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El enfoque de hoy estará en los varones sea que ya tengan hijos o se estén preparando para tenerlos un día. Por eso me gustaría reflexionar en Dios como Padre. Pienso que si aprendemos e imitamos los principios bíblicos que Dios nos enseña, podemos llegar a ser buenos padres y buenos hijos.
Cuando analizamos la presencia y beneficio de estos dones comunicativos en la iglesia nos damos cuenta de lo importante que son y la gran necesidad que tenemos de ellos. Dios quiere abrir tu mente a la posibilidad de ser empoderado por el Espíritu Santo para que puedas recibir y usar estos dones para la gloria de Dios y el beneficio de los demás.
A lo largo de sus escritos Pablo nombra una gran diversidad de dones y hoy estaremos analizando estos cinco: apóstoles, profetas, evangelistas, pastores y maestros. Quiero comenzar con esto porque son probablemente los más conocidos porque muchas personas lo ejercen a nombre de la iglesia y con mucha más publicidad. Vamos a darle un vistazo.
El poder del Espíritu Santo en nosotros magnifica nuestras habilidades y dones espirituales para que se alinean con el propósito divino de salvación. Eso lleva nuestros dones y capacidades a un nivel sobrenatural. Dios nos llama con propósitos eternos.
Jesús pone en términos muy simples que cuando servimos a otros le estamos sirviendo a él. Por una parte se hace muy fácil servir a Dios porque hay muchas oportunidades alrededor nuestro para que hagamos algo por los demás. Es hermoso ver que el placer de Dios está en que demostremos de manera práctica amor por aquellos que están a nuestro alrededor con alguna necesidad. Para colmo de bendiciones, este texto refuerza la idea de que Dios está dispuesto a premiarnos por ello.
Jesús nos entregó a todos su Espíritu Santo antes de ir a su trono, y de él hemos recibido diferentes dones de acuerdo a su propósito con nosotros. Todos los talentos y vocaciones que Dios nos ha dado son útiles y necesarios para el crecimiento y edificación de la iglesia y del Reino de Dios. Aunque mi hermano tenga más o menos recursos que yo, eso no me hace más ni menos que él. Lo que va a marcar la diferencia es el uso que yo le dé a lo que Dios me dio.
El deseo de Dios no es que que hagamos equipo con él para que el resultado final de nuestro servicio a él sea un milagro. Jesús le pidió a sus discípulos que alimentaran a toda aquella multitud porque quería que reconocieran sus limitaciones humanas y la necesidad de Dios para lograrlo.
Muchas veces el llamado de Dios para servir no ocurre cuando nos sobra el tiempo o cuando estamos contentos, ni cuando todas las cosas están perfectamente arregladas. La gente no espera a que estemos emocionalmente listos para pedir ayuda o atención. Cuando Jesus se aisló en su dolor por la muerte de Juan el Bautista y allí lo encontró la multitud. Cuando llegaron a él las personas enfermas, se secó sus lágrimas y compuso su semblante para atender el sufrimiento y la necesidad de los demás. Eso es servir.
La tendencia natural del ser humano es huir o rechazar las confrontaciones y críticas. Cuándo alguien nos confronta o critica, la primera reacción es ponernos a la defensiva. Por esta causa muchas amistades se rompen, hermanos se pelean, y matrimonios se debilitan. En otros casos aparentamos aceptarlas pero cuando damos la espalda hablamos mal de quien nos afronta o en el mejor de los casos, ignoramos esa crítica y seguimos actuando igual. Unas veces a causa del orgullo y otras a causa del dolor; pero la mayoría de las personas huyen o rechazan la crítica aunque sea sana. Y es que a la verdad ser confrontado no es divertido, pero cuando esa crítica está respaldada por la palabra de Dios, es saludable y necesaria.
Cuando sustituimos nuestras palabras de frustración y quejas por las promesas de Jesús y lo recordamos a él venciendo la muerte, entonces tendremos nuestros ojos limpios para verlo caminando con nosotros. Entonces tendremos nuestros oídos afinados a su voz para escucharle con mayor claridad. El asunto no es ignorar el dolor. Si estamos tristes o frustrados con algo Dios nos da libertad para llorar y expresar nuestra frustración de una manera sana. El dolor y frustración lo expresamos, pero sabiendo que las promesas de Dios se cumplen y que él es más grande que nuestro dolor. No le decimos a Dios cuan grande es nuestro problema sino que le decimos a nuestro problema cuán grande es nuestro Dios.
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