Cuando vivía en Australia, compré un coche de segunda mano. Más bien de tercera, cuarta o quinta mano. Es muy común allí.
Un día, marcha atrás, choqué contra un bolardo. ¡Ay! Con un coche intacto, quizá se me hubiera "encogido el corazón", un poquito. En lugar de ello, paré y, entre risas, dijimos mi amiga y yo: "uno más".