En Argentina, se conoció el dato de inflación de diciembre. Un impactante 25,5%, con lo que el año cerró con una inflación de un 211%, es el registro más alto desde el año 1990. A su vez, este número pone a la Argentina en el top del ranking mundial, con una inflación mayor que la de Venezuela y el Líbano.
El gobierno recibió la noticia con cierto alivio. Después de todo, los consultores privados habían pronosticado que podría superar el 30%. El presidente argentino, Javier Milei, había dicho que si se llegaba al 30%, podía celebrarse como “un numerazo” porque la dinámica inflacionaria de la economía estaba empujando el índice a un 45%.
El dato del IPC salió, además, pocas horas después de que se anunció un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI), donde el organismo reforzó el plano financiero hasta abril y dio un fuerte respaldo político a Milei, al elogiar su programa de austeridad fiscal.
El mercado recibió bien esta noticia, con una caída en las cotizaciones del dólar paralelo, una suba en los bonos de deuda soberana y otro recorte en el índice de riesgo país. Además, las mediciones preliminares de la inflación de enero muestran una relativa moderación en los rubros más sensibles, como alimentos.
Esto lleva al gobierno a alentar la expectativa de que, tal vez, diciembre haya sido el pico de inflación y pueda empezar un camino descendente que devuelva rápidamente el IPC a la zona de un dígito anual.
Por lo pronto, se logró cambiar el clima del mercado, donde se habían instalado dudas sobre si el gobierno lograría atravesar el verano sin tener que convalidar un nuevo salto devaluatorio.
Con el anuncio del acuerdo, queda cubierto el calendario de pagos hasta abril, cuando empiezan a entrar los dólares de la exportación agrícola.
La expectativa del gobierno argentino es que este año, gracias a una gran recuperación del campo, se generará un holgado superávit de la balanza comercial, lo que le permitirá reforzar las reservas del banco central en 10 mil millones de dólares.
Esa es la meta a la que el país se comprometió en su acuerdo con el FMI. En realidad, lo que hizo esta negociación fue desbloquear el calendario de desembolsos por parte del organismo, que había quedado bloqueado por el desvío fiscal durante la gestión del ex ministro Sergio Massa.
No se trata de un acuerdo nuevo, lo que implica que no va a haber dólares nuevos. El dinero que vaya a entrar apenas alcanzará para saldar los vencimientos de capital con el FMI y evitará que el país incurra en default.
La discusión entre los analistas del mercado es si la campaña agrícola alcanzará como para cumplir el objetivo de acumular reservas en el Banco Central y, además, pagar el resto de las obligaciones financieras para este año. Sin embargo, hasta el momento, en el gobierno de Milei celebran el hecho de haber despejado las dudas para el corto plazo.
(Fernando Gutiérrez, corresponsal en Argentina)