La antropología científica ha explicado las creencias lunáticas como pensamiento mágico, fantasías fruto de la impresión que produce la magnificencia del astro en el cielo nocturno. Hasta ahora la ciencia no había ido mucho más allá de comprobar el efecto sobre las mareas, pero nuevos datos sugieren que algunas creencias populares, como el efecto sobre la calidad de la madera o sobre el crecimiento de las plantas, pueden ser ciertas.
Una hipótesis novedosa procede de la física cuántica, es decir, del estudio de lo más pequeño. El físico Gerhard Dorda, de la Universidad de la Armada de Munich (Alemania), está convencido de que el poderío atribuido a la Luna se basa en un efecto cuántico que acompaña su fuerza de gravitación y que actúa como un reloj astronómico.
Es decir, la Luna marca los ritmos de los procesos fisiológicos de muchos seres vivos mediante la emisión cíclica, en cortos intervalos cuánticos, de porciones variables de energía. Así provoca cambios en el número de moléculas de agua que se encuentran en las células orgánicas. Este reloj cósmico puede determinar desde la química cerebral hasta el crecimiento de las plantas.