A veces las heridas llegan sin aviso: una pérdida, una traición, un cambio inesperado, una etapa que se cierra antes de tiempo. Y duele. Duele más de lo que admitimos. Duele en silencio, en lo profundo, en esos rincones donde solo Dios tiene acceso. Y es ahí donde surge la pregunta: si Él me ama, ¿por qué permitió esto? Pero quizá la pregunta no es un reclamo, sino una búsqueda. Una búsqueda de sentido, de consuelo, de propósito. Porque aunque no siempre entendemos el porqué, sí podemos descubrir que Dios no se aleja cuando duele; al contrario, se acerca de una manera que a veces solo el dolor nos permite percibir.
Tu amigo Israel Meza, que Dios te bendiga siempre y recibe un fuerte abrazo.