Hasta bien entrados los años 40 en Estados Unidos hasta la música estaba segregada, hasta la industria hablaba de Race Records cuando se refería a música negra ya fuese Blues o Gospel. En el Temple del Gos llevamos tiempo hablando de los orígenes del rock y de esos caminos paralelos entre la música blanca y la negra que solo a veces se entrecruzan, pero lo cierto es que desde los minstrels de finales del XIX el público, los circuitos y la industria de las músicas blanca y negra andaban por separado. En el caso de la música negra por si misma también se producen ramificaciones, por un lado el Blues, rural, aislado, sureño y profano, o sea, música del diablo, y por otro, el gospel, god spel, es decir textualmente la palabra de Dios. Que el Blues se modernizó al electrifcarse con la emigración de los afroamericanos del sur a la costa este para convertirse en el R&B antecesor del rock ya lo sabemos, pero que el Soul bailongo y sexual tuvo sus dilemas espirituales quizás es menos conocido. Todo soulman/woman que se precie (y bluesman de hecho) empezó en la iglesia, en el gospel, y los himnos relgiosos son piedra angular de la cultura afroamericana desde las primeras deportaciones pero además de un consuelo eran también una herramienta, un mecanismo de control, a veces de autocontrol y, claro, no fueron pocos los problemas cuando en los '30 y especialmente en los'40 y los '50 algunos músicos usaron las estructuras gospel para hablar de "tú" en vez de "Tú" y de las nuevas "necesidades" del joven negro. Primero algunos cuartetos vocales y después aquel ciego de Georgia que se atrevía a utilizar la música de la iglesia para decir las mismas blasfemias que los bluesman del Delta. Cuando Atlantic le publica a Ray Charles I've got a woman (ojito, en 1954... el mismo año que en Memphis la Sun Records vuela por los aires todos los esquemas del público blanco) también la música negra da un vuelco, el bueno de Ray y otros como Sam Cooke fueron poco menos que crucificados, pero la suerte estaba echada, nacía la música del alma... del vientre de la música del evangelio, eso si.