, que guía nuestros pasos y que nos pide que asumamos con
responsabilidad el cuidado de nuestro mundo. En particular el texto de hoy nos insiste
en esa dignidad y aprecio que debemos tener por el cuidado de los niños que en nuestro
mundo se ven tan amenazados en todos los sentidos. Desde la pornografía y la trata de
niños y niñas, hasta su educación, diaria responsabilidad que los padres han dejado en
manos ajenas. Que nuestra oración nos lleve a un verdadero compromiso y cuidado de
los pequeños. Nuestra oración al Ángel de la guarda despierte en nosotros el
reconocimiento al Dios que nos ama y no cuida.
1 Octubre
Santa Teresa del Niño Jesús
Job: “Yo sé que mi Redentor vive”
Salmo 26: “No me abandones, Dios mío”
San Lucas 10,1-12: “Su deseo de paz, se cumplirá”
Escuchar la Palabra de Dios y meditarla en el corazón es la fuente viva para cada uno de
los discípulos de Jesús. No podemos vivir sin la Palabra. Tanto la lectura del libro de
Job como el envío que leemos en el pasaje de San Lucas dan gran importancia al
mensaje del Señor y a la necesidad de vivir confiados en su Palabra. Job, a pesar de
todas sus dificultades y problemas, a pesar de los ataques de sus más cercanos, confía
más en la Palabra del Señor y exclama fuertemente: “Yo sé bien que mi defensor vive y
que al final se levantará a favor del humillado”. Es la seguridad en la palabra del Señor. Mientras que en el evangelio los discípulos son enviados a preparar el camino al Señor, a anunciar la cercanía del Reino. Con todas las condiciones que les impone Jesús para
hacer creíble su testimonio: ir de dos en dos (es decir en comunidad), con la confianza
en la Palabra del Señor (no llevar nada de ataduras), ofreciendo a todas las gentes el don
de la paz y la salud. La misión de anunciar el Reino es una tarea de todos y hoy todos
los cristianos debemos incrementar el acercamiento a la Palabra de Dios para después
poder anunciarla. Cuando dejamos que la Palabra penetre en nuestros corazones,
transforma nuestras vidas y nuestras estructuras. La dificultad estriba en que a veces nos
acercamos a la Escritura no para escucharla sino para utilizarla, no para dejarnos tocar, sino para trastocar su significado. Santa Teresita se entregó enamorada a escuchar y
vivir esa Palabra. Abramos nuestro corazón a la Palabra de Dios que ella nos
transformará, iluminará y dará nueva vida. Escuchemos el reclamo que hacía San
Jerónimo: “Ignorar las Escrituras es ignorar a Jesucristo”
30 Septiembre
San Jerónimo
Job 9, 1-12. 14-16: “El hombre no puede hacer triunfar su causa frente a Dios”
Salmo 87: “Señor, que llegue hasta ti mi súplica”
San Lucas 9, 57-62: “Te seguiré a dondequiera que vayas”
¿Cuántas personas quisieron seguir a Jesús? San Lucas nos muestra un breve repertorio
de lo que seguramente sucedería en torno a Jesús. Al mirar sus milagros, al escuchar sus
enseñanzas, al contemplar a este Jesús que se manifiesta misericordioso y compasivo,
seguramente no faltaría quien se entusiasmara por querer seguirlo. Pero Jesús es muy
claro y no “endulza” la realidad para quien está dispuesto a seguirlo. Tres condiciones
aparecen como básicas detrás de estos sencillos relatos. La primera es el
desprendimiento. Quizás muchos subyugados por lo espectacular de los milagros están
dispuestos a seguir a un Mesías que les solucionará todos sus problemas económicos y
materiales, amén de conseguir un poco de fama en esta empresa. Jesús no tiene donde
reclinar la cabeza y su reino no se basa en las promesas materiales. Desapego del
corazón y coherencia en el seguimiento exige a quien lo quiera acompañar. En la
segunda narración podemos percibir el ofrecimiento de Jesús de formar una nueva
familia. No es que Jesús rechace los lazos familiares, pero estos lazos no deben atar a un
pensamiento y a un actuar anquilosado en la antigua ley. De ninguna forma está
exigiendo Jesús un rechazo o abandono de la familia, pero si propone una libertad y una
nueva relación con su nueva familia nacida de la escucha y cumplimiento de la palabra.
