La tragedia del fuego, como antes la de la DANA en Levante, ha puesto de forma descarnada sobre el tablero político una tremenda verdad: la tan alabada España de las Autonomías no funciona.No solo es enormemente cara, fatigosamente lenta y desesperadamente burocrática, sino que sirve para las fiestas, el oropel y el menoreo, pero cuando llegan los desastres se atasca y enseña las costuras.Le pasa lo mismo que a la Constitución del 78, como deja patente cada día el infame Pedro Sánchez.Nos parecía un prodigio de la concordia y el diálogo, pero ha bastado que entrase en La Moncloa un amoral como el marido de Begoña, decidido a pasarse el texto por la entrepierna, para que el ilusionismo saltase en pedazos.