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La resurrección de Jesús no sólo confirmó la veracidad de su ministerio y mensaje, sino que también hizo posible nuestra propia resurrección. La muerte de Jesús por nuestros pecados nos reconcilia a nivel personal con nuestro creador porque murió en nuestro lugar. Pero con su resurrección hace posible que esa reconciliación sea eterna y nos beneficiemos mucho más de su sacrificio.
Dios es quien da el crecimiento a su reino. Él ha puesto todo el potencial de crecimiento en el mensaje que compartimos pero al final depende de nuestra actitud con ese mensaje, lo que nos va a llevar a crecer y ser productivos en la vida. Por eso Jesús conectó el campo (tierra) con la actitud del corazón para con el mensaje de Dios que tenemos en la Biblia. Si queremos crecer con Dios, crecemos.
Por lo general las personas viven sus vidas en función de las riquezas o la supervivencia y por eso Jesús insiste en Mateo 6:33, "... busquen primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas les serán añadidas." En otras palabras, si en vez de tratar de resolver sus problemas financieros y cubrir sus necesidades con sus propias fuerzas sin involucrar a Dios, establecen una relación cercana con él, sus pasos y acciones se orientarán en la dirección correcta y no fracasaremos tanto.
El problema que Jesús ataca es la tendencia humana de sustituir el consejo de Dios por el consejo humano. Los líderes religiosos habían determinado que si el tiempo o sustento económico que se debía dar a los padres, se entregaban a la religión o el templo, entonces todo estaba bien. Es decir que si el sustento a los padres lo dedicaban al templo, eso era mejor que honrarlos.
Si queremos que nuestra adoración y nuestras oraciones lleguen al trono de Dios, dejemos que su Espíritu Santo nos transforme. Que comencemos a identificar nuestros problemas personales y pedirle a Dios fuerza para cambiar. Que aprendamos a decir la verdad con amor, siempre que la verdad se ajuste a la palabra revelada por nuestro creador en la Biblia. Y que no enseñemos como mandamiento aquello que Dios no manda. Así desarrollaremos discípulos a la manera de Jesus, no la nuestra.
Hoy estaremos hablando de cómo invitar a otros a caminar con Dios a la manera de Jesús en Mateo 11:28-30, "28 »Vengan a mí todos ustedes que están cansados y agobiados, y yo les daré descanso. 29 Carguen con mi yugo y aprendan de mí, pues yo soy apacible y humilde de corazón, y encontrarán descanso para su alma. 30 Porque mi yugo es suave y mi carga es liviana»." Esta es una de las invitaciones de Jesús más populares y contiene tres elementos que considero son indispensables para que hagamos una invitación bíblica y honesta: reconocer el problema, compartir una solución a manera de buena noticia y explicar las condiciones para que se cumplan.
El escritor del libro de los hechos nos da cuatro áreas en las que se manifestaba la unidad de la iglesia según Hechos 2:42, “Se mantenían firmes en la enseñanza de los apóstoles, en la comunión, en el partimiento del pan y en la oración.” Sería interesante ver cómo se interpretarían en nuestros tiempos las áreas. Pienso que podemos coincidir que al referirse a “la enseñanza de los apóstoles”, se está refiriendo a las doctrinas bíblicas. El área de “la comunión”, se relaciona más con las relaciones humanas y la convivencia entre nosotros. El “partimiento del pan” se refiere a la práctica de la santa cena. y finalmente el elemento nos conecta con Dios en lo personal y como iglesia es “la oración”. Sería bueno encontrar una aplicación práctica a cada uno de esos elementos para nosotros hoy.
Jesús es nuestro mejor ejemplo para entender nuestra unidad con Dios. Vemos que él no comenzó su ministerio hasta que recibió el Espíritu Santo en su bautismo, y se aseguró de haberle conocido de cerca antes de seleccionar sus discípulos, enseñar, liberar y salvar. Porque la unidad no es perfecta hasta que Dios está presente y reinando en nosotros.
Las metas se alcanzan mejor cuando nuestro plan está guiado por el Espíritu Santo. Dios es mucho más que una creencia, es un guía y líder. Por eso es importante definir nuestras metas y nuestros planes bajo su dirección. El Espíritu Santo dio a Jesús a través de las escrituras y su corazón. La Biblia nos ayuda a que nuestro plan esté en armonía con los principios y la voluntad de Dios. Pero también el Espíritu Santo nos habla a la conciencia cuando estamos en una relación saludable con él, y nos revela si estamos en la dirección correcta o no.
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