Una de las enseñanzas más fabulosas que Jesús hizo fue el decirnos que Dios es "papá". Cuando uno, con la ayuda del Espíritu Santo, llega a entender lo que esto significa, se abre delante de nosotros un nuevo horizonte de comunicación y relación con Dios. Dios es y se porta como un verdadero papá, por ello, como nos lo dice hoy el autor de la Carta a los Hebreos, "nos corrige".
El problema en nuestros días es que hoy "por el influjo de algunos psicólogos" muchos de los padres modernos no corrigen a sus hijos, dejándolos hacer todo cuanto quieren. Les ofrecen castigos que no cumplen, con lo que el hijo se vuelve desobediente y grosero, sin temor a nada ni a nadie. Esto hace que nosotros deseemos también de Dios este trato: que nos deje hacer lo que queramos, sin importar, ni su ley, ni su persona.
Dios no es así y por ello, con amor, nos corrige, como lo hizo con su hijo Israel, quien a pesar de la continua invitación a vivir de acuerdo a las normas de la "casa del Padre" se mostró desobediente y rebelde. Ante la corrección de Dios, lejos de reprochársela, démosle gracias porque en ello nos muestra cuánto nos ama y, aprendamos de él para que nuestros propios hijos puedan ser formados en la obediencia, el respeto y el amor.
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