Finalmente también propone una decisión firme y sin vacilar. No se puede volver la
mirada hacia atrás. Es muy común entre nosotros encontrar personas entusiasmadas por
el Evangelio, que abren el corazón y deciden entregarse a vivirlo en plenitud. Pero con
frecuencia vamos uniendo a esta decisión una mezcla de intereses materiales que van
oscureciendo nuestra decisión. Al confrontarnos con nuevos criterios tanto en las
relaciones familiares como en la coherencia entre la vida y la fe, nos vemos tentados a
abandonar nuestra decisión. No son pocas las veces que se hace una especie de
acoplamiento y se reduce la radicalidad del Evangelio para acomodarlo a los propios
intereses y cadenas que nos atan. Seguir a Jesús es exigente en aquellos tiempos y
también hoy. Comparta un compromiso serio de vivir al estilo de Jesús, dejando los
valores que propone la sociedad, asumiendo una nueva familia que se abre a todos los
hombres y sosteniéndose coherentes en la vida con la opción que hemos elegido.
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29 Septiembre
Santos Arcángeles Miguel, Gabriel y Rafael
Apocalipsis 12,7-12: “Miguel y sus ángeles pelearon contra al dragón”
Salmo 137: “Te cantaremos, Señor, delante de tus ángeles”
San Juan 1,47-51: “Verán a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre”
Hoy es la fiesta de los Santos Arcángeles. La protección y el cuidado que Dios tiene de
los hombres, es manifestado en la Biblia con frecuencia a través de sus “enviados”, que
es lo que significa la palabra “ángel”. Los tres arcángeles que hoy celebramos y
recordamos tienen nombres que nos indican una misión pero que al mismo tiempo nos
manifiestan una característica de Dios. San Miguel aparece varias veces en la Biblia
como protector del pueblo elegido y en una lucha contra el demonio (Ap 12,7) pero en
el significado de su nombre viene a dejarnos muy en claro el primer acto que debe todo
hombre tener en relación con Dios. No puede ni debe usurpar el lugar de Dios ningún
bien material, ninguna ambición, ningún poder. Por eso San Miguel en su nombre nos
recuerda: “¿Quién como Dios?”. El arcángel Gabriel aparece varias veces también en la
Sagrada Escritura como el enviado a anunciar buenas nuevas desde el tiempo del
profeta Daniel y después presentándose directamente a la Virgen María. La Buena
Nueva nos recuerda que estamos en las manos de Dios y Gabriel significa “fortaleza de
Dios”. Rafael aparece en el libro de Tobías como acompañante, consejero y portador de
salvación. Su nombre significa: “Medicina de Dios”, o bien “Dios ha sanado”. Así los
Arcángeles, lejos de oscurecer la relación con Dios, nos vienen a manifestar esta
relación tan estrecha que el hombre debe tener con su creador. Retomemos cada uno de
sus nombres y de sus actitudes. Luchemos contra todo pecado fiados no en nuestra
fuerzas, sino en la certeza que “no hay nadie como Dios”. En los ambientes hostiles y
difíciles, cuando haya caídas y fracasos, levantemos el rostro y recordemos que “Dios es
nuestra fortaleza”. Y en nuestro camino, en las debilidades y tropiezos, llegue hasta
nosotros la certeza que es Dios nuestra medicina y remedio, que es quien nos acompaña
y alienta en el camino. Dios a través de sus Arcángeles, se nos manifiesta cercano a
cada uno de nosotros.
28 Septiembre
San Wenceslao
Santos Lorenzo Ruiz y compañeros
Job 1, 6-22: “El Señor me lo dio, el Señor me lo quitó: ¡Bendito sea el nombre del
Señor!”
