Es común escuchar: yo no soy malo, no robo, respeto a mis hermanos, voy a misa los domingos, etc. Sin embargo, esto no es suficiente, pues hemos sido llamados no a ser buenos, sino a ser SANTOS. Y la santidad está fundada no en nuestras buenas obras, sino en el encuentro transformante con Dios.
Pablo, como él mismo lo ha dicho en su testimonio, era un hombre bueno, observante de la ley, sin embargo, hasta que en Damasco se encontró PERSONALEMENTE con el Señor, sólo hasta entonces, su vida se transformó RADICALMENTE. Por eso, es necesario que todos y cada uno de nosotros, tenga en su vida un "Damasco", es decir, un momento en nuestra vida que sirve como parteaguas, desde donde podemos decir: antes yo era del mundo, pero ahora pertenezco a Cristo.
Es fácil saber si se ha tenido este encuentro, pues de ordinario tiene fecha y se pude decir 'antes de' y 'después de'. Si aún no has tenido este encuentro transformante con Jesús, pídele al Espíritu Santo llegar a tenerlo, pues sólo Él te lo puede conceder. Sólo después de "Damasco" la vida es verdaderamente vida.
Support the show