Este pasaje, en el que Jesús podría parecer como una persona dura y racista, nos da una gran lección a todos los que, como los judíos de su tiempo, piensan que por pertenecer al "pueblo escogido", tienen privilegios ante Dios; más aún, que basta la pertenencia al "pueblo" para alcanzar la salvación definitiva. Jesús muestra con toda claridad que, aunque su misión se concretó al pueblo de Israel, lo que hace que los hombres formen parte del pueblo, no es la raza, sino la fe.
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