Debió haber sido muy triste para el profeta ver que sus profecías se cumplían debido a la inconversión del pueblo y, por eso, lleno de dolor, eleva a Dios una oración llena de compasión, para recordarle que son su pueblo, que, si bien es cierto que han pecado, que por su amor recuerde la Alianza que hay entre ellos; que si perece su pueblo, el pueblo que Dios mismo había elegido y guiado, con él también perecerá el culto verdadero, pues los ídolos de los paganos no son Dios.
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