Hoy comenzamos con un nuevo bloque de reflexiones: las enfermedades de la inteligencia espiritual. Después de haber reflexionado sobre las enfermedades de la apariencia, del corazón, de nuestra relación con Dios, de la vida comunitaria y de la misión, ahora nos detenemos a mirar cómo pensamos y comprendemos la fe.
Descubrimos que también la inteligencia puede enfermarse espiritualmente cuando empezamos a interpretar el Evangelio de manera parcial, quedándonos solo con las partes que nos resultan cómodas y dejando de lado aquellas que nos invitan a la conversión. Así puede surgir una fe selectiva, que se parece más a lo que nos gustaría creer que al Evangelio real.
En esta primera reflexión meditamos sobre una enfermedad muy actual: la misericordia sin verdad. Nos preguntamos qué ocurre cuando hablamos mucho de la misericordia de Dios, pero la desconectamos de la llamada del Evangelio a cambiar de vida.
A la luz del encuentro de Jesús con la mujer sorprendida en adulterio y con Zaqueo, descubrimos que la verdadera misericordia nunca es un simple calmante de conciencia. Es una misericordia que perdona, sí, pero precisamente porque perdona tiene el poder de transformar la vida.
Esta meditación nos invita a redescubrir la misericordia auténtica del Evangelio: un amor que no nos condena, pero que tampoco nos deja iguales, sino que abre siempre un camino nuevo de conversión y de vida.