[31/7, 7:15 a.m.] null: La Palabra de Dios no siempre confirma lo que pensamos. A veces nos incomoda, corrige nuestras seguridades y nos llama a convertirnos. El problema comienza cuando preferimos acallar al mensajero antes que escuchar al Señor.
1️⃣ Jeremías recibe una misión clara: anunciar todo lo que Dios le mande, sin omitir una sola palabra. El profeta no es dueño del mensaje. No puede suavizarlo para evitar problemas ni adaptarlo para conseguir aplausos.
2️⃣ Dios advierte al pueblo, pero todavía deja abierta la puerta de la conversión: «A ver si escuchan y se convierte cada cual de su mala conducta». La amenaza no es la última palabra. La última palabra que Dios desea pronunciar siempre es misericordia.
3️⃣ Sin embargo, los sacerdotes, los profetas y el pueblo no examinan su propia conducta. Se lanzan contra Jeremías. Es más fácil condenar al que denuncia el pecado que reconocer que necesitamos cambiar de vida.
4️⃣ Algo semejante sucede en Nazaret. Todos admiran la sabiduría de Jesús, pero no consiguen superar sus prejuicios: «¿No es el hijo del carpintero?». Creen conocerlo y, precisamente por eso, se cierran al misterio de Dios.
5️⃣ También nosotros podemos acostumbrarnos demasiado a las cosas santas. Podemos escuchar cada día el Evangelio, recibir los sacramentos y hablar continuamente de Dios, pero permanecer cerrados a lo que Él quiere transformar en nuestra vida.
6️⃣ Jesús no hizo allí muchos milagros «por su falta de fe». No porque le faltara poder, sino porque aquellos corazones no estaban dispuestos a recibirlo. La gracia de Dios no destruye nuestra libertad: llama a la puerta y espera que le abramos.
7️⃣ En la memoria de san Ignacio de Loyola pidamos una verdadera disposición para escuchar y discernir: no buscar lo que confirma nuestros deseos, sino aquello que más nos conduce a Dios. Que nunca nos escandalice la voz del Señor cuando nos pide conversión.
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[31/7, 7:16 a.m.] null: ¡NO HIZO MILAGROS PORQUE LES FALTABA FE
Y yo, ¿permito que Dios haga su obra en mí y a través de mí?
Alma de Cristo, santifícame.
Cuerpo de Cristo, sálvame.
Sangre de Cristo, embriágame.
Agua del costado de Cristo, lávame.
Pasión de Cristo, confórtame.
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