A veces pensamos que la espiritualidad es algo que solo ocurre en momentos extraordinarios: en un retiro, en una iglesia, en un silencio profundo lejos del ruido cotidiano. Pero la verdad es que la vida espiritual se teje, sobre todo, en lo sencillo. En el hogar, en lo cotidiano, en esos pequeños gestos que parecen insignificantes pero que, cuando se hacen con intención, se convierten en espacios donde el alma respira. La espiritualidad en casa no necesita grandes rituales ni complicaciones; necesita presencia. Necesita que estemos ahí, atentos, abiertos, dispuestos a encontrar a Dios en lo que ya hacemos, en lo que ya somos, en lo que ya vivimos.
Tu amigo Israel Meza, que Dios te bendiga siempre y recibe un fuerte abrazo.