En Argentina, el presidente Javier Milei partió para su primera misión internacional, la participación en el Foro de Davos, que reúne a políticos, funcionarios de organismos internacionales, empresarios y financistas de todo el mundo.
Será un test para Milei ante el establishment global, después de la gran curiosidad mediática que se generó en torno a su figura y su discurso libertario.
Tanto la elección como las primeras medidas adoptadas tras su asunción han sido objeto de intensa cobertura por parte de medios del hemisferio norte que es inusual que hagan un seguimiento detallado de la actualidad argentina.
El mandatario dijo que había recibido más de 60 solicitudes de entrevista bilaterales con participantes del foro de Davos, lo que excedía la capacidad de su agenda, por lo que intenta organizar las reuniones.
Desde ya, se da por descontado que habrá encuentros personales con la primera plana del Fondo Monetario Internacional, con el que Argentina acaba de reanudar el programa de refinanciación de la deuda.
Como primer objetivo, el presidente quiere dar un drástico viraje en el alineamiento internacional de Argentina, que durante el gobierno peronista se acercó a potencias como Rusia y China, y que adoptó una postura tibia respecto de regímenes autoritarios en la región, como los casos de Venezuela, Cuba y Nicaragua.
Milei hablará el miércoles 17 de enero y lo acompañarán en su comitiva la canciller Diana Mondino y el ministro de Economía, Luis Caputo. Se quiere aprovechar la presencia de líderes gubernamentales e inversores de grandes fondos, para mejorar el acceso de Argentina al mercado de crédito y para atraer inversiones directas en áreas estratégicas como el petróleo y la minería.
Sin embargo, este primer viaje no se limita a Davos. Una de sus paradas más importantes será en el Vaticano, donde el presidente será recibido por el Papa Francisco. La reunión tiene un fuerte significado político porque durante la campaña electoral, Milei se había mostrado muy crítico del pontífice, a quien había caracterizado como un defensor de políticas populistas e izquierdistas. Se llegó al extremo de que figuras del partido de Milei sugirieron que Argentina debería cortar relaciones diplomáticas con el Vaticano.
El Papa nunca lo mencionó en forma directa, pero había hecho referencias a que en momentos de crisis surgían figuras oportunistas que se presentaban como nuevos mesías, algo que en el ámbito político argentino se interpretó como una obvia alusión a Milei.
Tiempo después el mandatario argentino pidió disculpas públicas y cambió su discurso respecto del Papa, que correspondió también a esa actitud, minimizando las críticas del presidente. Lo importante es que el Papa dijo que tal vez viaje a Argentina en el segundo semestre, sería la primera vez en sus más de diez años de papado que visita su país natal.
(Fernando Gutiérrez, corresponsal en Argentina)