Salmo 16: “Señor, escucha nuestra súplica”
San Lucas 9, 46-50: “El más pequeño entre todos ustedes, ése es el más grande”
La Palabra de Dios siempre es actual y viene a responder a nuestras necesidades e
inquietudes. Nunca como ahora nos hemos cuestionado sobre el mal y la injusticia,
nunca como ahora nos hemos rebelado y gritado que no es posible tanta maldad. Las
preguntas se las hacemos al mismo Señor. Y hoy su palabra inicia una reflexión que no
terminará solamente en este pequeño libro de Job, sino que nos lanza a buscar una
forma de vivir y afrontar el mal en la misma dinámica que usó Jesús. Es pequeño pero
muy bello el libro de Job que hoy iniciamos en la primera lectura. Con imágenes
personificadas de Dios y del demonio, nos centra en el problema de la fidelidad a Dios y
del mal en medio de los hombres. Tentado por el demonio, la primera respuesta de Job
ya es digna de nuestra admiración: “El Señor me lo dio, el Señor me lo quitó: ¡Bendito
sea el nombre del Señor!” Es una verdad que no agradecemos a Dios todo lo que nos ha
dado y que después reclamamos lo que nos falta porque creemos injusto. La primera
actitud es sabernos en manos de Dios que nos ama. Los siguientes días iremos
retomando otra parte de este mismo libro que nos ayudarán a continuar en esta
reflexión. Pero este mismo día el pasaje del evangelio aborda dos temas que nos
agobian y nos limitan en muchos sentidos: el pleito por saber quien es mejor y la
división y discriminación entre grupos que se agreden, que se descalifican y se
desconocen. La respuesta de Jesús está basada en el mensaje que Él vive y que nos
comunica: ¿Si todos somos hermanos por qué luchar por los primeros lugares? Entre
hermanos el más pequeño es el más grande. Y en cuanto a las discriminaciones nos
advierte que lo importante es optar por la construcción del Reino y que no importa de
quien venga la solución. Todo lo contrario a lo que a veces hacemos nosotros: negamos
la validez de una propuesta solamente para atacar a quien piensa diferente de nosotros.
También rechazamos soluciones porque provienen de grupos distintos. No buscamos el
bien de la comunidad. Estas cuestiones tan importantes en nuestra vida conviene que
hoy las examinemos a la luz de los criterios de Jesús.
https://youtube.com/@podcastcatolicosencamino?si=NRFpr5Na35Xku3FS
XXVI Domingo Ordinario
Ezequiel 18, 25-28: “Cuando el pecador se convierte, salva su vida”
Salmo 24: “Descúbrenos, Señor, tus caminos”
Filipenses 2, 1-11: “Tengan los mismos sentimientos de Cristo Jesús”
San Mateo 21, 28-32: “El segundo hijo se arrepintió y fue.- Los publicanos y las
prostitutas se les han adelantado en el Reino de Dios”
Hoy el Señor no nos pide discursos perfectos. Nos mira a los ojos y nos pregunta con
sencillez si estamos haciendo las cosas o sólo las decimos. Jesús es muy directo con los
fariseos de su época, y hoy lo es con nosotros. Sabemos muy bien que del dicho al
hecho hay mucho trecho. ¿Cuántas veces decimos que amamos a Dios, que somos
buenos católicos, pero en casa nos tratamos mal, hay pleitos entre hermanos y
vecinos? ¿Cuántas veces prometemos cambiar en el altar el domingo, pero el lunes se
nos olvida la honradez en el trabajo, la paciencia con el vecino o nuestra coherencia
con la justicia?
Jesús exige una clara y contundente decisión frente al Reino de Dios, una
determinación que no quede en palabras bonitas pero huecas, sino que se traduzca en
hechos concretos y tangibles. Es cierto que en un primer momento parece dirigir un
claro reproche al pueblo de Israel porque aparentemente han dicho a Dios que sí, que
es su único Dios, que cumplirán todos sus mandamientos, que le serán fieles; pero
después han tergiversado sus mandamientos, los han acomodado a su propio gusto y
se muestran tan felices como si de verdad los estuvieran cumpliendo. Pero también se
dirige a nosotros y nos pone el mismo ejemplo para que caigamos en cuenta que
primero decimos sí y después actuamos como nos da la gana. ¿No es cierto que nos
decimos cristianos, pero actuamos conforme a los valores del mundo? ¿No es cierto
que los juramentos y las profesiones de fe se han convertido en palabras huecas que
no nos llevan al compromiso?
La fe en Dios no es un dubitativo “yo creo”, en el sentido mexicano de “no estoy
seguro”, sino una firme y radical profesión de fe en un Padre que nos ama y que nos
compromete a vivir como hermanos. Ya San Pablo les reclama a los cristianos de
Filipos su manera contradictoria de vivir porque dicen profesar una fe y después
actúan con rivalidades, presunciones y envidias que destruyen la comunidad. El
modelo más elocuente es el mismo Jesús y les pide que tengan sus mismos
sentimientos. Él no fue primero sí y después no. Asumió las consecuencias de un amor
radical que lo lleva a despojarse de su condición divina, tomar la condición de siervo y
hacerse semejante a nosotros al grado de morir en la cruz. Son consecuencias de una
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